Lavandería y lavaseco Los Gobelinos. El brote de las empresas gestionadas por sus trabajadores

“Los obreros de la capital, aleccionados por una dura experiencia de desengaños, han vuelto los ojos a si mismos y se han persuadido que su propio capital era su trabajo, su independencia de la opresión del taller era la unión de sus fuerzas y su mejor protección física estaba vinculada a su propia reglamentación”. El Copiapino, 8 de enero de 1864.

Las empresas gestionadas por sus trabajadores son un proyecto que crece en América Latina. Recientemente un hotel, el Bauer de Buenos Aires, cumplió 10 años de funcionamiento bajo este modo. El pasado 21 de marzo, celebraron con un festival el hecho de que en estos diez años han llegado a tener 150 trabajadores y casi 3 millones de dólares invertidos en un edificio que han rescatado de la apropiación ilegítima. 

La lucha de los trabajadores del Bauer removió  la impunidad bajo la cual se amparaban los antiguos propietarios que, en plena Dictadura, recibieron un crédito de parte del Estado para la construcción del hotel, destinado a albergar los visitantes que atraía el Mundial de Fútbol del 78. Los Lurcovich nunca devolvieron lo adeudado y tampoco las autoridades se encargaron de cobrar, por el contrario, fueron los propios trabajadores quienes destaparon el fraude. Actualmente, la batalla continúa para que los poderes estatales reconozcan la propiedad estatal del inmueble, lo expropien y otorguen su administración a los trabajadores. 

Al acto, también concurrieron representantes de otras empresas recuperadas y actualmente gestionadas por sus productores. De éstas, la textil Brukman y la fábrica de cerámicos Zanon son las más conocidas. 

De este lado de la cordillera, también hay quienes hacen historia. Por gobelinos se conocen las telas francesas pintadas con diferentes diseños, y que también llegaron al país. Los Gobelinos es además, el nombre de una antigua lavandería y lavaseco de Concepción, de los años en que las prendas de vestir las enviaban hasta aquí para que “quedaran como nuevas”. 

Luis Mora, trabajador de Los Gobelinos cuenta que ingresó a trabajar en los años 70, cuando su lavandería, llamada Imperio, había comprado a Los Gobelinos y laboraba con 21 personas. Posteriormente, la cantidad fue disminuyendo, “tengo un contrato donde dice que hacía seis cosas diferentes”, afirma Luis para ilustrar las condiciones laborales que se generaron luego del auge de la importación asiática y sintética. 

Al tiempo, Imperio no pudo seguir, pues no había mercado que lo sostuviera, quedando sólo Los Gobelinos con nueve personas. Hasta ahora son cinco y la actividad ya no la concentra la limpieza en seco de ternos o abrigos, sino que el servicio de lavandería. 

En medio de este contexto, llegó el 2010 con su terremoto, y como muchos, sus empleadores se acogieron al número 6 del artículo 159 del Código Laboral, que les permitía despedir sin cancelar indemnizaciones. En la provincia de Concepción se registraron más de dos mil despidos por esta causal, entre ellas se destacaron los 938 despidos de Echevarría Izquierdo y los 306 de Versluys. Los cinco trabajadores de Gobelinos, también fueron despedidos y el empleador planeaba cerrar el local, pues no le reportaba las ganancias que esperaba. 

En este momento, cuenta Nancy Rodríguez, surgió la convicción de que no podían quedarse contemplando su desgracia. Solicitaron al empleador que les dejara en parte de pago las máquinas que, si las vendía, sólo podría hacerlo como chatarra. Posteriormente conversaron con la propietaria del inmueble que ocupan, en Avenida Juan Bosco 151, frente al Colegio Salesiano, para que siguiera arrendándoselo. Y así, en algunos meses se demostraron así mismos que podían y, por cierto contradijeron la propia ley a la que el empleador se había arrimado, pues una de las causas que la invoca es que el daño ocasionado “suponga la nula posibilidad de mantener el puesto de trabajo de los trabajadores”. 

El 15 de marzo recién pasado cumplieron sus 3 años de trabajo. En la misma lavandería, el realizador audiovisual Jorge Espinoza estrenó para los mismos trabajadores el documental “Sin Patrones”. Para Jorge, el documental muestra que “la organización productiva es una forma de combatir este modelo económico, y el documental trae a tierra esto que muchos no lo creen o piensan que es una fantasía imposible de concretar en la actualidad”. 

Nancy compara la situación laboral en que están ahora con la anterior y dice que “en cuanto a los pagos, ganamos un poco más que antes y de forma equitativa, pues sólo dos personas ganan un poco más por los trabajos que hacen… Para las vacaciones nos organizamos, si sale alguien se reemplaza con uno de nosotros y si salimos los dos (con Salomé Toro, que es su esposo) nos reemplaza algún familiar que ya conozca lo que se hace aquí”. 

