[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: “Democracia”

[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: “Democracia”

Esta semana culminó con flamboyantes artículos centrados en las tres cumbres americanas que se desarrollaban simultáneamente en Panamá. Primero, la llamada Cumbre de los Pueblos, que en su inauguración contó con el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el presidente de Bolivia, Evo Morales, y el célebre cantautor cubano Silvio Rodríguez. Básicamente, esa cumbre fue un encuentro de reflexión para varios cientos de delegados de la totalidad de la gente mayoritariamente joven de América Latina.

Al mismo tiempo se inauguró otra cumbre, llamada Foro de la Sociedad Civil, organizada por el ex presidente del gobierno de España, José María Aznar, con ayuda del ex presidente socialista de derecha, Felipe González, y otros 24 ex presidentes derechistas latinoamericanos, incluyendo al desastroso argentino Eduardo Duhalde, el ex de Colombia, Alvar Uribe, que ahora cobra sueldo en la CNN, y el ex de Chile Sebastián Piñera, que es el único que apunta a seguir vigente en la política actual.

 

En este Foro de la Sociedad Civil, los organizadores incluyeron como invitados especiales a varios personajes muy controvertidos. Por ejemplo, el ex mercenario de la CIA Félix Rodríguez, ese mismo que tuvo a su cargo el asesinato del Che Guevara, que estaba prisionero y herido en Bolivia. También realizó intentos fallidos de sabotaje en Cuba, durante le fallida invasión de Bahía Cochinos, y estuvo a cargo de la protección del terrorista y asesino Luis Posada Carriles, ahora asilado en Estados Unidos.

 

En cambio, los organizadores se olvidaron de extender credenciales a las delegaciones de Cuba y de Venezuela, que tenían que defender a sus gobiernos ante las acusaciones de violación de los derechos humanos.

 

Bueno, estas delegaciones, al enterarse de la presencia de un grueso contingente de próceres como Félix Rodríguez, optaron por retirarse del Foro, que ciertamente se desinfló ante la comunidad latinoamericana.

 

De hecho, lo que más impactó internacionalmente fue la inesperada influencia ideológica de la llamada Revolución Bolivariana de Venezuela, en la emergente izquierda europea, particularmente en Grecia, Italia y, sobre todo, España.

 

De hecho el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aparece hoy encabezando un ala disidente del Partido Socialista Obrero de España, que se inclina a formar alianza de izquierda con el movimiento Podemos.

 

Pero por cierto, lo más flamboyante y espectacular fue la Séptima Cumbre de las Américas, donde tendrían su momento estelar el presidente de Cuba, Raúl Castro, y el de Estados Unidos, Barack Obama.

 

Ayer, a ¼ para las 4, se inició la reunión. Se dieron la mano, se sonrieron, se demostraron simpatía, incluso Raúl Castro mencionó que también Barack Obama proviene de una familia de clase media modesta.

 

Tras 1 hora 20 de conversa a solas, Barack Obama declaró que ya había llegado el momento de dar vuelta a la hoja, y que él no se sentía responsable de las decisiones tomadas por los gobiernos de Estados Unidos desde 1961 hasta ahora.

 

Por su parte, Raúl Castro tuvo el tino de aceptar que, claro, que Obama no es el autor de los 50 años de bloqueo y sanciones que quebrantaron la economía de Cuba. Sin embargo, ambos gobernantes reiteraron que siguen existiendo diferencias y discrepancias, pero que ahora esas cosas podrán tratarse en forma civilizada y racional, sin matonaje.

 

Según los principales diarios de Estados Unidos y Europa, la reunión fue buena, pero de ninguna manera incluyó declaraciones de amor. De hecho, Cuba continúa desarrollando con Rusia sus más importantes proyectos de inversión, incluyendo la construcción en La Habana de un gran aeropuerto internacional, que articulará prácticamente todos los vuelos comerciales entre Europa y América Latina.

 

Ayer, Barack Obama tuvo que barajar lo más airosamente que pudo las severas exposiciones formuladas por tres de los más sólidos gobernantes que se refirieron a la necesidad de poner atajo definitivo a las intervenciones o intromisiones indebidas de Estados Unidos en las repúblicas latinoamericanas, que tantas veces fueron víctimas de golpes de estado y dictaduras auspiciadas por Estados Unidos, que, además, sobre todo en los últimos años, ha impuesto también prácticas económicas que muchas veces han sido ruinosas para los latinoamericanos.

