Frontera Sur y FICValdivia: Miradas políticas desde la práctica del cine

Frontera Sur y FICValdivia: Miradas políticas desde la práctica del cine

Paulina Barrenechea Vergara / resumen.cl

En el marco de la segunda versión del Festival Internacional de Cine de No Ficción Frontera Sur, la periodista ha realizado diversas entrevistas a personas vinculadas a la producción cinematográfica, invitadas a este evento. Aquí presentamos la primera entrega. [Nota de Resumen]

Los veinticinco son una edad reveladora cuando pensamos en experiencia y permanencia de una acción cultural en Chile. El Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia) los tiene y durante ese tiempo ha sufrido grandes transformaciones. Intensos procesos que han permitido, hoy, pensarle como un espacio que excede lo coyuntural para convertirse en uno permanente, vivo y mediador. Resulta interesante, por ello, activar el gesto genealógico y volver al año 1994, cuando el Cine Club de la Universidad Austral organiza el Festival Valdivia Cine & Video; porque a partir de ahí se instalaría en el territorio sur-sur una apuesta que buscaría (y busca) situar -a través de la práctica cinematográfica- un proyecto político y ciudadano.

El FICValdivia ha pasado por varias direcciones y gestiones durante estos 25 años, y todas han definido la densidad que porta; sin embargo, es la lectura desde el presente la que me interesa. Hoy, el FICValdivia, acciona todo el año, gracias al programa Otras Instituciones Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; estableciendo redes instituyentes con varios agentes del mundo empresarial y académico, con el sector público, pero, sobre todo, con las diversas comunidades de audiencias que, cercanas o no a la producción cinematográfica, sienten el festival como propio. Por eso, (re) pensarse en forma permanente parece ser la consigna y levantar cada año una propuesta contemporánea que entiende la práctica cinematográfica como un espacio desde donde es posible activar procesos de transformación social.

Verónica Lyon, Coordinadora General del FICValdivia, y Fernando Lataste, Secretario Ejecutivo, estuvieron en Concepción, en el marco del Festival de Cine de No Ficción Frontera Sur, que se realizó entre el 13 y el 17 de noviembre. Aproveché ese contexto para invitarles a conversar sobre sus tomas de posición como parte del equipo detrás del FICValdivia e indagar en esas dimensiones sociales y políticas que éste activa, sobre todo, durante los últimos años. También recoger sus miradas críticas sobre el Festival Frontera Sur, que en su segunda versión, no sólo levantó una audaz programación sino que propició el encuentro con nuevas audiencias para la práctica del cine.

Desde y para el presente, ¿cuál son los ejes que definen el FICValdivia hoy?

Fernando Lataste (FL): “El festival básicamente es un pretexto para pensar la ciudad. Para tener un punto de vista de su desarrollo y para contribuir a que sea más crítica. Nosotros pensamos que las películas no solamente son para entretenerse sino que, también, para generar nuevos puntos de vista. Creo que los festivales, no solamente en Valdivia, sino que también en toda la región, intentan mejorar la ciudad, incorporar nuevos puntos de vista y generar ciudadanos más críticos. Es decir, más que una fiesta, que es de dónde viene su etimología, es un pretexto para generar una discusión en torno a quiénes somos, para dónde vamos y cómo contribuimos al desarrollo del territorio desde nuestras perspectivas. Esto nos ha llevado a tomar varias decisiones, por ejemplo, después del desastre que ocurrió con el santuario de la naturaleza nunca más recibimos recursos de Celco. Sabemos que es un límite complicado, porque nosotros también funcionamos con aportes, pero el festival es para hacer política”.

Verónica Lyon (VL): “Al mismo tiempo, el festival es algo que va mucho más allá de nosotros, la entidad que lo acoge y lo organiza. Ha logrado tener una trascendencia en la ciudad que tiene que ver con una tradición. Me sorprende que mucha gente se siente partícipe y dueño del festival, sobre todo en el ámbito de la crítica. Porque cuando un evento tiene mayor importancia hay muchas más voces disidentes que se levantan. El festival es un ente en sí mismo y va a seguir su historia”. 

En ese contexto, siempre hay algo de nuestras propias tomas de posición que uno/a traspasa al ámbito laboral. ¿Qué hay de ustedes en la gestión del FICValdivia? ¿Qué es lo que arrojan de ustedes ahí?

