Soldados de la represión: La difícil convivencia entre militares y sociedad civil en Chile

Por Robinson Silva Hidalgo, Universidad Austral de Chile-Valdivia

El historiador y sociólogo Pablo Seguel publicó una importante investigación acerca de la compleja relación entre la construcción de lo militar y su relación con la sociedad civil chilena, dando a conocer la acendrada concepción antisubversiva de policías y militares y un anticomunismo que hunde sus raíces en los inicios del siglo XX, con ello nos entrega perspectiva para entender la historia de las últimas décadas.

El texto se titula Soldados de la represión. Anticomunismo, seguridad nacional y contrasubversión en las Fuerzas Armadas chilenas, 1970-1975 publicado por Ediciones de la Universidad Alberto Hurtado y se inscribe dentro de la necesaria revisión histórica acerca de la dictadura civil-militar que, al cumplir 50 años de su instauración, convoca a profundizar en sus motivaciones y alcances más significativos.

Revisa la conversación con el autor a continuación:

Tu libro aborda el asunto del anticomunismo en las Fuerzas Armadas ¿Qué elementos históricos han construido ese carácter?

En las Fuerzas Armadas (FF.AA.) el discurso anticomunista se desarrolló en los espacios de difusión intelectual de la oficialidad, en un contexto político, cultural y social desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La sociedad chilena posibilitó el desarrollo de lo que Marcelo Casals, en base a la investigación del historiador Rodrigo Pattó Sá Motta, denomina "matrices del anticomunismo". En el caso del Ejército, con posterioridad a las reformas llevadas adelante tras la Guerra Civil de 1891, institucionalizó y adaptó a la profesión militar el imaginario anticomunista de la sociedad oligárquica de la época. El desarrollo de la matriz anticomunista que permeó y se adaptó al contexto militar tiene diversos discursos: por una parte, el pensamiento anticomunista católico; por otra, del nacionalismo conservador que expresa una concepción corporativista y organicista del Estado, la nación y la sociedad. Finalmente, el liberalismo económico y político.

De este imaginario, se desprende una interpretación de los conflictos sociales, que permite una recepción y elaboración del discurso comunista como una amenaza moral para el individuo y la sociedad, provocada por agitadores externos, cuyo objetivo era la destrucción del modo de vida nacional. Visto desde esa óptica, el discurso anticomunista produjo un imaginario presente en conceptos, símbolos y estereotipos modeladores de las representaciones sociales que se tornaron realidad a través de las decisiones de los actores y las instituciones.

Las instituciones militares conciben que el fin mismo del Estado nacional es la defensa de su soberanía, entendido como un valor impersonal y trascendente. Bajo esta concepción, la "subversión" es entendida como un problema moral, ajeno a la identidad nacional. Ello repercutió en que la oficialidad de las FF.AA. manifestaron una aversión al comunismo desde temprano, justificando la acción en el escenario político interno como un recurso de mantenimiento del orden interno e integridad del Estado.

Te puede interesar: Procesan a exoficial FACH y a civil por crimen de preso político en Temuco en 1973

Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial y en el marco del desarrollo de la Guerra Fría Interamericana y la emergencia de los procesos de descolonización en el tercer mundo, el problema del orden interno y la integridad del Estado comenzó a ser rearticulado desde el prisma de la seguridad interior. En ese contexto, el pensamiento anticomunista se reelaboró desde el prisma de la "doctrina de guerra contrasubversiva" que comenzó a desarrollarse desde la década de 1950 y que hacia 1960 llegará a su mayor desarrollo ideológico doctrinario, permeando desde las escuelas matrices de Estados Unidos a los diversos cuerpos de oficiales de las FF.AA. latinoamericanas. Al pensamiento anticomunista se le agregará, por tanto, una dimensión geopolítica y militar. Por estos dos componentes, el pensamiento anticomunista sirvió como un elemento de alineamiento internacional en el escenario de la Guerra Fría Global (contra la Unión Soviética y el Bloque Socialista) y como un componente sobre el que se redefinió el problema de la guerra contemporánea, entendida como una Guerra Revolucionaria.

Las FF.AA. entendían que en el marco de este tipo de conflicto el enemigo ya no se constituía en un ejército convencional, externo a los límites de la soberanía del Estado y por un discurso ideológico nacionalista; sino que se constituía al interior de las fronteras del propio Estado, definiendo un perfil de "enemigo interno" definido por características ideológicas ("fuerzas comunistas") que, penetrando desde la sociedad (la "retaguardia") buscaban horadar las bases de legitimación de los Estados y conquistar el poder a través de una lucha de baja intensidad. Para las FF.AA. ese enemigo interno fue la subversión comunista y la forma que acogieron para combatirla fue la "contrasubversión".