 

Las presidentas de Brasil, Dilma Rousseff, y de Argentina, Cristina Fernández, rechazaron duramente la intromisión de Estados Unidos en Venezuela, parte de la cual fue el decreto ejecutivo presidencial dictado por Obama, en que calificó a Venezuela como un peligro gravísimo y amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

 

De hecho ambas gobernantes calificaron de ridícula esa calificación del gobierno de Obama. La presidente Rousseff enfatizó que las naciones latinoamericanas ya no volverán a permitir que se apliquen medidas unilaterales o intentos de aislamiento contra gobiernos de nuestra región. Y le señaló directamente a Obama: “Por esto es que nosotros rechazamos que se adopten sanciones en Washington en contra de Venezuela”.

 

Por su parte, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, rechazó también duramente la actitud de Obama contra Venezuela y señaló que Estados Unidos ya no es coherente con los principios planteados por Thomas Jefferson y la Constitución de ese país.

 

Cuando llegó el momento del discurso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Barack Obama se acordó que tenía que ir a reunirse en privado con el presidente de Colombia, Santos.

 

En realidad, para muchos, la súbita ausencia de Obama fue un recurso para eludir un posible enfrentamiento verbal directo con Maduro. De hecho, posteriormente, Obama se escurrió, evitando referirse a su desafortunado decreto ejecutivo en que calificó a Venezuela como amenaza gravísima para la seguridad de Estados Unidos.

 

En su discurso, Obama se limitó a repetir que Washington lo único que quiere es defender los derechos humanos, el libre ejercicio democrático de la oposición, y eso con transparencia completa y libertad de prensa.

 

Ciertamente se reunió largamente con el presidente Maduro, pero en forma privada, prácticamente secreta, y ni Obama ni Maduro dieron mayores referencias sobre aquella conversación tan poco transparente y tan cerrada a la presencia de la prensa.

 

La Presidencia de Venezuela, en todo caso, señaló que la reunión había sido conciliadora, de tono cordial y con ánimo de limar las tensiones.

 

Ciertamente, Barack Obama se encontró con que América Latina está realmente en una posición de resuelta unidad. Mucho más de lo que se esperaba. Y eso habla mal de sus asesores y sus consejeros. En los hechos, la situación de Obama era casi angustiosa. No tenía cómo defender los términos absurdos del decreto ejecutivo que él mismo había firmado, amenazando a Venezuela. Pero tampoco tenía la opción que varios presidentes le habían planteado, y que incluía pedirle disculpas al gobierno venezolano y comprometerse a anular ese decreto.

 

De hecho, como lo denunció el presidente de Bolivia, Evo Morales, se produjo la lamentable situación de que la Cumbre de las Américas, por primera vez, tuviera que cerrarse sin poder emitir un documento con los acuerdos logrados.

 

Ello, porque Estados Unidos y Canadá vetaron el documento que todos los demás habían aprobado. Y ello, porque allí se establecía derechamente el rechazo al decreto ejecutivo de Obama contra Venezuela.

 

Es decir, se produjo el veto de Estados Unidos y Canadá, y con ello quedó latente un enfrentamiento, que por ahora es frío, entre las dos Américas.

 

Por supuesto, detrás de esta esgrima política y diplomática, hay un duro subsuelo de interés geopolítico y militar. Cuba seguirá abasteciéndose de tecnología, capitales y armamento ruso, al igual que Venezuela, Nicaragua, Ecuador y, en parte, también Argentina, Brasil y Perú. Venezuela ha realizado numerosos ejercicios militares en combinación con instructores del ejército ruso, y ya en dos ocasiones se han realizado importantes maniobras o juegos de guerra conjuntos con efectivos navales y terrestres del ejército ruso.

 

Al mismo tiempo, China ya es el más importante socio comercial e inversionista en la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo a Chile, donde Estados Unidos ha ido quedando cada vez más en segundo o en tercer plano.

 

Y por cierto, en estos tiempos, el juego de los intereses económicos y estratégico-militares, arrastra y sacude los procesos políticos locales y regionales.

