Concepción, el MIR y la lucha antidictatorial. Fragmentos de una historia por contar

Concepción, el MIR y la lucha antidictatorial. Fragmentos de una historia por contar

Lucía Sepúlveda Ruiz / periodismosanador.blogspot.com

Fue tarea prioritaria de los servicios secretos del régimen de Pinochet, la DINA y la CNI, impedir que se fortaleciera el MIR en el territorio que fue su cuna, y desde donde surgieron y se legitimaron dirigentes históricos como su secretario general, Miguel Enríquez, y Luciano Cruz, entre otros. En contrapartida, en lo que es hoy la región del BioBio, hombres y mujeres retomaron esas banderas con dignidad y coraje, llevando adelante nuevas y valiosas experiencias de lucha de resistencia, con dolorosos costos en pérdidas de vidas y en prisión política. En la zona cayeron dos miembros de la primera escolta presidencial del Presidente Allende. Recojo aquí, al calor del 50 aniversario de la fundación del MIR y en contraste con la descomposición total de la política tradicional en Chile, fragmentos inconclusos de una refulgente historia de esa región que se entrecruza con mi propia vida militante. Es una memoria parcial abierta a ser sistematizada de forma integral desde el BioBio. Estas notas se centrarán en los inicios de los años 80, y los antecedentes previos al surgimiento de las protestas, época en la que milité en la región del BioBio.

En septiembre del 73, fue ultimado en el regimiento de infantería de Montaña Nº17 de Los Ángeles, Jaime Araya, “Capulo”, estudiante de topografía y destacado jefe del Comité Local Los Ángeles, del MIR. Sus compañeros de militancia testimonian que los protegió, resistiendo valerosamente la salvaje tortura. En su detención participaron civiles de Patria y Libertad.

En Mulchén, también a días del golpe militar, Jorge Narvaez, de 15 años, dirigente del FER, fue detenido por miembros de Patria y Libertad que colaboran con carabineros.

También en septiembre, en Hualpencillo, habían sido detenidos los militantes José Castro, zapatero, quien desapareció y Ernesto Mardones, estudiante universitario, que fue ejecutado.

En octubre del 73, Máximo Neira (“Moncho”) y Hugo Candia (“Chayo”, 21 años), dirigentes sindicales miristas de Sigdo Koper y del cordón industrial de Talcahuano, fueron ejecutados en el Fuerte Borgoño de la Armada, tras prolongadas torturas.

La resistencia inicial en Chillán

El horror se desató el 14 de septiembre de 1973 en Niblinto (precordillera de Chillán). Una veintena de jóvenes de la ciudad, la mayoría miristas, había subido a ese lugar después del 11, para resistir el golpe y/o eludir la persecución. Fueron emboscados por un latifundista de apellido Cofré y sus peones rurales más carabineros, cuando intentaban la retirada en una micro conducida por el dirigente mirista Fernando Carrasco. El y Bernardo Solís, estudiante de Pedagogía, fueron baleados por la espalda. Antes de refugiarse en la precordillera, uno de los sobrevivientes vio vivos a los dos jóvenes al costado del vehículo, pero ellos aparecieron rematados en el puente del río Niblinto. Nunca se hallaron los restos de José Romero, estudiante universitario de Trabajo Social (22 años), de quien su padre escribió: “Viajó con un grupo de compañeros a la precordillera, para desde ese lugar, luchar por el Gobierno que se dieron los chilenos. En el retén de Niblinto son baleados y dos de sus amigos, asesinados con las armas que el pueblo puso en las manos de la policía”. Tampoco apareció el cuerpo de Nelson Varas (normalista). José y Nelson fueron golpeados y torturados por los peones en el sector Minas del Prado y entregados a carabineros del retén de Niblinto.

el galpónLos perpetradores uniformados, carabineros (al mando del hoy capitán Luis Valdés Castillo) apoyados por el regimiento de infantería de montaña Nº9, así como los civiles identificados por los sobrevivientes, están libres por orden de la Corte de Apelaciones de Ñuble, o ya han muerto de viejos. Pero a 42 años de la masacre, fue reabierta recientemente la causa por la muerte de Fernando Carrasco, el chofer de la micro. La exhumación de sus restos ordenada por el ministro en visita Claudio Arias fue fijada para el 28 de septiembre de 2015. Hasta ahora la Corte de Apelaciones de Ñuble ha dictado apenas dos sentencias por las detenciones y ejecuciones de tiempos de dictadura, sellando la impunidad. Sólo un ex general de ejército, Patricio Jeldres cumple pena efectiva por esos crímenes, en Punta Peuco. En ese marco es lógico que Rosauro Martínez, hoy acusado en Valdivia por los hechos de Neltume en que comandó en 1981 la ejecución de guerrilleros miristas desarmados, haya sido hasta su procesamiento diputado por Ñuble, representando a la pinochetista UDI.