Tomas un periodo bien interesante, intensos cinco años entre la Unidad Popular y la instalación dictatorial ¿Cómo se da esa elección temporal?

Mi libro sostiene una tesis diferente, busca cuestionar, mediante el levantamiento de información y el análisis de 16 archivos, tanto en Chile como en el extranjero, el imaginario de la "ruptura" y la "catástrofe". Lo que sostengo es que el golpe de Estado no constituye una ruptura histórica dentro del desarrollo doctrinario de las FF.AA., sino que una radicalización de una tendencia contrasubversiva desarrollada al alero del pensamiento anticomunista y su rearticulación en el marco de la Guerra Fría Interamericana.

Mi libro entrega evidencia histórica respecto al proceso de elaboración intelectual de los institutos militares y del desarrollo del profesionalismo militar en materia específica de subversión y contrasubversión entre los años 1970 y 1975. Ese proceso de deliberación interno ha favorecido que un sector de la oficialidad desarrolle una concepción de la seguridad nacional bajo el prisma de la doctrina de guerra contrasubversiva y de los intereses geoestratégicos norteamericanos, que cristalizaron en una concepción sui géneris de la seguridad nacional y la contrasubversión, basada en un arraigado imaginario anticomunista. De modo paralelo, el propio proceso de modernización del Estado en materia represiva y la profesionalización de los cuerpos militares y policiales desde la década de 1940 favoreció el desarrollo de adaptaciones en una serie de dispositivos burocráticos en materia de orden público y contrasubversión del Estado y de las propias FF.AA., que inserta sus raíces históricas en un proceso de mediana duración de desarrollo de la militarización de la función policial, como una manera de contener los despuntes de violencia política del movimiento popular.

Para poder dar cuenta de las continuidades en vez de las rupturas de las tendencias contrasubversivas de las FF.AA., contrasto metodológicamente dos momentos distintos. El periodo de la Unidad Popular y los dos primeros años de la dictadura militar.

Una parte significativa de tu análisis es sobre los CAJSI ¿Qué son y qué rol cumplieron en el trabajo represivo?

Las Comando de Área Jurisdiccional de Seguridad Interior (CAJSI) fueron contempladas por las FF.AA. a partir de las facultades que otorgó la Ley de Seguridad Interior del Estado en situación de estado de emergencia y buscaron dotar de capacidad de previsión ante hipótesis de conflicto interior. En la práctica, las CAJSI permitieron que las FF.AA. planificaran las acciones militares en el territorio, dotándose de un instrumento de coordinación y planificación para tales efectos. Sobre este dispositivo, el movimiento de oficiales conjurados de las FF.AA. puso en marcha la recta final de la trama golpista, ajustando las Planificaciones de Seguridad Interior por el Estado Mayor de la Defensa Nacional en agosto de 1973 a través del Plan Lautaro.

Basándome en la investigación sostengo que este dispositivo de seguridad nacional formalizado en 1972 por la UP constituye un elemento fundamental para entender la represión militar durante los primeros años de la dictadura militar a nivel de sus prácticas, su organización y racionalidad. Al mismo tiempo, demuestro que lejos de constituirse en un elemento ajeno al desarrollo de la profesión militar, este dispositivo es la materialización de una determinada manera de entender la seguridad interior del Estado y el rol de las FF.AA. en los procesos de cambio sociopolítico en el contexto de la guerra fría interamericana, inscribiendo dichas problemáticas y procesos como parte de una disputa ideológica y geoestratégica permeada por los intereses entre EE.UU. y la URSS en el ámbito internacional, contexto que no sustituye el sentido, extensión y profundidad de la represión estatal llevada adelante por las FF.AA. y policías desde comienzos del siglo XX.

El caso de las CAJSI constituye un ejemplo de un dispositivo de represión estatal que se va desarrollando previo al periodo de la guerra fría interamericana, por la propia dinámica política del Estado y que se profundiza en el periodo de guerra fría propiamente tal. Desde este punto de vista, las CAJSI constituyen un dispositivo represivo de llegada de la represión estatal desarrollada desde el siglo XX por el Estado chileno en el marco de la aplicación de los estados de excepción y la normativa interna en materia de contrasubversión, cuyo principal objetivo fue la delimitación de las zonas jurisdiccionales de acción de las FF.AA. y policiales en el territorio y que, por tanto, implicó una formalización de la seguridad interna bajo una óptica contrasubversiva. Es el dispositivo que consolidó una práctica estatal de militarización de la seguridad interior a partir de las prácticas y aprendizajes organizacionales de las FF.AA., y el Estado en materia de represión.

