Se realizó el primer encuentro nacional de varones antipatriarcales en Concepción

Se realizó el primer encuentro nacional de varones antipatriarcales en Concepción

Carlos Isla / resumen.cl

Los días 27 y 28 de octubre de 2018 me invitaron a una actividad con un nombre particular en la ciudad de Concepción. Se trataba del Primer Encuentro Nacional de Varones Antipatriarcales (ENVA). El título de la actividad llama la atención por la evidente contradicción que rápidamente suscita ¿varones antipatriarcales? ¿hombres antipatriarcales? ¿realmente existe algo como eso?

Y es que, en esta sociedad patriarcal, basada en el dominio del hombre sobre todo el resto: mujeres, niños y niñas, sexualidades disidentes, la naturaleza, etc… ya resulta difícil imaginarse a hombres que estén dispuestos a abandonar algunos de sus privilegios. Y más como para imaginarse hombres que ya estén en un grado de coherencia tal en su vida pública y privada como para que hayan adquirido el estatus de “antipatriarcales”. Quizás por eso, es decir por lo pretensioso del nombre del encuentro, muy al tenor de la megalomanía que a veces tanto nos identifica a los hombres, en varias oportunidades se haya planteado desde los asistentes que se re-evaluara el nombre de la actividad.
Pese al dilema del nombre del encuentro, que al menos propone una intención o tensión necesaria, lo cierto es que casi 40 cuerpos que desde la niñez fuimos categorizados como de hombre, con todos los privilegios y miserias que esto conlleva, nos agrupamos para socializar nuestras experiencias de vida. El objetivo: crear estrategias para debilitar el machismo que llevamos incrustado en nuestro interior, como ese que está presente afuera en cada espacio y relación de esta sociedad patriarcal que habitamos.

 

 

Al comenzar y en la ronda que dio inicio al encuentro, cada uno de nosotros se presentó dando los motivos de su presencia. Algunos hicimos énfasis dentro de estos motivos a la influencia de mujeres feministas que con sus ideas estaban cambiando nuestras formas de ver las opresiones y las emancipaciones, así como la interpelación constante de estas mujeres a nuestras prácticas machistas. Otros también enfatizaron en la violencia que había ejercido el patriarcado en sus cuerpos y en la coerción que se vive al habitar un ser hombre que no cumple las expectativas sociales/raciales/sexuales/psicológicas que impone la sociedad patriarcal. Pero finalmente el diagnóstico común y colectivo era la constatación de que para construir un mundo más libre, solidario y justo era imprescindible romper lo más posible las cadenas patriarcales que nos mantienen prisioneros. Y digamos que ese camino como hombres no puede transitarse sin incomodidades y malestares, al ponerse en cuestionamiento nuestros relatos y privilegios, pero existe una confianza en que al final de ese túnel y su “incomodidad productiva”, también podremos ver resultados. Porque transitar el camino de la crítica al patriarcado para nosotros (sobre todo los cis-hetero varones) implica dejar de gozar de impunidad, prestigio y protagonismo; para recién ahí poder vivir más libres y autónomos, sin la necesidad de competir, aparentar o violentar para alcanzar la plenitud, y sin los mandatos opresivos que muchas veces nos impone el patriarcado también a nosotros.

 

 

 

Luego de las presentaciones vinieron una serie de dinámicas, lo cual resumiendo consistieron en un montón de formas en que grupos de hombres se tocaban y conversaban, a través de cariños colectivos y abrazos en un ambiente de cuidado y apoyo mutuo. El objetivo con esto fue romper esa pretensión perpetua que tenemos de competir entre “machos”, juego perverso que busca siempre un ganador y un perdedor, evitando lo más posible cualquier atisbo de intimidad psicológica o cercanía física-afectiva con nuestros “colegas de género”. Y es que pareciera que un acorazamiento ancestral se desbloquea cuando se rompe aquella compostura clásica, distante, racional y fría entre nuestros cuerpos y discursos. Sobre todo, después de descubrir que es posible estar con más hombres en una actitud de cariño, escucha mutua y hasta de una cauta y sana erotización no genitalizada y colectiva. Y uno de los juegos del encuentro fue dejar de oprimirnos entre hombres para aprender la belleza de generar vínculos fundados en el apoyo mutuo, y no en la violencia o las jerarquías. Y de ahí el llamado constante a jugar y tocarse los cuerpos mutuamente, hacerse cariño buscando el placer corporal mutuo (dejando de lado los genitales como consenso) para auto sanarnos de nuestra “coraza” neuromuscular programada en base al machismo. Pasadas estas fases de “auto-terapia” como lo llamó el grupo organizador se buscó pasar a organizar acciones más concretas para apoyar procesos de despatriarcalización en la sociedad.