 

Hay una militarización creciente de la política. No sólo en la política internacional, en el juego de las zonas de influencia, como el Medio Oriente, Ucrania o el sudeste asiático. No, la militarización ahora se está produciendo también al interior de los estados. De todos los estados en todo el planeta.

 

Desde las dictaduras monárquicas del mundo árabe, hasta la tecno-burocracia financiera que dicta la política europea, y desde la ya inocultable brutalidad policial al interior de Estados Unidos, hasta las estructuras verticales de la China y el Japón.

 

Y por supuesto hay cada vez más personas inteligentes, hombres de ciencia y estadistas, además de muchísima gente de la clase media culta y pensante, que se están dando cuenta de que la democracia está mostrando ser una suerte de hermoso mito, un proceso que durante cierto tiempo y en ciertas circunstancias, pareció tener éxito, pero que ya le está dejando el paso a un poder que maneja la política de manera implacable.

 

Y son muchos los que se preguntan… ¿qué pasó con la democracia? … ¿Hubo democracia alguna vez?…

 

Sabemos que en Atenas, el pueblo griego concibió la idea de establecer un sistema de gobierno y administración de la sociedad, que reemplazara al bruto autoritarismo de jefazos astutos y guerreros.

 

Se estableció que el poder está en el demos, en la gente común, y que de esa gente, de ese demos, deben surgir los gobernantes. Y con ello, la sociedad ateniense paró el desperdicio de talento y la valentía de miles de personas valiosas que eran excluidas por no pertenecer a las familias poderosas, a la “nobleza” o a la “aristocracia”.

 

O sea, Atenas se enriqueció y se hizo poderosa mediante la capitalización de inteligencia y virtudes humanas de los que antes eran menospreciados.

 

Por supuesto, ese pueblo que percibió que se abrían caminos socialmente ascendentes, que podían llevar hasta las cumbres del poder y la riqueza, ése fue un pueblo que sintió el entusiasmo, el estado de ánimo necesario para producir interés, ganas de aprender y ganas de actuar.

 

Más allá de cualquiera concepción ética, cualquiera valoración moral de la política, la democracia ateniense resultó exitosa porque la gente absorbió la nueva realidad de una dinámica de ascenso social.

 

Una chimenea cuyo tiraje podía levantar a cualquiera, y llevarlo a lo alto dejando atrás la pobreza o la mezquina mediocridad.

 

Así, pues, la democracia entusiasmó, creó el estado de ánimo para provocar una vigorosa movilización social, quebrantando los rígidos escalafones de una vieja sociedad militarizada.

 

Igualmente en la antigua China, esos filósofos místicos y humanistas a la vez, como Lao Tsé y Confucio, concibieron algo más o menos parecido. Se trató de la noción de que el poder político, las más altas jefaturas, se producen porque hay personas que se cargan de una energía espiritual e intelectual, que ellos llamaron el Kí.

 

Pero esa energía, ese Kí, no es un objeto que se pueda guardar y atesorar. Los líderes que tienen el Kí, sólo pueden traspasarlo a sus hijos en forma debilitada cada vez más, y generalmente se disipa y se pierde a la tercera o cuarta generación. ¿Se fija Ud?

 

Con ello, aceptaban como legítimo que surgieran otros líderes recién cargados con esa energía Kí. Y esos nuevos líderes podían tener cualquier origen social. Y hubo así generales o incluso emperadores que procedían de familias muy modestas. También en la antigua China, de este modo, se incorporó en el pueblo, en la numerosa base de la sociedad, la noción de que cualquiera podría ascender socialmente hasta muy, muy alto.

 

Frente a esas nociones políticas con alto contenido de dinámica social, quedaban las antiguas nociones conservadoras, de una institucionalidad que debía considerarse intocable, prácticamente sagrada. De hecho la mayoría de los dictados de moral religiosa implican la idea de que el poder es conferido por una divinidad, y que la estructura social exige obediencia y sumisión a ese poder, que finalmente es divino.

 

La expresión más clásica de esa institucionalidad conservadora y justificada por una moralidad suprema, es la organización social de la India, que perduró hasta fines del siglo 20, y que dividía a la gente en castas militarmente calificadas, verticalmente calificadas, desde la aristocracia de los brahmanes, y la segunda clase de los guerreros o chatriyas, descendiendo así hasta la última, la más baja, la de los intocables.

