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Tapando el sol con un dedo: Negocio de camiones aljibe ha costado al Estado casi $10 mil millones en lo que va del año

La crisis hídrica en Chile parece solo profundizarse en la actualidad y pese a los pomposos anuncios del actual Gobierno, tras la promulgación de un nuevo código de aguas, la situación continúa precarizando las vidas de miles de habitantes que han debido normalizar el consumo de agua a través de camiones aljibe, táctica parche que por años ha utilizado el Estado para suplir dicha necesidad básica. Hoy, son miles de millones de pesos los destinados a pagar este servicio, en lugar de generar políticas públicas que regulen las actividades extractivas que representan factores de incidencia en la falta del vital elemento, como el negocio forestal, agrícola, energético a través de centrales hidroeléctricas, entre otros.

Por Juan Contreras Jara

Según datos de la Subsecretaría del interior, expuestos por RadioBiobío, solo en lo que va de 2022, se han gastado 10 mil millones de pesos en la contratación de camiones aljibe para proveer de agua potable a miles de habitantes que hoy no tienen acceso al vital elemento.

Dicha cifra es solo una muestra del gigantesco gasto que ha significado para el Estado mantener la entrega de agua para ciertas comunidades a través de camiones aljibe. Durante 2021, por ejemplo, las cifras llegaron hasta los 48 mil millones de pesos, monto solo comparable con el de 2015, cuando se gastaron alrededor de los $46.000 millones en el pago de dicho servicio. Lo anterior demuestra que los esfuerzos económicos no han ido en pos de establecer soluciones concretas y a largo plazo para las comunidades, si no que, en continuar delegando dicha responsabilidad estatal a privados, profundizando el negocio de la entrega de agua en localidades rurales. 

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Sobre la recurrente utilización de camiones aljibe para suplir el acceso al agua de miles de habitantes en Chile, el investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, Cristian Frene, recalcó que, «esta no es una solución, eso es lo primero que hay que dejar en claro. Es una respuesta a una emergencia. El problema es que estamos normalizando que la entrega de agua en camiones aljibe a las familias que viven principalmente en el sector rural es lo habitual, es lo normal, es la solución y claramente no lo es».

La normalización del uso de camiones aljibe como única fuente de acceso al agua 

En el Biobío, comunas como Santa Juana, Florida o Mulchén, sufren día a día la falta de agua potable tanto para su consumo humano, como para el regadío de cultivos, entre otros. Por ejemplo, en Tirúa, en la provincia de Arauco, una de cada siete personas recibe el vital elemento a través de camiones aljibe y son solo 50 litros diarios, lo que contravendría lo estipulado por la OMS que recomienda un consumo diario por persona son 100 litros, vulnerando así el derecho humano al agua y sus cantidades en dicha comuna.

En este sentido, el investigador en ecología e hidrología comentó que, «se entiende la necesidad, porque una familia que en el verano no tiene acceso al agua para sus necesidades básicas, se entiende que el Estado tiene que venir a apoyar, pero para cumplir con un mandato internacional. Se entiende la respuesta, pero no podemos hablar de una solución. Esto viene en aumento y el Estado de Chile no está proponiendo alternativas concretas, si no que sigue aumentando la cantidad de dinero para comprar más camiones y repartir más agua, lo que es un error desde el punto de vista de cómo abordamos la escasez hídrica».

El acceso al agua y su sobre explotación 

Otro de los factores que han sido ignorados por los gobiernos de turno, tanto de la derecha como de la ex Concertación y Nueva Mayoría, tiene que ver con la desenfrenada entrega de derechos de agua a privados, que, a través de proyectos extractivos o empresas agrícolas en localidades rurales, han profundizado la actual sequía en Chile, interviniendo causes de agua, secando napas subterráneas, etc. 

«En los territorios entre las regiones de Coquimbo y del Biobío, tenemos un problema serio porque estamos sobre explotando el agua. Estamos sacando más agua de la que esta disponible, en algunos casos o más al sur, lo que esta ocurriendo es que hay un acaparamiento de agua en pocas manos, principalmente empresas forestales, fruticolas que están haciendo un consumo desmedido de agua», enfatizó Frene.

La nula regulación estatal y la permisividad con respecto a la posesión de derechos de agua contenida en la Constitución del 80 – escrita durante la dictadura cívico militar chilena- ha propiciado, por ejemplo, que empresarios agrícolas en la provincia de Petorca, en la región de Valparaíso, mantengan dichos derechos de agua y posteriormente, sean quienes vendan mediante camiones aljibe el suministro a las localidades que ellos mismos han contribuido a secar. 

El profesional hizo hincapié en que el problema es la gestión del agua en Chile, acotando que, «si en vez de atacar la causa de fondo que es la sobre explotación del agua, lo que hacemos es taparlo, entregándole agua en camiones a la gente que vive en el campo. Esto no permite que visualicemos el gran problema que tenemos, que es la mala gestión».

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¿Es digna la entrega de agua potable en camiones aljibe?

La crisis hídrica ha dejado de manifiesto que las estrategias parche y las proyecciones a corto plazo de los gobiernos post dictadura en la superación de este conflicto, no puede seguirse abordando desde la utilización de camiones aljibe. El derroche de recursos públicos no solo ha significado la desatención de inversiones que, aunque costosas, podrían haber paleado el actual escenario hídrico en Chile, si no que continúa normalizando dentro de las comunidades la idea de que el agua potable debe ser adquirida a través de este tipo de servicios.  

Frente a esta gravísima problemática, Cristian frene cuestionó la calidad del agua que llega a miles de familias en sectores rurales. «Ninguna persona puede sentirse digna de recibir agua en camiones. Primero, porque la calidad del agua es de dudosa procedencia. No podemos asegurar que en toda la cadena en que sale el agua, se sube al camión, se lleva a la casa, se transporta y luego se acumula, ahí nosotros no podemos asegurar una cadena en que el agua siga potable. No conocemos la calidad del agua».

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