En Chillán, la represión contra el MIR y el pueblo no amainó después de los hechos de Niblinto. En octubre del 73 desaparecieron Roberto Avila, originario de Tomé, sacado de la Escuela Normal de Chillán por efectivos de Investigaciones, y el obrero Ernesto Torres, trabajador del Hogar de Cristo, miembros del MIR.

El electricista de IANSA, Luis Ibarra, dirigente poblador, se presentó voluntariamente a carabineros en Chillán y desapareció. Ricardo Troncoso, periodista y director de teatro, corresponsal de Vea y “Puro Chile” fue detenido en octubre de 1973 y permanece en calidad de desaparecido. Eduardo Crisóstomo, estudiante de agronomía, fue detenido y también se perdió para siempre su rastro. También desapareció en 1973 Guillermo Fuentes Ravanal, obrero mirista.

En abril de 1974, la DINA aniquiló a la clandestina dirección regional del MIR de Chillán, secuestrando en el Regimiento de Infantería de Montaña N° 9 de Chillán a Rolando Angulo, asistente social (Universidad de Concepción) junto a Ogan Lagos, estudiante de agronomía de la U de Concepción, y Bartolomé Salazar, profesor de castellano en el Liceo de Niñas chillanejo. Tras la tortura y muerte, sus cuerpos fueron abandonados en distintos sitios. En 1975, desapareció desde la Villa Grimaldi, donde fue visto por testigos tras su detención en Santiago, el estudiante chillanejo Humberto Patricio Cerda.

Golpe al MIR de Tomé

El 28 de septiembre del 73, Ricardo Barra (“Miguel”), obrero de la textil FIAP de Tomé, murió por torturas al interior del Fuerte Borgoño de la Armada, convertido en centro clandestino de detención y tormentos.

En octubre de 1973, efectivos de la Armada ultimaron a la dirección local del MIR. En el sector Quebrada Honda (mencionado como Paso Hondo en el Informe Rettig) fueron acribillados los dirigentes del MIR Miguel Angel Catalán, “Pepe” (estudiante); Tránsito Cabrera, “Manuel” (dirigente sindical de la textil FIAP), y Héctor Lepe, “Rojitas” (ex miembro de la primera escolta del Presidente Salvador Allende, “GAP” formada por el MIR). Tres días antes habían sido condenados a penas de cárcel por un Consejo de Guerra.

Jane, Rudy y Eulogio

José Carrasco Tapia (Pepone), destinado tempranamente a la reorganización del partido en la región del BioBio, fue detenido allí en diciembre de 1974 (y asesinado en Santiago en 1986 cuando ejercía el periodismo militante tras su retorno). Luego de la detención de Pepe, su compañera brasileña Jane Vanini, cayó en bravo y solitario combate al ser allanado su domicilio en la población Lorenzo Arenas por efectivos del Ancla 2 de la Armada. Un mes antes había sido secuestrado y desaparecido el dirigente poblacional del MIR Rudy Cárcamo, “el Vietnamita” (28 años al momento de la detención) también por el Ancla 2. Rudy Cárcamo había sido miembro del primer GAP (escolta personal) del Presidente Allende. Según relató posteriormente su jefe político, el Vietnamita se había negado a dejar la región para protegerse luego de una primera detención, afirmando: “Aunque yo sea el último mirista, aquí me quedaré peleando contra estos milicos hijos de puta”. Torturado sin tregua, se mantuvo íntegro constituyendo uno de los casos más probados de extraordinaria valentía, honor y entrega revolucionaria.

