Tejiendo Comunicaciones para la Resistencia

Entre abril y septiembre del 2020, conmovidos aún por la magnitud y esperanza de la Revuelta que se apoderó de Chile a partir del 18 de octubre, pero también espantados con los niveles de represión y violencia ejercidas – escasamente cubiertas y frecuentemente distorsionadas por los medios tradicionales de comunicación-nos abocamos algunas semanas a analizar, estudiar, conversar y soñar sobre que pensaban otros/as colegas y que nuevos caminos podríamos transitar juntos, evaluando e identificando prácticas y potenciales espacios de convergencia (digitales e híbridas) en el contexto de la doble emergencia que atraviesa nuestro país (sanitaria y política).

Por Cristián Opaso y Pablo Villagra

Primera Parte

Nos encontramos con un panorama complejo, de multitud de asociaciones y medios (análogos y digitales, la mayoría multiplataforma), atomizados, con precariedad económica, con escaso contacto e incluso conocimiento de sus pares comunicacionales, con un uso casi exclusivo de plataformas y tecnologías digitales privadas y poco seguras, con escaso conocimiento de medidas mínimas de seguridad digital y poca información sobre las nuevas redes de internet comunitarias y plataformas digitales federadas, que con sus múltiples ventajas y posibilidades se abren paso en otros países.

https://www.instagram.com/tv/CFPz01GhiXq/

Pero nos asombramos también con la disponibilidad, casi unánime, a conversar y el consenso en cuánto a la urgencia de buscar y caminar nuevos senderos colectivos. Nos asombramos también con unas pocas, pero novedosas y transgresoras, experiencias que están desarrollándose actualmente y que nos vislumbran un camino que pensamos debe conocerse, protegerse y ampliarse.

Les compartimos humildemente este escrito -más cercano al ensayo que al artículo académico o periodístico- donde destacamos algunas conclusiones y un par de más que propuestas, caminos que se nos abren para asegurar y mejorar nuestras comunicaciones. Conclusiones y caminos que vislumbramos en conjunto (aunque hablamos por nosotros) con todos y todas los que generosamente compartieron miradas. Esperamos que junto a nuestros piños sigamos explorando de la mano esos senderos. Ojalá se den el tiempo de leerlo.

LOS NUEVOS MEDIOS DE LA REVUELTA

La Revuelta del 18 de octubre nos desnudó como país. A los periodistas nos hizo sonrojar de vergüenza ajena, al ver nuevamente las caras de la censura y autocensura, además de la abierta manipulación (u omisión) mediática. En este contexto, las redes personales fueron trascendentes. Cada chilena y chileno, armado/a con su equipo celular, fue un testigo presencial de la protesta social y la represión, inundando de imágenes y sonidos las redes sociales. Al mismo tiempo de la aparición de una comunidad empoderada en las redes, los medios alternativos, populares o comunitarios, empezaron a aumentar sus publicaciones, experimentando un crecimiento sostenido en sus seguidores y audiencia, dando origen y nacimiento -además- a numerosos medios de comunicación.

Fue entonces que tuvimos que recurrir a los medios alternativos digitales para ver la sangre y el horror que nuevamente se habían apoderado de las calles de Santiago y otros centros urbanos. Pero para ser francos, se echaron de menos algunas pilares del periodismo, como son el reporteo en profundidad y las múltiples fuentes y puntos de vista, asuntos difíciles sino imposibles de lograr bajo la amenaza de los escopetazos policiales y la escasez de equipos humanos y herramientas materiales. ¿Quién ha investigado en profundidad los ataques al Metro de Santiago? ¿Quién las causas exactas de las muertes de las y los 34 manifestantes que dejaron su vida en las calles y supermercados entre el 18 de octubre y el 7 de marzo de 2020? Comencemos admitiendo que nosotros no estuvimos a la altura.

En resumen, sorprendente fue el papel de los medios alternativos y vergonzoso el de la mayoría de los medios tradicionales. (Vean el contraste entre el tipo de cobertura de Piensa Prensa  y 24 horas, reflejados en este documental y la cobertura del canal estatal 24 horas.

 

NOS NOS QUEDO OTRA QUE CONECTARNOS (¡LOS/LAS QUE PUDIMOS!)

