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En una guerra entre oligarquías sólo pierden los pueblos

Por Alejandro Baeza

En un conflicto geopolítico, todas las noticias son propaganda, más aún cuando éste escala a enfrentamientos bélicos. Cada imagen, cada testimonio, cada reporte, está intencionado para favorecer ante la opinión pública a una de las partes.

En Chile, la prensa informa la versión pro occidental, que incluso con imágenes falsas o de 8 años de antigüedad, en sus simplistas (o simplones) análisis intentan hacernos creer que el principal motivo de la invasión a Ucrania serían los intereses megalómanos de Putin y su estabilidad mental en el marco de su habitual cobertura lacrimógena. Por otro lado, quienes acceden a medios como RT o Sputnik, verán la invasión con el nombre de «operación militar especial» y justificando todas las acciones que se están traduciendo en la muerte de civiles inocentes que probablemente poco saben o les importa los intereses geopolíticos de superpotencias nucleares.

En cualquier caso, esta tragedia si bien está viviendo su episodio más lamentable ahora, comenzó en 2014.

 

Un poco (de ocho años) de contexto…

Se puede considerar como el inicio de este conflicto cuando movimientos de extrema derecha y algunos abiertamente nazis flameando esvásticas, apoyados por Estados Unidos y la Unión Europea, realizaron un golpe de Estado en 2014, poniendo fin al gobierno de Víktor Yanukóvich, aliado de Rusia, en lo que se denominó por la prensa pro occidental como «Euromaidán» y que fue romantizado en un documental propagandístico en Netflix.

El nuevo gobierno de características fascistas estuvo marcado por la persecución sistemática a opositores, y tuvo su episodio más trágico en la ciudad de Odesa, donde la quema de un sindicato por parte de grupos nazis significó la muerte 36 personas. La proscripción de partidos de izquierda, persecución a disidencias sexuales (como también hace Putin), la prohibición del idioma ruso y persecución a las personas étnicamente rusas, tuvieron como una de sus consecuencias que la población de la península de Crimea (mayoritariamente de esta etnia) optara mediante un plebiscito por unirse a la Federación Rusa. Ucrania no reconoce la consulta y sigue considerando este territorio como propio.

Asimismo, y siguiendo el ejemplo de Crimea, dos meses después, en mayo de 2014, en el territorio del Donbás (también escrito como Dombás o Donbass) se autoproclamaran, mediante sendos referéndums, dos repúblicas independientes: la República Popular de Donetsk y la República Popular Lugansk -en el Este de Ucrania, frontera con Rusia- territorios no reconocidos como independientes por nadie hasta este lunes 21 de febrero, cuando Putin anunció que les consideraría como tales.

Como para Ucrania eran sus territorios, intentó recuperar su control militarmente, pero se encontró con una férrea resistencia de milicias separatistas, que al contar con el apoyo militar y logístico de Rusia, fueron denominadas como «pro rusos» por la prensa occidental, aunque era mucho más complejo que eso.

Ante el avance de estas milicias fue que Ucrania aceptó firmar una serie de protocolos de alto al fuego denominados como los «Acuerdos de Minsk», pues fueron ratificados en la capital bielorrusa. Firmados en septiembre de 2014, participaron representantes de Rusia, Ucrania, de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, así como de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Entre sus principales puntos estaba asegurar un alto al fuego bilateral inmediato, estableció las «fronteras» de los territorios independentistas del Donbás, liberación de prisioneros, remoción de todo el armamento pesado para crear una zona desmilitarizada de 30 km, prohibición de las operaciones ofensivas, prohibición de los vuelos de aviones de combate sobre la zona de seguridad, entre otros.

Lamentablemente estos acuerdos que garantizaban una frágil paz, nunca fueron cumplidos del todo, y durante ocho años hubo acusaciones cruzadas de ambas partes de no respetar el alto al fuego. No obstante, de los territorios de las dos autoproclamadas repúblicas fueron constantes las acusaciones al ejército ucraniano de ataques con misiles e incursiones a los territorios del Donbás, que estimaciones plantean que han dejado un saldo de 15 mil muertes.

Es así que Estados Unidos y Europa dejó instalado en Ucrania un régimen no solamente pro Occidente, sino que derechamente contra Rusia.

 

Estados Unidos, la OTAN y Ucrania

En medio de este contexto de casi una década de relaciones complejas entre ambas naciones, así como con la OTAN y la Unión Europea, comenzó su episodio más lamentable a principios de noviembre pasado cuando el Washington Post publicó supuestos movimientos inusuales de equipamiento militar en puestos fronterizos rusos y que se estaría preparando una invasión.

La OTAN (es decir, EEUU) quiso integrar a Ucrania a su alianza militar creada, recordemos, precisamente para enfrentar a la Rusia soviética. Fueron ellos quienes durante tres meses calentaron los ánimos, mediante su aparato de agencias de noticias, respecto a la necesidad de defender a Ucrania ante la amenaza rusa. El gobierno encabezado por Putin advirtió en todos los tonos que no podía permitir que un país con el que comparte una frontera tan grande se uniera a la OTAN, así como Estados Unidos tampoco aceptó la instalación de misiles rusos en Cuba en 1962. Además, habían compromisos firmados con Rusia durante la disolución de la URSS de no extender esta alianza militar hacia el Este.