A comienzos de 1974, Eulogio Fritz (“Duro Pablo”) asumió como jefe del MIR de Concepción. Al igual que Rudy Cárcamo, este minero y dirigente del MIR de Lota y Coronel, había decidido quedarse en la zona, sin embargo fue destinado a tareas de dirección nacional en Santiago. En febrero de 1975 la DINA le tendió una emboscada, asesinándolo por la espalda cuando acudía a realizar un “punto de contacto” (encuentro callejero) en la comuna santiaguina de Estación Central. Tenía 30 años. Apenas meses después, en septiembre, en un falso enfrentamiento en el Barrio Universitario de Concepción, es asesinado el estudiante Marcos Montecinos. En Talcahuano el tornero Oscar Arros murió en manos de la DINA, mientras que Luis Villegas, conscripto de la Armada y simpatizante del MIR fue asesinado en el centro clandestino de detención del Fuerte Borgoño.

Esos eran los años de soledad política del MIR, aunque en gran parte de la militancia, golpeada y diezmada, el compromiso era total, respondiendo a un sentido de lealtad con el pueblo. Cada encuentro con un compañero o compañera era la posibilidad cierta de caer detenido. Pero en nuestras retinas todavía estaban las marchas y movilizaciones de los tiempos de la Unidad Popular, cuando el MIR había crecido y surgían consignas y políticas –como la de “Crear, crear, poder popular”- que pronto eran apropiadas por otros sectores. La memoria de las luchas campesinas y pobladoras era una fuente de fortaleza para sostener el compromiso político en las nuevas y duras condiciones.

El “joven” MIR y sus miembros idem

En el período que va de 1974 a 1975, cuando el MIR apenas cumplía 9 años, y la mayor parte de sus militantes tenían menos de 30, entre los 119 resistentes que desaparecieron en la Operación Colombo llevada a cabo en esos años, la mayoría miristas, varios eran originarios de la región del BioBio o habían estudiado allí. Ellos eran Washington Cid, Roberto Chaer, Muriel Dockendorff, Luis Durán, Hernán González y María Elena González, José Jara, M. Teresa Eltit, Juan Carlos Perelman, Sergio Lagos, Ariel Salinas, Marcelo Salinas, Eduardo Miranda, Manuel Villalobos  y Héctor Zúñiga. La “Lista de los 119” fue un montaje de la DINA para encubrir la desaparición de quienes iniciaban la lucha de resistencia y para sembrar el terror en quienes los apoyaban. En la misma época, los dirigentes históricos del MIR formados en Concepción cayeron en combate como el propio Miguel Enríquez, fueron desaparecidos como Bautista von Schowen, o fueron detenidos en la Operación Cóndor como Edgardo Enríquez (en Argentina, desaparecido) y Jorge Fuentes (en Paraguay).

Resistir en prisión

El ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción y miembro del CC del MIR Jorge Fuentes (el “Trotsko”) sociólogo, cayó detenido en mayo de 1975. Fue arrestado al ingresar a Paraguay junto al hermano de Mario Roberto Santucho, dirigente del PRT argentino. Lo trasladaron en secreto a Bolivia, luego a Arica y de allí al campo de concentración de Cuatro Alamos en Santiago. La detención del dirigente del MIR está enmarcada en la Operación Cóndor que coordinó las prácticas de terrorismo de Estado de las policías secretas de las dictaduras de Chile, Argentina, Paraguay, Brasil y sus aliados. Su arresto figura en los archivos desclasificados de la CIA. Testigos vieron por última vez a Jorge Fuentes en enero de 1976 en Villa Grimaldi.

Integro y vital, pese al año de constante tortura y ensañamiento, cada día “cantaba y levantaba el espíritu de sus compañeros”, según testimonian ex presos de ese recinto. El crimen permanece aun en la impunidad.

La “Operación Retorno”

A comienzos de los 80, avanzaban trabajosamente en Santiago, Concepción y Valparaíso las tareas de reconstrucción interna y la consiguiente organización de la resistencia. La dirección exterior del MIR leía en forma magnificada estos datos, sin caracterizar tampoco adecuadamente a la dictadura, en fase de consolidación y avance de su ofensiva contrainsurgente.

Nosotros, miembros de la dirección interior no lo sabíamos, pero estaba en marcha ya desde el partido exterior, la Operación Retorno para compañeros y compañeras exiliados, muchos de ellos ex presos políticos, convocados a desarrollar tareas que se suponía fortalecerían al golpeado partido y que requerían una instrucción superior de la que carecía la militancia.