 

 

 

 

Lo cierto es que entre esas dinámicas se iba generando un ambiente de relajo y cariño colectivo, pero también poco a poco iban surgiendo entre las conversaciones todo aquello que guardamos secretamente los hombres. Abusos de diferentes tipos durante la niñez, presión y ansiedad constante por competir, impotencias derivadas de la “disfunción” sexual, la frustración de convivir en modelos de amistad violenta y poco fraterna, así como la excesiva sexualización de los vínculos o el rol de la pornografía en nuestra paupérrima, pobre y violenta educación sexual como sociedad. Se identificó colectivamente como nos solemos poner cada mañana esa “mascara masculina” para enfrentar la sociedad, que nos permite disfrutar de los privilegios asociados a nuestra condición de género. Desde la desvinculación con las tareas domésticas y la crianza, hasta la dificultad para reconocer en el cotidiano nuestro machismo tan presente en la cosificación sexual de otros cuerpos, el desligue emocional para demostrar independencia, la búsqueda de atención constante y la poca escucha y empatía a los otros y otras, así como tantas otras perspectivas que siguen validando la masculinidad como dispositivo de poder. Nos referimos a esa masculinidad hegemónica que nos sigue susurrando perversamente al oído que las ideas, tiempos y cuerpos de las mujeres deberían estar a nuestra disposición y que, si tenemos que aliarnos cínicamente con otros machos para mantener esa perversión, así lo haremos.

Sin desconocer que aún es una realidad marginal, ya sea de forma espontánea u organizada, cada vez es menos extraño que aquellos que biológicamente fuimos categorizados como hombres (bio-hombres) estemos problematizando nuestra condición de privilegio frente al sistema de dominación más antiguo de la tierra: el patriarcado. Pero a la vez de identificarnos como la clase privilegiada dentro del sistema-patriarcado, entendemos que es una estructura tan ancestralmente enquistada en la historia de la humanidad y que oprime tan globalmente, que hasta nosotros somos estructuralmente objetos de esa opresión. Porque se entiende que ha sido sobre el “mundo del hombre” que se han construido todas las otras opresiones por clase socioeconómica, raza, orientación sexual, y discriminación religiosa; así como la aberración capitalista que está llevando al planeta a una crisis ambiental y social jamás antes vista en la historia de la humanidad. Porque nosotros al interior de estos modelos de dominación y opresión nacidos del patriarcado, pero que hoy también operan según intrincadas categorías biológicas, sociales y culturales, en donde la edad, etnia, nacionalidad, orientación sexual y clase social también operan, sabemos que no siempre somos los privilegiados. Sino que otros oprimidos dentro de este modelo que además se dirige hacia un colapso ambiental en donde nosotros como seres vivos también padeceremos sufrimientos y muerte. Y qué decir de la imagen arquetípica y hegemónica que ha construido la masculinidad como dispositivo de poder, es decir del hombre blanco, heterosexual y burgués, la cual es una narración que muchas veces no encaja con nuestras realidades socioeconómicas, sexualidades y raciales; así como con nuestras opciones y formas de vida en este territorio mestizo al sur del mundo.

Y entendiendo la complejidad de los modelos de dominación y nuestra especifica territorialidad es que el encuentro también abordó en su segundo día problemáticas como los conflictos socioambientales, las problemáticas de vivienda, la amenaza del narcotráfico y negocios de la llamada “economía oscura” trata de personas, prostitución, migraciones forzadas, la violencia hacia las mujeres en general y los crímenes de odio, la transfobia y la criminalización de la protesta social. Todo a través de un mapeo colectivo en América Latina, ya que se está intentando generar una visión global de nuestro continente y territorio, sobre todo ahora que se viene otro encuentro latinoamericano de varones antipatriarcales en Buenos Aires en noviembre. En este contexto se reflexionó sobre la “avanzada fascista” que vive nuestro continente, en donde podemos ver como fenómenos como el machismo se conjugan con miradas ultraconsevadoras en el plano religioso, así como el nacionalismo, el racismo y la profundización del capitalismo extractivista.