A partir de fines de marzo la Revuelta ciertamente bajó en intensidad, pero los/las activistas más dedicados/as se trasladaron a la organización de ollas comunes para paliar el hambre del estómago y a la organización de conservatorios virtuales para paliar el hambre de movilización y reflexión política. Ambas iniciativas se multiplicaron por cientos sino miles. Comenzaron a sucederse una serie enorme de presentaciones y conversatorios virtuales de la más diversa índole, desde webinarios (como decimos en Spanglish) con sesudas conversaciones académicas, encuentros especializados de activistas ambientales, múltiples reflexiones sobre el proceso constituyente e incluso memorables actos político-culturales en línea (ver recuadro de Encuentros Virtuales Memorables).

Algunas de éstas dieron nacimiento a "verdaderos" nuevos medios de comunicación, como los de algunas asambleas territoriales y, con ello también, a un valioso y único cuerpo de conocimiento que ojalá archivemos y difundamos como se lo merecen.

Fue el caso del excelente programa de los Cordones Territoriales de Valparaíso, "El Pueblo Cuida al Pueblo" que alcanzó a emitir 10 capítulos por streaming a través de una plataforma tradicional.  Una de esas asambleas, la del Eje Ecuador, ha incursionado también en la publicación de un boletín impreso con versiones a la antigua y en la red.

Lúcida propuesta esta del boletín impreso, rompiendo el uso exclusivo de las tecnologías digitales que nos lleva a desconocer el potencial de otras más antiguas, pero más adecuadas para ciertos públicos y/o circunstancias, como bien pudo haber sido en el caso de un vecino de la Villa Olímpica de Santiago, sector con un importante nivel de organización territorial, que desconocía la existencia de una radio comunitaria (ahora en línea) que operaba en su misma Villa.  Habría bastado con un par de letreros en la calle o en el almacén de la esquina.

Por otra parte en Santiago, la Coordinadora de Asambleas Territoriales (CAT), pasó de la difusión de un bien diseñado boletín digital, a dos transmisiones semanales; uno el programa Asamblea, coproducido por cuatro asambleas (con una coordinando) y que se transmite los Viernes a las 8 PM por Youtube y FB y, el más reciente Instacat, emitido por Instagram, los sábados a las 10 pm.

(Ambos programas quedan grabados en el Canal de Youtube de la CAT .

Por supuesto Santiago No es Chile. Muchas de estas nuevas experiencias han tenido lugar en otras regiones. Ver por ejemplo "Voces del rebrote, Curanilahue Nuestro Territorio»

LOS CADENAZOS LIBERTARIOS Y FEMINISTAS

Es evidente que las radios al aire de antaño han sido complementadas, y hasta desplazadas por las redes sociales y las transmisiones en línea con sus enormes alcances. Sin embargo, la radio tradicional es una tecnología que no ha perdido vigencia, pero sí muchísima presencia, considerando que a comienzos de los 90´s nucleó a cientos de grupos en el país que desde los sectores populares irrumpieron insolentemente en el dial, para después ser perseguidos y posteriormente legalizados y limitados a emitir con una potencia insignificante. Agrupados primero en la Anarap (Agrupación Nacional de Radio Popular), luego de disolverse esta agrupación sobreviven hoy en la Red de Medios de los Pueblos, creada en el 2009, y la Anarcich (Agrupación Nacional de Radios Ciudadanas de Chile), que agrupa a unas 160 radios "ciudadanas," muchas sin la vocación transformadora de los inicios.

Los/as que han mantenido esa tradición, pero usando las nuevas posibilidades de emisión, interconexión y distribución que ofrece la red, son los nuevos colectivos autodenominados radios libres (frecuentemente libertarios y/o feministas), que aparte de emitir en línea, producen e intercambian podcasts con gran creatividad y regularidad (ver recuadro Radio a la Carta).

RECUADRO RADIOS A LA CARTA

Ver listado de podcasts en

www.agenciadenoticias.org

www.mediosdelospueblos.org

Esas nuevas formas de producción y cooperación tienen una de sus más "elevadas" expresiones en los Cadenazos Radiales, con que se logran romper las prohibiciones de hacer cadenas radiales contenidas en la actual legislación de radios comunitarias.

Para ser justos, habría que destacar también al puñado de radios populares "a la antigua" que han seguido emitiendo al aire contra viento y marea (entre ellas la Radio Placeres de Valparaíso, La Voz de Paine, Radio Manque de Rancagua y Radio Lorenzo Arenas).

Sin embargo, también varios medios y/o programas han sucumbido al cansancio y la precariedad. Es que entre los comunicadores alternativos y populares la pandemia ha amplificado la escasez de recursos de producción al mismo tiempo que existe poco conocimiento de herramientas especializadas, algunas gratuitas, que pueden facilitar el trabajo a distancia.