El retorno era parte del llamado “Plan 78” impulsado por la Comisión Política y la dirección exterior del MIR, e implicaba desarrollar trabajos de resistencia en todos los planos, de manera de tener una organización fortalecida a nivel político y social, capaz de ser una base de sustentación para el desarrollo inicial de la guerrilla urbana y luego de la guerrilla en Neltume y Nahuelbuta, fases superiores de una estrategia caracterizada como de “guerra popular prolongada”. Abrazábamos esta estrategia y entendíamos que había un rol para todos en la lucha antidictatorial. En ese tiempo, en Chile teníamos respuestas para todas las preguntas…

Pero la nunca socializada discusión generada en la dirección exterior por la implementación del Plan Retorno, incubó los gérmenes de la división del MIR, un proceso acelerado posteriormente por el peso de los siguientes golpes represivos, y oscurecido por malas prácticas y estilos de dirección, amparados en la obligatoria e inevitable clandestinidad.

Del discurso a la acción

En ese marco, desde el 79 y como preludio del retorno, el MIR iniciaba en Chile la fase de la “Propaganda Armada” que implicaba desarrollar acciones en las que se buscaba golpear a la dictadura en sus flancos débiles y evidenciar que las armas no eran monopolio del enemigo. Se buscaba marcar presencia y alentar a los hombres y mujeres del pueblo, ya que a ojos de todos, la izquierda había sido totalmente exterminada.

Nuestro modelo era la lucha de los vietnamitas que veíamos tan desigual como la nuestra, así como el inicio de la revolución cubana. En la parte política de las primeras escuelitas de preparación para la lucha, transmitíamos esas experiencias a compañeros y compañeras. Unos pocos habían hecho el Servicio Militar pero la gran mayoría no teníamos entonces ningún tipo de formación de ese tipo, lo que se suplía –hasta la llegada de los retornados – con una instrucción mínima y una enorme confianza en la victoria .Visto a la distancia, esa confianza que para nosotros era una expectativa lógica, era una creencia exótica para la gente común y corriente.

Entre las acciones de propaganda armada estaba la colocación de bombas de ruido en bancos, empresas o casas o lugares de entretención ligados a la dictadura y sus cómplices. La toma de buses fue otra forma utilizada para hacer propaganda armada. La primera toma se llevó a cabo en marzo de 1979, en Santiago, cuando el Comando “Bautista von Schowen”, un grupo de compañeros armados y encapuchados, previamente acuartelados, detuvo un bus de MADECO, cerca de la industria. En el mando estuvo Ernesto Riquelme (“Yeti”), ex dirigente sindical metalúrgico, posteriormente muerto en un accidente provocado por la DINA. Quien arengó a los atónitos obreros de MADECO fue una compañera, llamándolos a integrarse a la resistencia, denunciando los despidos y la superexplotación de los patrones.

María Galindo

Esas acciones estaban ligadas a los esfuerzos que desarrollábamos para recomponer la organización sindical, tarea en las que en 1976 había sido secuestrada y desaparecida María Galindo, de Coronel. Ella era dirigente del sindicato de la Pesquera de Boca Sur, en San Pedro al momento del golpe y dirigente Nacional de la Juventud Obrera Católica, JOC. Con María y Ernesto Riquelme habíamos trabajamos elaborando volantes y preparando un mitin para el 1 de mayo de ese año.

En abril del 80 el comando “Diana Aaron” llevó a cabo la toma del casino de la Editorial Gabriela Mistral, la ex Quimantú donde había trabajado Diana, otra compañera desaparecida. No había aun medios de comunicación opositores. Sólo la prensa clandestina informaba del quehacer de la Resistencia a los pequeños sectores organizados. En esos años la dictadura acuñó el término de “terroristas” para los miristas, obviando el terror de los secuestros, desapariciones y ejecuciones iniciados el 11 de septiembre y vividos con la mayor intensidad entre los años 74 y 76.

Ya el 30 de marzo de 1980, en Santiago el comando “Javiera Carrera” rescató la bandera de la Independencia, iniciando el accionar más audaz y especializado de las Milicias de Resistencia Popular. Un mes después, en abril, en el cerro Santa Lucía se atacó la denominada Llama de la Libertad. También se realiza en esos tiempos la toma de un camión distribuidor de leche y el reparto de productos lácteos en la emblemática población La Victoria, de Santiago.