Entre las tareas que se propuso el Primer Encuentro Nacional de Varones Antipatriarcales en Concepción fue construir y difundir material de propaganda contra el patriarcado, a través de formatos de afiche y boletín. Generar una especie de “caja de herramientas” teóricas y prácticas a disposición de los hombres que quieran cuestionar su machismo. Realizar campañas de cuestionamiento del patriarcado al interior de los movimientos sociales. Creación de talleres de sensibilización para varones, así como hacerse cargo de construir metodologías para evitar la reincidencia de hombres agresores. Hacer un mapeo de experiencias y organizaciones criticas de varones a nivel nacional para ir conformando redes mayores. Y este último punto que aún está en pañales es una perspectiva del encuentro teniendo la certeza de que el camino individual para liberarnos del patriarcado no basta, y es necesaria una salida colectiva, organizada y de apoyo mutuo entre los varones que queremos seguir este camino en nuestras vidas, así como influir en la sociedad que nos desenvolvemos.

Iniciativas de “hombres” que están cuestionando su rol en la sociedad vienen surgiendo hace tiempo a través de los movimientos o corrientes de disidencia sexual, trans, bisexual, queer, no binario, gay o marica, etc. Influencias de estas tendencias se pueden ver en estos “encuentros de varones antipatriarcales” sin embargo, algo que los diferencia del resto es la mayor presencia de hombres conectados con diferentes movimientos sociales que tienden hacia la heterosexualidad o que incluso son padres, por ejemplo. Argentina ha sido un referente en este proceso ya que desde hace más de 7 años se vienen realizando encuentros nacionales que derivaron finalmente en el encuentro latinoamericano, que dicho sea de paso tuvo su sede en Santiago de Chile durante el 2017, y que este 2018 tendrá su sede en Buenos Aires. Estas experiencias, así como el trabajo de algunos grupos en este territorio como el Kolectivo Poroto en Santiago o Tue-Tue en Concepción, han permitido que las experiencias criticas de hombres frente al patriarcado avancen sobre el terreno.

El encuentro estuvo marcado por la tensión entre la comodidad y la incomodidad. La comodidad que se vive casi siempre cuando grupos de hombres nos reunimos y transitamos inevitablemente por la complacencia y complicidad machista, sobre todo cuando no están las compañeras feministas para ponernos en tensión. Pero también de incomodidad al tener que enfrentarnos con temas a los que no estamos acostumbrados entre varones, así como hacernos cargo de nuestro machismo y el de la sociedad. Quedé gratamente sorprendido con los permanentes llamados evitar figurar como “florerito de mesa”, a moderarse no repetir las mismas palabras, a escucharse realmente y a no hablar más de la cuenta; llamados más que necesarios para que esta iniciativa no sea desbordada por las ansias de heroísmo, protagonismo y ego masculino que históricamente nos han jugado tan en contra. También se siente la diversidad de orientaciones sexuales, posturas políticas y planteamientos, aunque se debe aceptar que el grupo de asistentes sigue perteneciendo a un rango de edad común, así como tener el privilegio de acceder a estudios y títulos universitarios. Digamos que está latente esa tensión de no transformarse en un nuevo grupo privilegiado, aquellos hombres que tienen el tiempo, las herramientas y en definitiva el privilegio de “de-construir su masculinidad”, sin poner en verdadera tensión al patriarcado y sus miserables manifestaciones cotidianas. O bien buscando protagonismo en una lucha en donde no somos nosotros los más oprimidos, sino que incluso muchas veces estamos en el bando del opresor.

 

 

 

 

Lo que salga de esta iniciativa está por verse. Por lo pronto se acordó el próximo encuentro nacional para las fechas de abril o mayo de 2019 en la ciudad de Valparaíso. Lo que quedó en el ambiente es que hay muchas ganas de seguir adelante, y que queda mucho por hacer. Y más vale que sea así cuando oscuros modelos de opresión basadas en figuras tan hegemónicas del macho alfa, como lo hemos visto recientemente con la elección en Brasil de Bolsonaro, se están alzando como alternativa electoral de las clases privilegiadas y los sectores populares de la sociedad. Regímenes con ideologías fascistas que están conjugando de forma descarada una profundización del capitalismo, los valores de la familia patriarcal y los fundamentalismos religiosos. Y es que, en este difícil contexto, y sin desplazar ni desconocer el rol central que el feminismo está ocupando en esta lucha, pareciera ser que la emergencia de movimientos como los que se están tratando de generar en este encuentro de varones también podría tener un rol importante que jugar.

 

Fotografías: Gentileza de Frente Fotográfico

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