 

Nadie podía pasar de una casta a otra superior. El nacimiento marcaba rígidamente y para toda la vida el destino social de cada uno.

 

Algo similar ocurrió en la Europa medieval, donde la nobleza, con sus subalternos militares o esbirros, sus banqueros y financistas, sus artesanos, sus monjes y campesinos, generaron también una institucionalidad inmovilista y fuertemente vinculada a la genética.

 

El tremendo fenómeno de la llamada “democracia moderna”, en esencia consistió en quebrantar la institucionalidad inmovilista, y en cambio crear de nuevo una dinámica de ascenso social, que, ahora, se manifestaba en la obtención de ganancias en dinero.

 

Eso fue renacimiento de la democracia, que rápidamente fue adornada con atavíos de ideología política, de moralidad y de justicia.

 

Pero con ello, al crearse la libre competencia, se creó también el hecho de que en esa libre competencia los vencedores irían acumulando cada vez más recursos en dinero, con lo que podrían vencer nuevamente a otros, y con mayor facilidad, hasta crear lo que se llamó una “oligarquía”, es decir, el poder concentrado en unos pocos.

 

Con la llegada de las nuevas tecnologías, esos pocos pudieron llegar más lejos en menos tiempo, y producir más con menos esfuerzo humano. ¡Y por supuesto eso pasó a ser la globalización!

 

Bueno, eso es lo que estamos viendo.

 

Cada vez se necesita menos gente para producir las ganancias en la producción de las empresas. Y cada vez más los más ricos acrecientan su riqueza acumulada. La brecha entre ricos y pobres se hace más grande…

 

Por supuesto, aquellos pocos, ese 1% o 10%, desea conservar el sistema social en que todo le resulta tan favorable. Para ellos una institucionalidad solidísima, invulnerable, sagrada, es completamente indispensable.

 

Ya la dinámica social ascendente pierde importancia. De ahí que la clase media en Europa y Estados Unidos está empobreciéndose cada vez más. Y al mismo tiempo, el entusiasmo, el estado de ánimo de la movilidad social, se está disipando. Ud. lo ve en la cada vez menor participación de la gente en los procesos electorales en todas las elecciones del mundo.

 

¿Puede haber democracia cuando el demos ya no tiene el poder ni tiene tampoco ganas de tenerlo?

 

Una noticia estruendosamente seria se produjo esta semana en Estados Unidos. Fíjese que un general de alto rango, con grado de mayor-general y vice comandante de las fuerzas aéreas de ataque de Estados Unidos, el señor James Post III, fue destituido de su cargo por haber instado a un grupo de 300 pilotos y altos oficiales de la fuerza aérea, a que se negaran a entregar información cuando les fuese requerido por el Congreso de los Estados Unidos.

 

De hecho, el general Post declaró que entregar esa información que requiriera el Congreso, sería un acto de TRAICION militar.

 

Bueno, alguien acusó a su general, y el alto mando lo destituyó. Según algunos congresistas, ese general debería haber ido a la cárcel por instar a una insurrección militar contra el gobierno civil.

 

 

Así pues, en Brasil, grupos derechistas apoyados por las grandes empresas financieras, están insistentemente llamando a que haya un golpe militar contra el gobierno de Dilma Rousseff y la coalición en torno del Partido de los Trabajadores. En febrero de este año, la oposición derechista realizó una marcha multitudinaria exigiendo una intervención militar contra lo que llamaron “el régimen comunista de Dilma Rousseff”.

 

Algo similar, aunque en tono más sordo y disimulado, se está produciendo en Argentina. Y aquí, en Chile, el ex senador Sergio Bitar exigió que se de apoyo a los viejos partidos políticos, en defensa de la institucionalidad, para impedir que surjan lo que él llamó “líderes populistas”, y preguntó derechamente: ¿Acaso quieren que venga otro gobierno militar?

 

 

Los sistemas políticos envejecen y se corrompen.

 

Los nacionalismos, desprovistos de auténtica soberanía, se convierten en simples tonterías.

 

Y la gente, sin creer ya en la dinámica social, está muy ocupada tratando de ganar algo más de plata, y no tiene interés en ir a votar.

 

¿Será que se nos viene encima una “alternativa” con guaripola, bombo y hartas bayonetas?

 

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro.

 

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