La primera emboscada

A mediados del año 1980, en Santiago, la Fuerza Central del MIR ajustició en una emboscada callejera al teniente Coronel Roger Vergara, miembro de la inteligencia del ejército. La persecución al MIR se hizo aun más intensa, sofisticada y especializada. Las acciones, bien recibidas por los sectores de familiares de presos políticos y desaparecidos, no lograban abrirse camino para ser entendida por más amplios sectores. El Partido Comunista no impulsaba aun acciones armadas y sistemáticamente desconocía las acciones del MIR y la Resistencia, sosteniendo que sin excepción eran obra de la dictadura.

Por su parte la DINA y luego la CNI, en varias ocasiones encubrió impunemente asesinatos que realizó en la región, presentándolos como acciones con explosivos, como hizo en Concepción en junio de 1979, a raíz de la muerte de los compañeros Alberto Salazar, ex marino mirista e Iris Vega, de Lota, también del MIR y familiar de detenido desaparecido, suceso presentada en los medios como el resultado de la colocación de una bomba en la Radio Nacional. Otro antiguo dirigente del MIR de Chillán, Nelson Espejo, también murió portando una bomba según la versión oficial. Documentos desclasificados de la CIA, conocidos en 2005, incluyen información acerca de la “implantación de una bomba” para concluir tareas de seguimiento de militantes del MIR. Ello induce a concluir que en 1977 el bombazo que ultimó a Nelson Espejo y a Juan Ramírez V. en una casa de la comuna santiaguina de Conchalí, habría sido obra de la DINA.

En 1985, Jaime Orellana y Nelson Lagos (sociólogo, U de Concepción) murieron en una explosión cuando estalló la bomba que estaban armando en una casa, en Chillán. Era el tercer hijo que su madre perdía por la dictadura. Ogán Lagos, estudiante de agronomía, fue detenido y ejecutado por una patrulla que lo sacó de la cárcel de la ciudad en abril de 1974; y Sergio Lagos, fue detenido en Santiago en 1975 y desde entonces, desapareció.

En junio de 1987, muere por la explosión de una bomba Mario Carrillo, en Los Angeles donde se había insertado como obrero forestal. En su Coronel natal, Mario fue un destacado deportista; estuvo preso, fue expulsado del país y retornó clandestinamente para luchar contra la dictadura.

Viajando con “Anita”

Llegué a Concepción a comienzos de los 80, cuando la dirección nacional del MIR procuraba reconstruir el partido en las ciudades y regiones más importantes del país. Viajé desde Santiago en un bus cualquiera con mi pequeña hija, el Aka asignado (“Anita”) apenas camuflado en la maleta, y un colchón de espuma doblado por la mitad. Nos instalamos temporalmente en Penco, en una casa que estaba en un cerro en la subida de la CRAV, junto a un compañero obrero y su familia, también recién llegados de Santiago. Ellos habían aceptado trasladarse a la región y por un corto tiempo cubrieron mi “fachada” hasta que me fui a Chiguayante. Yo estaba clandestina, pues era conocida mi condición de mirista en el tiempo de la Unidad Popular. Augusto Carmona, mi compañero y padre de mi hija, había sido asesinado en diciembre del 77 por la CNI, el primer crimen ordenado por Odlanier Mena.

1980 fue el año en que la dictadura impuso el Plan Piñera, el nuevo Código Laboral, rechazado por los sectores obreros ligado a la resistencia. En la capital se realizaron acciones milicianas de apoyo a las primeras huelgas, de las textiles Panal y Promatex, al tiempo que se lanzaba por primera vez la consigna: “Pan, trabajo, justicia y libertad”. En diciembre de 1980, en la toma de un bus de la Compañía Tecnoindustrial por el comando “Juan Olivares” de las Milicias, en el sector La Feria, se hizo una barricada, quema de neumáticos y volanteo además de instalar un lienzo de apoyo a la huelga. Al calor de esas primeras experiencias de lucha sindical en dictadura se formó el Comando Coordinador de Trabajadores (CCT) con PANAL, PROMATEX, Lanera chilena, Metaltex, TEC, Profarma y MADECO. De estas experiencias tan primarias de reactivación daban cuenta sólo El Rebelde y la Agencia de Información de la Resistencia (AIR).

En Concepción la dictadura comenzaba también a aplicar el Código laboral, advirtiendo a los mineros de la Empresa Nacional del Carbón que no habría más inversión estatal en la industria. Eso también generó los primeros intentos de recomposición sindical y política en la cuenca del carbón. En 1981, el comando “Lautaro, Libertador de Arauco” hizo estallar una bomba de ruido en la Aseguradora de Fondos de Pensiones (AFP) Invierta, entonces ubicada en Maipú con Rengo (Concepción).