En cuanto a la jornada laboral, dice Nancy: “no tenemos una que sea muy marcada, trabajamos no más, pero si alguien tiene qué hacer, nos organizamos. Por ejemplo, ahora tengo facilidades para llegar más tarde porque mi mamá está enferma y, con mi hermana, nos turnamos para ayudarla. Y esto, si hubiesen estado los patrones antiguos, no lo hubiese podido hacer”. 

Al final, concluye Nancy: “es mejor, estamos más tranquilos, antes andábamos a fin de mes todos tensos, si iban a pagar o no. Ahora, todas las cuentas las tenemos al día”. 

Hoy, resuelven de forma autónoma problemas que antes adquirían una mayor envergadura por los métodos burocráticos bajo los cuales funcionaba la empresa. Ejemplos de ello, van desde el aprovisionamiento de insumos, que actualmente es mucho más oportuno. “Ahora, tu ves cajas de detergente de reserva. Eso, antes no se veía, a veces teníamos que comprar con nuestra plata para poder sacar a tiempo los pedidos… Un día se echó a perder la plancha, le avisamos al jefe y vino a verla cuando ya la había arreglado, tres días después… Ahora, probablemente nos sacamos más la mugrienta, pero es pa’mejor”, afirma Salomé. 

Pasado y Presente

Un antecedente de las Cooperativas de Trabajo, son los viejos artesanos del siglo XIX. Eran mueblistas, sastres, zapateros, sombrereros y otros productores que habían generado organizaciones por medio de las cuales intentaban procurarse educación, formación técnica y bienestar. Así, las Sociedades de Socorros Mutuos o Uniones de Artesanos llegaron a tener grandes sedes, orquestas y periódicos, a través de los cuales podemos conocer su trayectoria y los hechos que gatillaron su decaimiento. 

En 1879, “El Taller”, periódico nacional de los artesanos, denunciaba “la muerte de nuestra industria que, sin crédito y en lucha desesperada, ha sucumbido, dejando brazos, familias y ciudades en el agotamiento y la inercia”. Esta situación, según la historiadora María Angélica Illanes, se explica a partir del “predominio de la clase banquera y mercantil, que luego de ir absorbiendo los capitales de la industria nacional, importaba a destajo las manufacturas extranjeras”. 

Al respecto, es sumamente decidor el hecho de que el primer presidente que tuvo la SOFOFA, fue Agustín Edwards Ross (desde 1883) . Éste era uno de los herederos de Agustín Edwards Ossandón, quien poseía al momento de su muerte una fortuna que, según el investigador Ricardo Nazer, equivalía al 4,78% del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile en 1880. 

Las regalías que ofrecía el Estado para quienes eran representados por la SOFOFA, fue generando dificultades cada vez mayores para los artesanos. Dentro del programa político de sus organizaciones, se puede leer la necesidad de proteger el trabajo nacional subiendo los impuestos a las importaciones, la reformación de las contribuciones y la abolición de los monopolios. La lucha se perdió, y si bien hubo algunos que siguieron porfiando, la mayoría de los artesanos se “proletarizaron”, perdiendo sus talleres y su autonomía productiva, convirtiéndose en obreros asalariados. 

Durante el siglo veinte, las cooperativas de trabajo fueron tomando un rol de mayor protagonismo. De parte del Estado, hubo intentos por potenciar las iniciativas, creándose en 1952, el Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC). No obstante, el desarrollo de tecnología recibió escaso fomento, pues la intención era de promover una producción limitada, ya que la fabricación de bienes de mayor elaboración y de los medios de producción (maquinaria), siguieron siendo proveídos por los países potencia, especialmente EE.UU. En este contexto, las cooperativas de trabajo institucionalmente registradas, tienen un desarrollo trunco por la economía de dependencia imperante. 

Sin embargo, no todo el trabajo cooperativo estuvo registrado en las estadísticas del área. Años más tarde, durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), varios empresarios emprendieron planes de desestabilización desde sus propias fábricas. Ante ello, muchos trabajadores desarrollaron mecanismos de control y gestión de la producción, generando aprendizajes y el reconocimiento de capacidades que habían estado negadas por el régimen vertical de las administraciones anteriores. Una expresión de la apropiación de los logros fue que en diversos centros productivos, los trabajadores ofrecieron resistencia al Golpe de Estado de 1973. Los militares, a su vez identificaron estos lugares y gente como “el cáncer” que se disponían a extirpar, llevando a cabo matanzas de grupos completos de obreros y obreras. 

