La concentración de CO2 en la atmósfera ha superado el récord de los últimos 3 millones de años

[resumen.cl] Este mes de mayo, los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2) principal gas de efecto invernadero antropogénico pasaron las 415 partes por millón. Las concentraciones de este gas en la atmósfera son las mayores en un periodo de hasta 3 millones de años, superando los niveles registrados durante toda la historia de la evolución humana. Los niveles de CO2 en la atmósfera de la Tierra se habían mantenido en torno a los 280 ppm antes de la era industrial. 

La estación de monitoreo en Mauna Loa, Hawái (Estados Unidos) reportó haber detectado que las concentraciones de dióxido de carbono alcanzaron los 415.64 partes por millón (ppm) .

 

El gráfico muestra las medidas promedio mensuales de la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera, medidas en el Observatorio de Mauna Loa, Hawaii. Extraída de: https://www.esrl.noaa.gov/gmd/ccgg/trends/

 

Antes de la era industrial, los niveles de CO2 en la atmósfera de la Tierra se habían mantenido en torno a los 280 ppm.

En la década de 1960, el incremento global del dióxido de carbono atmosférico era de entre 0,6 y 0,1 ppm al año. En las últimas décadas sin embargo, el crecimiento ha sido cercano a las 2,3 ppm al año. La tasa anual de incremento el dióxido de carbono atmosférico sobre los últimos 60 años, el periodo llamado, «La Gran Aceleración» del Antropoceno, ha sido de 100 veces más rápida que los incrementos previos , tales como los ocurridos al final de la última era de hielo hace 11.000 - 17.000 años atrás.

Según las observaciones realizadas desde la misma estación hawaiana de Mauna Loa, en 1958 las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico se mantenían en cerca de 315 ppm. El 9 de mayo de 2013, la media de dióxido de carbono en Mauna Loa superó las 400 ppm por primera vez en el registro histórico. Menos de dos años después, en 2015, las concentraciones globales atravesaron la barrera de las 400 ppm por primera vez y dos años después llegaron a 405 ppm.

La última vez que las concentraciones atmosféricas de CO2 alcanzaron valores similares fue hace 3 millones de años atrás, cuando la temperatura era entre 2°C más alta que durante la era preindustrial, y el nivel del mar era cerca de 15 metros más alto que hoy.

 

 

 

Concentraciones de dióxido de carbono en el Observatorio de Mauna Loa. Extraída de: https://scripps.ucsd.edu/programs/keelingcurve/

 

Cabe señalar que partes por millón o (ppm) es una unidad de medida de la concentración y se refiere a la cantidad de unidades de una determinada sustancia o molécula, que hay por cada millón de unidades del conjunto que contiene esta sustancia. En el caso de contaminantes en el aire o emisiones a la atmósfera, las ppm se refieren a moléculas del determinado gas o aerosol, por cada millón de moléculas de otros gases atmosféricos. Cabe mencionar que en el caso de los gases se utiliza el término «partes por millón en volumen» (ppmv) y significa la proporción relativa de una sustancia respecto a otras dentro de un determinado volumen.

 

Por otra parte, Michael Mann, profesor del Departamento de Meteorología y Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Pensilvania, había señalado a la BBC que cuando publicó hace 20 años el denominado gráfico del «palo de hockey» con el incremento acelerado de CO2, los niveles eran de 365 ppm y ahora son de 415 ppm.

El profesor señaló que esto implica un aumento gigantesco de 50 ppm en 20 años y un incremento en las concentraciones atmosféricas con una tasa de 3 ppm al año.

Esto podría implicar una superación de 450 ppm en un poco más de una década, lo que implicaría un aumento del calentamiento a más de 2°C a 3,5°C. El profesor llamó a hacer cambios dramáticos para bajar emisiones globales de CO2 de 5 a 10% al año, cuanto antes.

Además recordó que no se sabe cuales son los niveles que podrían llevar «a puntos de no retorno» advirtiendo que algunos de esos sistemas ya podrían haber sido disparados mientras que otros podrían estar peligrosamente cerca.

 

 

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Por su parte, James Dyke, profesor de Sistemas Globales del Departamento de Geografía de la Universidad de Exeter señaló al citado medio que la última vez que la atmósfera de la Tierra tuvo concentraciones similares fue hace 2,6 o hasta 3 millones de años. Una época anterior a la evolución de la especie humana.

 

 

De continuar creciendo las actuales demandas de energía, y al ser satisfechas estas mediante combustibles fósiles, las concentraciones de dióxido de carbono para el final del siglo XXI podrían exceder las 900 partes por millón, lo que tendría consecuencias catastróficas para las sociedades humanas.

 

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Algunas de estas consecuencias podrían ser: deshielo masivo del suelo congelado de la tundra o permafrost, la descomposición de los depósitos de hidratos de metano oceánicos, incremento en la respiración bacteriana marina, debilitamiento de sumideros de carbono oceánicos y continentales, reducción progresiva de las selvas tropicales y de los bosques boreales, la reducción de la capa de nieve del hemisferio norte, pérdida de la banquisa polar de verano en el Océano Glacial Ártico, pérdida de la banquisa polar de verano en el Océano Glacial Antártico y la reducción progresiva de las capas de hielo polares y de montaña en todo el mundo.

Junto a esto, se calcula que los eventos climáticos extremos irán en aumento debido al cambio climático generado emisiones de gases de efecto invernadero y la degradación de la biosfera. Por lo que se podrían intensificar los episodios de sequías y grandes incendios, inundaciones, nevadas intensas, crecidas de ríos, entre otras.

 

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Distintos análisis indican que se deben ejecutar urgentes medidas para apuntar a una nueva relación entre la biosfera, el clima y las sociedades humanas.

Ante este escenario, se requieren medidas a nivel global tales como: disminuir drásticamente el consumo de combustibles fósiles; evitar que más carbono llegue a la atmósfera, al mismo tiempo que capturar el carbono desde la atmósfera y mantenerlo en la vegetación y los suelos; reforestación y conservación de la biodiversidad para aumentar la resiliencia de los ecosistemas; rediseño de la agricultura y modo de alimentación; asegurar un uso eficiente e igualitario del agua; demandar la propiedad pública de la infraestructura de captura de carbono; demandar investigación de los riesgos e incertidumbres de la geoingeniería. Debido a que la población mas pobre del planeta sería la más afectada con esta transformación climática, estas nuevas relaciones también deberían incluir: redistribución de la riqueza y la propiedad de la tierra, cambios de comportamiento en la población consumidora, freno a la excesiva acumulación de capital y la explotación humana, freno a los extractivismos y al despilfarro de recursos para su conversión a mercancías frecuentemente superfluas y obsolescentes.

Estas medidas, junto a la preparación colectiva para sobrevivir en un ambiente de escasez de recursos y crisis económicas demoledoras, se conforman como acciones necesarias para evitar nuestra propia aniquilación. El desafío más importante actualmente es evitar una catástrofe que afecte a billones de personas y desencadene una nueva extinción masiva en la Tierra.