LAS REDES TAMBIÉN NOS ENREDAN Y ATRAPAN

Es verdad que hemos aprendido a hacer reuniones virtuales y se han creado nuevos medios y/o eventos comunicacionales. Pero estas nuevas experiencias no han estado exentas de dificultades, que han significado el término de algunas de ellas, debido principalmente a la falta de medios humanos y materiales. Es que si bien los nuevos medios son en general virtuales -y por tanto de costos muchísimos más bajos que los medios no virtuales- requieren, sin embargo, de horas de dedicación y Gigas de conectividad muchas veces no disponibles, lo que se traduce en continuas suspensiones de programas por dificultades técnicas y materiales, muchas relacionadas con la necesidad de producción y transmisión remota, problema que se solucionaría avanzando en el manejo de tecnologías digitales más avanzadas para estos efectos.

En territorio Mapuche la cosa es aún más complicada; allí las dificultades van desde la falacia de la supuesta conectividad total que han impulsado los gobiernos, a las comunidades que, no sin cierta razón, rechazan o abiertamente destruyen torres de telecomunicaciones.

Pero sucede también que el creciente uso de las tecnologías digitales entre los/las comunicadores/as chilenos/as, en la gran mayoría de los casos, se ha limitado al uso de las grandes plataformas digitales tradicionales, comerciales y cuasi-monopólicas, sin mayor conciencia de sus potenciales problemas en cuanto a seguridad y privacidad, al uso inconsulto de los datos de los/las usuarios/usuarias, a la censura abierta y/o al uso de algoritmos que censuran y distorsionan el acceso libre y completo al internet y a todo lo que hacemos circular en las redes.

Los casos de censura en las plataformas tradicionales (Facebook e Instagram) se multiplicaron a medida que transcurrían los días de la Revuelta y unidos a las noticias falsas (fake news) tergiversaron hechos, sembraron dudas y provocaron miedo en la población.

La confusión se vio aumentada aún más, y mientras los fake news se sucedían en las redes sociales, la prensa empresarial, de la mano de las autoridades políticas, simultáneamente bombardeaban con mensajes para desvirtuar la protesta social y criminalizar al movimiento social que exigía, y lo hace aún, cambios profundos en la sociedad chilena, centrando sus noticiarios en los hechos de violencia, negando la masividad de las protestas y, con ello, las inaceptables violaciones a los Derechos Humanos.

Es así como los perfiles de quienes denuncian la represión policial son castigados con algunos días sin poder subir información. Facebook intensifica sus bloqueos y castigos, argumentando que las publicaciones vulneran sus políticas editoriales. También Twitter y en menor medida Instagram, aplican esa misma política. Un estudio llevado a cabo las primeras semanas de la Revuelta da detalles de esa censura y otros atentados a la libertad de expresión.

REDES Y REPRESI"N

Pero las potenciales censuras y vigilancias de las plataformas tradicionales no son el único inconveniente de éstas. Estos últimos años se han suscitado escándalos mayúsculos por la manipulación política que ejercen a veces estas empresas, así como investigaciones legales y gubernamentales en Estados Unidos y Europa. A las importantes instancias internacionales se han sumado, por supuesto, movimientos sociales y activistas, los/las que están cuestionando el modelo de negocio y los peligros que entraña. Hasta Amnistía Internacional ha denunciado el fenómeno en un lapidario informe dado a conocer en 2019.

¡Pareciera que en Chile no nos hemos dado por enterados/as!

No es tarde para hacerlo (ver recuadro Aprendiendo a cuidarse en el ciberspacio). No se trata de estigmatizar las redes y plataformas digitales. De hecho nos han abierto nuevas posibilidades de producción e intercambio. La transición a otras prácticas y plataformas no ha de ser inmediata ni absoluta, pero un uso radicalmente distinto de las redes podría protegernos en varios aspectos y ayudarnos a dar el gran salto que necesitamos organizar e ir tejiendo con nuestros modestos medios de comunicación.(ver recuadro Alternativas de servidores y aplicaciones libres).

ALTERNATIVAS DE SERVIDORES Y APLICACIONES LIBRES

No hay para qué reinventar la rueda. He aquí una tabla bastante completa (por lo menos a septiembre de 2020) de los amigos/as de Radialistas.net, con servidores libres, no comerciales y servicios que ofrecen, muchos sin costo.

https://radialistas.net/recursos-y-plataformas-libres-para-comunicarnos-y-trabajar-a-la-distancia/

NUNCA TAN PARANOICOS: NO TE CENSURES, ¡PERO ATINA!