En lugar de buscar soluciones diplomáticas, reforzar los acuerdos de Minsk o avanzar en nuevos tratados, Estados Unidos (sin el respaldo completo de la OTAN esta vez) potenció el conflicto, poniendo a finales de enero a la alianza militar en «estado de alerta» y enviando buques y aviones de combate adicionales hacia el este de Europa, en el Mar Negro.

Por su parte, Boris Johnson, primer ministro del principal aliado de Estados Unidos e integrante de la OTAN indicó que «El Reino Unido está liderando la propuesta de un paquete de sanciones económicas [contra Rusia], y va a ayudar a reforzar la resistencia de nuestros amigos ucranios con el armamento defensivo que les estamos suministrando, y dejando claro a la vez que apoyamos por completo al pueblo de Ucrania». Mientras, Dinamarca desplegó una fragata al mar Báltico y cuatro cazas F-16 en Lituania y España envió tres buques a las fuerzas navales al Mar Negro.

Viéndose cada vez más rodeado y con una Ucrania que recibía constantemente armamento, Rusia acusó que fueron atacados puestos fronterizos con misiles por parte del ejército ucraniano y acusó de incursión de militares en los territorios del Donbás, por lo que reconoció la independencia de la República Popular de Donetsk y la República Popular Lugansk en un discurso terriblemente anticomunista y contra el derecho a la autodeterminación de los pueblos, y dos días más tarde, con la excusa de defenderlas, comenzó la incursión militar en territorio de su país vecino y avanzó mucho más allá de los territorios separatistas, dando inicio a las imágenes que desde entonces vemos casi de manera ininterrumpida en los noticieros.

Así sucedieron muy a grandes rasgos los acontecimientos. No se trata de justificar una invasión, que bajo cualquier punto de vista es el peor escenario que los que seguimos este conflicto durante ocho años podríamos esperar, sino de explicarla.

 

En una guerra entre oligarquías, sólo pierden los pueblos

La invasión de de Rusia a Ucrania es maniobra militar de relojería. De distintos frentes, simultánea, tan bien ejecutada que le permitió prácticamente llegar a la capital en menos de dos días, por lo que es lógico suponer que se venía preparando probablemente durante años. Desde el punto de vista táctico ha sido una maniobra perfecta para los intereses de Putin, no tuvo respuesta militar de la OTAN, el ejército Ucraniano ha ofrecido una resistencia tan escasa como podría esperarse, mientras preside en Consejo de Seguridad de la ONU y aquella entelequia denominada «la comunidad internacional» ha hecho la mayoría de sus declaraciones por Twitter, siendo la sanción más importante recién ayer sábado con la suspensión de algunos bancos rusos del rusos del sistema SWIFT, que permite transferencias interbancarias a nivel internacional.

Jugada casi perfecta para Rusia… hasta ahora…

Sin embargo, esta invasión está cobrando vidas y lo seguirá haciendo si no se soluciona pronto. La vida de los ucranianos más pobres que son obligados a servir en el ejército y de aquel pueblo más pobre que no puede huir hacia otro país, y mientras más días pasen más cuesta arriba se le pone el escenario al gobierno ruso.

«Putin es el responsable último de cualquier horror que desate. Pero guarden algo de indignación para los gobiernos occidentales que decidieron hacer inevitable la guerra, sacrificando un país que consideran poco más que una pieza de ajedrez». escribió Branko Marcetic en un artículo titulado «Putin le dio a Washington exactamente lo que quería», y no podría estar más de acuerdo.

Estados Unidos y Europa se dedicaron a provocar tan temerariamente, que finalmente obtuvieron una respuesta por parte Rusia, no obstante, no debemos olvidar que se trata una agresión imperialista de una potencia nuclear contra un país pequeño y en violación total de su soberanía.

Además, tanto el reconocimiento de las independencias del Donbás como la invasión a Ucrania en sí misma, son flagrantes violaciones al derecho internacional, debilitando un sistema que como países de la periferia del mundo siempre debemos defender, pues se trata de una de las pocas herramientas con las que contamos para defendernos de las grandes potencias y de los abusos de nuestros propios gobernantes.

¿Se podía evitar esta invasión? Sí, se podía evitar. Rusia estuvo en dos meses de reuniones sin tener respuestas a garantías básicas como no tener amenazas a su seguridad en la frontera.

Estados Unidos azuzó a Ucrania y luego la dejó sola para que pague todos los costos de su juego geopolítico.

Una guerra entre un gobierno de ultraderecha, ultranacionalista, ultraconservador, religioso y anti-izquierdista como el de Putin, contra un gobierno de extrema derecha, ultranacionalista, anti-izquierdista y con elementos abiertamente nazis como el de Ucrania. Ése es el escenario al que nos enfrentamos.

Por eso hay que tener siempre en claro que la lucha entre oligarquías nacionalistas para asegurar los intereses de sus respectivas elites económicas y políticas, a costa la vida de civiles inocentes de la clase trabajadora, en este caso de ucraniana y a quien enemistan con la clase trabajadora rusa ¿no son así casi todas las guerras?

 

*Imagen: Solado ruso en Crimea. Konstantin Mikhalchevsky | Sputnik

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