Durante la Dictadura, las cooperativas de trabajo, fueron potenciadas por un sector de la Iglesia Católica representado por el Cardenal Raúl Silva Henríquez que, con apoyo internacional, levantó una pequeña institucionalidad que las fomentó. Sin embargo, “la política general de la Dictadura, en el campo del sector cooperativo era francamente restrictiva, siendo muy compleja la creación de cualquier nueva cooperativa, amparándose para ello en la antigua Ley de Cooperativas (reformada el año 1974 y 1978), que indicaba que cualquier cooperativa solamente se podía constituir por medio de un decreto supremo”, afirma el investigador Mario Radrigán. 

Las cooperativas de trabajo que persistieron, sufrieron significativos golpes en los inicios de los gobiernos civiles. Por una parte, no recibieron la asistencia internacional de antes, sus organizaciones que las aglutinaban se disolvieron y las expectativas que se habían construido en torno a la “vuelta a la democracia”, no fueron satisfechas, pues no hubo desde el Estado un apoyo a éstas. Al contrario, la política neoliberal de los gobiernos civiles, que ha promovido la importación de bienes y el monopolio de su distribución, sigue poniendo cuesta arriba los intentos de producir para la población local. 

El 2002 se aprueba una nueva ley que regula las cooperativas, entre ellas las de trabajo, pero esto no ha representado un potenciamiento desde el Estado. 

Según SERCOTEC, al 2006 habían 158 Cooperativas de Trabajo vigentes, de las cuales estaban activas 109, es decir, que han presentado alguna documentación al Departamento de Cooperativas en los últimos 5 años. 

Según Mario Radrigán, hay una escasa integración de las cooperativas en Chile y una falta de claridad sobre los beneficios concretos de ello. Continúa planteando que “desde 1990 a la fecha, no han existido programas públicos ni privados de envergadura que impulsen de forma sistemática y consistente la creación de empresas de trabajadores, cooperativas de trabajo o empresas de autogestión”. 

Una cuestión sintomática es el hecho que el Departamento de Cooperativas depende del Ministerio de Economía. La economía para la clase dirigente se expresa en el conjunto de mecanismos que les permiten acumular riqueza y sofocar amenazas que podrían poner en riesgo este ciclo. Las cooperativas, no responden a este esquema, pues el trabajo de sus miembros se orienta a su subsistencia, no a la acumulación. 

La lucha de las cooperativas de trabajo por su crecimiento está en ciernes. La voluntad y la confianza en sí mismos de sus protagonistas es fundamental, como también la transformación a una economía que posibilite regiones productivas y solidarias.

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Jorge Espinoza, director del Documental, habla de “Sin Patrones” 

El 2011 junto dos compañeros más, por X motivos llegamos a la lavandería y realizamos un video de 5 minutos que mostraba un día de producción. De ahí quedó dando vueltas el tema y lo retomé el 2012… Se fue grabando por partes, en diferentes estaciones del año por el concepto cíclico que tiene todo el documental. 

La intención era  mostrar una cooperativa con la carga política-social que ésta tiene. Tenía como referentes documentales como “La Toma” de Naomi Klein o “Zanon”. Esta idea me duró hasta la primera entrevista, ahí Don Salo, uno de los 5 integrantes de la lavandería, me respondió que no sabía que estaba en una cooperativa y que agradecía a Dios por tener la oportunidad de trabajar así. Ahí me di cuenta que todo lo que traía en la cabeza no me servía para poder abordar el tema, así que me callé, comencé a escuchar y a observar. El resultado de eso terminó siendo la propuesta estética y la forma de mostrar el documental. 

Si no hubieses registrado esta experiencia, lo más probable es que hubiese pasado desapercibida para muchos más de los que hoy.  ¿Cuál crees que es la importancia de un documentalista dentro de una sociedad? 

Creo, que es la capacidad de poner temas en el debate desde un punto de vista concreto, o sea, desarrollar temas a través de un marco teórico y respaldado por una investigación. De alguna otra forma creo que el documentar se ha transformado en una herramienta para poder generar temas en la opinión pública, haciendo una contra parte a lo que domina. Esto le quita poder al monopolio de la “verdad”. 

¿Qué reconocimientos ha tenido el documental? 

En las actividades de Balmaceda Audiovisual, fue escogido como mejor documental y hoy está seleccionado en el Festival Internacional de Cine del Bío Bío. Esto ya es un gran logro, pues eran cerca de 50 ó 60 trabajos en el área documental y quedaron 8 en total. Dos de los trabajos son del colectivo audiovisual Homovidens, “El Ovejero” del Roberto Pérez y “Sin Patrones”, esto habla muy bien del desarrollo que hemos tenido como documentalistas. Esperamos que nos vaya bien con nuestros trabajos y que esta plataforma nos abra puertas al momento de buscar financiamiento para los futuros que ya están caminando con diferentes organizaciones.

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Trabajadores: Comunicándose, proponiendo y atreviéndose, intentan salir del pantano.

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