Se suicidó un agente.

Por Patricia Zalaquett

La conocí en Concepción el año 83. No me acuerdo si fue en un contacto o directamente en la primera reunión de nuestra base del MIR, dedicada a tareas de agitación y propaganda. Ella había dado la vuelta al mundo, volviendo clandestinamente el 81 junto a Mario Mujica, su amado esposo. En todo caso, de sus andanzas me enteré después, cuando nos encontramos en la Cárcel de Coronel. Habíamos caído el 23 de agosto del 84, y estando en el Cuartel Pedro de Valdivia de la CNI en Concepción, intercambiamos algunos susurros que nos permitieron reconocernos. En la cárcel nos contamos la vida y lloramos a mares a su compañero y el mío asesinados en Alfa Carbón. De inmediato sentí la cercanía y amistad que la Negrita despierta en todos los que la conocen. Ella es genuinamente solidaria y capaz de hacer reír a cualquiera con sus insólitos e ingenuos comentarios sobre lo humano y lo divino. Pero Cristina Chacaltana es de una firmeza y aguante que se las trae. Entre abril de 1975 y septiembre de 1976 pasó por los centros de tortura y exterminio Venda Sexy y Villa Grimaldi. Luego el campo de Concentración de Pirque, 3 y 4 Álamos y de allí al exilio. En Francia se reencuentra con Mario y se convierten en padres de Germán. En febrero del 81, vuelven clandestinos. Dejando a Germán a cargo de Camilo, un compañero del MIR que es su otro padre hasta el día de hoy.

El 23 de agosto del 84, Cristina es nuevamente detenida, secuestrada y torturada. Luego del paso por la fiscalía militar de Concepción, incomunicada. Yo también. Finalmente, luego de días de silencio y soledad, podemos hablar por fin y enterarnos de lo que no queríamos saber. Mario, Nelson, pero también Luciano, Mario L, Rogelio, Juan José y Raúl, fueron asesinados en Concepción, Los Ángeles y Valdivia.

Cristina es procesada por múltiples cargos, entre ellos ingreso ilegal al país y está cuatro años en prisión. Cuando obtiene la libertad condicional reconstruye su vida con Germán, arrienda un pequeño lugar y va armando su vida. Como hormiguita trabaja en lo que venga, y es tan responsable y querible que dura en las pegas y se las arregla para que no le pidan el papel de antecedentes donde figura como terrorista.

Año tras año, conmemoraremos en Concepción y las otras ciudades a todos nuestros muertos. Cristina, yo, su hijo Germán, mi hija Javiera, todos los hijos, esposas y familiares: Tamara, Luciano, Paty, Katy, Adriana, Mariela, Manuel, Elisa, Olivia. Inés y Javiera desde Suecia. Los que sobrevivieron y están siempre: Rodrigo, "scar, Alexis. Tenemos algo indestructible: dignidad, orgullo, empecinamiento por la verdad y la justicia. Y mucha amistad.

Han pasado 35 años desde la Masacre de Alfa Carbón. Participaron alrededor de cien agentes de la CNI: quienes viajaron desde el Cuartel Borgoño, Santiago, más las dotaciones de las CNI locales. También fueron parte del operativo las Intendencias Regionales, TVN, Carabineros, Investigaciones, Fiscalías Militares, etc. Se montó una maquinaria represiva, periodística y judicial pocas veces vista, con el resultado de siete militantes del MIR asesinados, quince detenidos, una pequeña de tres años secuestrada, – mi Javiera -, y un niño de 15 años detenido en Valdivia.

Cristina, esposa de un ejecutado político ha pagado con cárcel lo que jamás tendría que haber pagado.

José Artemio Zapata Zapata, autor material de homicidio calificado de Mario Mujica, esposo de Cristina, condenado en primera instancia a 10 años de cárcel, se suicidó ayer.

Él, con 67 años de vida impune, no pagó con ningún día de presidio lo que le debe a Cristina y a toda la sociedad.

Cristina y todos los familiares sentimos infinita rabia y exigimos se termine de una vez por todas el proceso judicial que lleva 35 años, para que los condenados en primera instancia, entren de una vez por todas a la cárcel, donde a diferencia de Cristina Chacaltana, no serán vejados ni torturados.