¿Cuán necesaria era la creación y potenciación de un aparato represivo para la dictadura?

El aparato represivo de la dictadura militar era una condición de posibilidad para poder asentarse en el poder, copar militarmente el territorio y el Estado y reprimir a los partidos de izquierda, tanto los que participaron en la Unidad Popular, como los que se posicionaron a su izquierda de manera crítica. En mi investigación abordo dos momentos: el primero basado en la estructura y zonificación del territorio dada por las CAJSI, basado en el copamiento militar de territorio. Durante este momento, que va desde antes del golpe de Estado hasta más o menos finales de diciembre de 1973, la figura central de la represión la constituyen los servicios de inteligencias de las FF.AA. que territorialmente se organizaban en los Centros de Inteligencia Regional (CIRE), a un momento de represión masiva, sin criterios tan sistemáticos sobre cómo conducir la represión y cómo atacar a los partidos de izquierda, el símbolo de este momento son los Campos de Prisioneros, que desde un punto de vista represivo representan un espacio "legalizado" de la represión, puesto que las personas llevadas a dichos recintos son Prisioneros de Guerra que están siendo procesados por Consejos de Guerra. En estos casos, no se desconoce el paradero de los prisioneros, si bien se dan ejecuciones sumarias al margen de todo proceso, por lo general no existe una concepción sistemática sobre la desaparición forzosa, como en el caso de las personas ejecutadas por la Caravana de la Muerte o en los operativos cívico-militares como los desarrollados en el territorio austral (Laja San Rosendo, de la Reserva Mulchén, Liquiñe y Chihuío; o los crímenes en los puentes del Ala, Pilmaiquén y otros). Las personas detenidas, eran llamadas públicamente a presentarse a recintos policiales o eran apresados a plena luz del día. Luego de ello, las ejecuciones cometidas tampoco eran ocultadas ni negadas.

El segundo momento no sustituye el dispositivo represivo de las CAJSI sino que emerge por sobre este. Este momento es el que prefigura la Comisión DINA desde octubre de 1973 y abarca hasta la creación y disolución de la DINA entre junio de 1974 y finales de 1977. Este emerge con un triple fin: en primer lugar, reprimir desde una perspectiva clandestina a los partidos de izquierda, en lo que llamaron la Guerra Encubierta (el lema informal de la DINA fue "combatiremos en las sombras para que nuestros hijos puedan vivir en el sol"). En segundo lugar, asegurar el control del Comandante en Jefe del Ejército por sobre las otras ramas de las FF.AA. Finalmente, controlar y supervigilar al conjunta de la sociedad en dictadura, para disuadir cualquier atisbo de oposición y crítica al régimen. El símbolo de este segundo momento lo constituyen los centros clandestinos de represión y tortura, y a nivel de práctica represiva la tortura, la ejecución sumaria y la desaparición forzosa. También forman parte de este momento represivo, los grandes operativos de guerra psicológica para eludir responsabilidades sobre las víctimas (como el montaje de la Operación Colombo) y los operativos de terrorismo a escala global, llevados adelante por el Plan Cóndor y la DINA en el extranjero.

Este 2023 se cumplen 50 años del golpe de Estado en Chile ¿Qué papel jugó la anti subversión en el estado actual de la sociedad chilena?

Es una pregunta compleja, creo que el escenario actual de vuelta a la militarización de los problemas de seguridad policial corresponde a un problema multifactorial, de componentes políticos, de orden social (por desigualdades estructurales, de discriminación y exclusión de poblaciones) y propiamente policial (de crimen organizado). Es un tema sobre el que solo he leído y no he realizado investigación empírica al respecto, por lo que más bien mis opiniones son de orden más general.

Sobre ese punto más específico, he observado que en general el anticomunismo y la contrasubversión es un significante vacío en el imaginario y discurso de las fuerzas policiales y armadas, con ello me refiero a que es una palabra, que les permite identificar diversos sujetos que son visualizados como potenciales agentes de peligro para la soberanía e integridad estatal. Desde ese punto de vista, al cumplirse 50 años del golpe de Estado la situación que me parece crucial es que no se han generado los mecanismos para construir mejores canales de vinculación con la sociedad civil y que la misma incida en la manera en cómo se forma a los oficiales y soldados profesionales. Esa, me parece que es la principal deuda y tarea pendiente.

 

Estas leyendo

Soldados de la represión: La difícil convivencia entre militares y sociedad civil en Chile