El tema de la seguridad digital es muy relevante, pero también complejo. No sólo por lo técnico que puede ser entender y practicar el cifrado de extremo a extremo, las llaves para cifrar correos, o las implicancias de trabajar con un servidor u otro, sino también por asuntos más básicos, pero no menos complejos, llenos de mitos y simplificaciones.

¿Porqué he de mantener secretos si nada malo hago?, dirán muchos/as.

"Bueno, entonces me das permiso para transmitir tus duchas en vivo a todo el mundo" es la respuesta que darán quienes reconocen la importancia de la privacidad, derecho esencial relacionado íntimamente, además, con la libertad de expresión.

Bastarán muchas veces unos mínimos resguardos de privacidad que, dependiendo de la situación particular de cada uno, podría ir desde utilizar sistemas de chat o telefónicos seguros, tales como Matrix o Signal, a cifrar nuestros correos y usar un servidor que sabemos no entregará, por lo menos voluntariamente, nuestra información.

De hecho estos mínimos resguardos de seguridad recobran aún mayor vigencia en ciertos países y momentos, tal como el Chile actual. Porque por estos días poco vale saber que se requiere orden judicial para intervenir teléfonos, por ejemplo, cuando Carabineros en ésta y otras áreas han violado la ley y sus propios protocolos, como se ha develado no sólo en la represión de los últimos meses sino en los recientes casos Huracán y Pacoleaks. Por otra parte, ¿ quién nos puede asegurar, más allá de toda duda, que el Ejército no sigue espiando las conversaciones de Senadores y Diputados, como lo hiciera en 1992 una sección especial del Ejército que grabó al entonces Senador y precandidato Sebastián Piñera?

Pero la seguridad no depende sólo del cifrado punto a punto, depende también de qué servidores guardan la información y a quienes están dispuestos a entregarla. En el caso de Estados Unidos, sede de las plataformas más populares (Facebook, Google, Instagram, WhatsApp), son múltiples las veces que las compañías acceden a requerimientos de diversas agencias de los gobiernos, no solamente del norteamericano. Algunas de esas entregas de información son hechas públicas, dadas las crecientes presiones ciudadanas por transparencia. Por supuesto aparecen peticiones y entregas de información de usuarios chilenos. Solo entre julio y diciembre del 2019 se requirió información de 783 cuentas y se entregó información en el 64% de los casos. Hubieron incluso 27 peticiones de emergencia, en que Facebook no requirió que hubiese un proceso legal de investigación y sin embargo entregó información.

En el caso de las compañías telefónicas que operan en territorio Chileno, el asunto en algunos casos es incluso peor, como lo fue el de la empresa telefónica (WOM), que tras el estallido entregó información de usuarios que estaban en las cercanías de una estación de metro sin siquiera cuestionarlo, a diferencia de otras que aunque también la entregaron, por lo menos exigieron explicaciones legales.

Por eso tendría sentido aprender a cuidarse, por lo menos en algunas situaciones y/o ciertas comunicaciones, como lo señalara un miembro de Primero de Mayo.

"Tenemos que ser inteligentes, discretos y sabios en como usamos estas tecnologías. Hay algunas cosas de las que hablaremos, otras cosas probablemente no debemos hablar en espacios públicos. Si usamos correo electrónico, debemos usar algún tipo de encriptación, por lo menos para materias delicadas"

Debemos explorar las alternativas, estudiarlas, comenzar a aplicarlas. (Ver recuadro Aprendiendo a cuidarnos en el ciberespacio)

APRENDIENDO A CUIDARSE EN EL CIBERESPACIO

Hay muchos grupos que ofrecen materiales para la seguridad en las redes. Entre ellos/as destacamos:

Herramientas para seguridad digital para periodistas y comunicadores y comunicadoras sociales

https://derechosdigitales.org/microsd/

Autoprotección digital contra la vigilancia: consejos, herramientas y guías para tener comunicaciones más seguras

https://ssd.eff.org/es

Autodefensa digital y crítica del control social

https://colectivodisonancia.net/

Herramientas de Autodefensa Digital

https://colectivodisonancia.net/herramientas/

Pero no nos engañemos. Es prácticamente imposible que estemos seguros confiando solamente en aparatos y tecnologías. Si nos quieren detectar y vigilar, tarde o temprano lo lograrán. Pero tranqui.

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