FL: “Yo trato siempre de poner este acento en lo político. Nosotros desde hace un tiempo que tomamos la decisión no hacer un festival glamoroso, que no íbamos a tener alfombra roja, ni que íbamos a ser Cannes. Entonces, si tú me preguntas a mí qué hay de mi propio proyecto en FICValdivia, eso es la dimensión política. Eso es lo que me hace sentido para seguir ahí”.

VL: “Soy súper autocrítica. Y eso lo extrapolo al trabajo. Soy como la crítica interna en el equipo, pues estoy siempre tratando de evaluar y sistematizar los procesos internos. En qué punto podemos mejorar, hacerlo mejor”.

FL: “Claro, pues esa dimensión política no la pienso solamente hacia la comunidad, sino que también hace al interior del equipo, donde hay discusiones potentes y hay gente de distintas posturas políticas. Armar un grupo de trabajo con conciencia política ayuda a mantener la ganas de seguir en el proyecto”. 

En relación a esos modos de hacer, el FICValdivia acciona fuertemente en áreas como la formación de audiencia y la mediación, ¿cuáles son las pulsiones detrás de ese trabajo?

VL: “Si bien las funciones cinematográficas y el festival tienen que ver con el cine, nosotros tenemos una línea que va más allá de eso. Durante el año tenemos una actividad que se llama Cahuín, que son encuentros de diálogo y comunidad donde invitamos a distintas personas hablar sobre temas como la migración, la descentralización, etc. Y en el mismo festival de cine tenemos otra sección que se llama VOCES. El cine es una de las formas a través de las que nos hacemos cargo de la relación con la comunidad o cómo somos parte de varias instancias a nivel ciudad”.

Aterricemos un poquito a la conversación al contexto del Festival Frontera – Sur. Quisiera que compartieran sus puntos de vista en relación a él, quizás reconocer los puntos de sutura y divergencia con relación al FICVadivia y otros festivales nacionales.

VL: “Sin conocerlo tanto, desde un inicio, yo pensé que había que apoyar este proyecto. Uno ve que hay muchos festivales de cine en Chile, pero muchos son eventos que tienen una misión de rellenar una cartelera. Yo sabía que este festival nacía de personas que tenían una mirada sobre el cine y sobre el territorio, que llevaban años trabajando el tema y que era un festival que tenía una buena génesis. Hay una mirada política sobre el cine súper clara y eso ya me parecía valorable, independiente de que hay muchas cosas por mejorar. Hay todo un mundo para crecer y eso me parece súper entretenido”.

FL: “Políticamente, tenemos muchas coincidencias. Es mirada del cine es, también, una forma de contribuir al territorio y a su desarrollo. En nuestro caso no fue así, en Valdivia comenzó como algo más universitario, cómo hacer una actividad en torno cine Club y se fue desarrollando en el tiempo. En la inauguración del Frontera Sur se vio bien la mirada política y artística de Cristian Saldías, pero no la institucional y de quien organiza, eso habría que mejorar”.

VL: “Claro, lo político- artístico lo tienen bien resuelto, pero la parte institucional y técnica todavía debe desarrollarse, y eso es el gran desafío”.

FL: “Nosotros también somos un festival que damos películas que no son tan fáciles, y queremos que el público se esfuerce por ver una película que le exige un poco más. Pese a ello, también queremos ir ganando audiencia. Hay un primer paso y es que la gente tiene que entrar a la sala. Por eso es tan importante una programación infantil”.

VL: “Las películas más difíciles tienen su público ganado, son las menos difíciles de convocar, van a ir poco pero van a ir porque saben que esa película es la que quieren ver. Las que tienes que llenar son las otras películas, esas que deben aparecer en el titular del diario, por ejemplo.”

FL: “En el fondo lo que queremos decir es que después de una estrategia básica de difusión, hay que empezar con una estrategia 2.0. Encontrar a las personas para las películas y así se va conociendo a las audiencias”.

En definitiva, es ponerle un rostro a las comunidades.

FL: “En FICValdivia, lo que hicimos fue sacar una programación popular e impresa, que se podía repartir en cualquier parte y poniéndole rostro a esta comunidad, es decir, pensando en que comunidad pudiera estar interesado en esa u otra película”. 

Agradecemos esta conversación con Verónica y Fernando, pues no sólo cruzamos miradas y percepciones en torno a las dimensiones políticas que un festival puede desplegar a través de la práctica artística, sino que, también, nos quedamos con interrogantes sugerentes como el desafío de pensar la mediación cultural para la práctica del cine, que complemente la formación de audiencias más tradicional. En ese sentido, hay un mundo por explorar, innovar y crear.

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