Los miembros del “Teatro de Operaciones Sur”, pomposo nombre asignado por la dirección nacional a los dirigentes miristas de los sectores político y militar, nos reuníamos en ocasiones en Penco, o en San Pedro, para evaluar y planificar el desarrollo del partido revisando los avances y compartiendo preocupaciones. Allí participaban Nelson Herrera, a cargo del trabajo en Temuco; Luciano Aedo, por la zona minera, “Eduardo” y/o “Mackenna” por las tareas militares, entre otros y en ocasiones, algún miembro de la Comisión Política como Manuel Cabieses o Andrés Pascal, retornados el 79. No así Nelson Gutiérrez que no retornó en dictadura.

Derechos humanos y el CODEPU

Tras el hallazgo de los cuerpos de detenidos desaparecidos en los hornos de Lonquén se había realizado la primera huelga de hambre de las organizaciones de familiares, en 1979. En Concepción se encontraron asimismo ese año los restos de los desaparecidos de San Rosendo y Laja, crimen aun impune. Los funerales realizados en noviembre en la Iglesia de San José constituyeron una manifestación de repudio a la dictadura, con una movilización que llegó hasta Laja. En 2015, reabierto el proceso, hay declaraciones que involucran al clan Matte, dueño de la Papelera.

La Vicaría de la Solidaridad, desde los inicios acompañó a los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados, pero la iglesia no tuvo igual disposición para defender a los presos miristas y miembros de la resistencia acusados por las acciones armadas del período, que ellos llamaron “delitos de sangre”. Así fue como nació en 1980 en Santiago el Comité por la Defensa de los Derechos del Pueblo CODEPU, con una concepción de los derechos humanos de total vanguardia para el período. Asumía la defensa legal y política de la lucha antidictatorial en todas sus formas, apoyando al mismo tiempo las demandas de las organizaciones autónomas que se fueron dando los sectores sociales. El CODEPU fue una iniciativa impulsada en forma clandestina por el MIR y llevada adelante con enorme coraje y consecuencia por una pléyade de hombres y mujeres destacadísimos, tanto del MIR como del Partido Socialista y comunista. En Santiago, dieron la partida a la nueva organización su presidenta, la abogada Fabiola Letelier, y la monja Blanca Rengifo, como organizadora y alma de la entidad, junto al Padre Rafael Maroto, el doctor Manuel Almeyda (PS), el abogado Fernando Zejers, la doctora Laurita Moya, y la ex diputada María Maluenda (PC), entre otros, en noviembre de 1980.

En Concepción, un equipo de abogados formados en Ecuador, encabezado por Juan Parra, secundado entre otros por Carlos Cabrera y René Carvajal, encabezó tiempo después, en 1981 la tarea de levantar el CODEPU regional que en corto tiempo contribuyó a generar un espacio de aliento para las luchas populares, estudiantiles, antirepresivas y de resistencia en el sur. Al amparo del CODEPU se replicaron también las primeras organizaciones sociales antidictatoriales, que entonces, para resaltar su autonomía respecto de los organismos de la dictadura, caracterizábamos como “democráticas e independientes”: la COAPO (Coordinadora de Agrupaciones Poblacionales), la UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos), y el CCT (Comité Coordinador de Trabajadores). Las reivindicaciones de las mujeres comenzaban a aparecer vía los CODEM (Comités de Defensa de los Derechos de las Mujeres) levantados a veces por compañeras que en el exilio habían hecho suyo el discurso de género, hasta entonces sin expresión social. Los estudiantes de la U de Concepción comenzaban las primeras acciones de resistencia cultural y local, enfrentando a Guillermo Clericus, rector designado. Todo ello acompañado por las coplas del “Canela”, cantor popular cuya voz no callaba nada de lo ocurrido en la región.

Años después, en julio de 1984, la CNI ejecuta en Santiago (tras detenerlo en la Rotonda Departamental) al secretario ejecutivo del CODEPU de la capital, y fundador de la Agrupación de Profesionales Democráticos APD, el profesor de historia Patricio Sobarzo, mirista. El dirigente del CODEPU, penquista, “surcador de todos los caminos”, como se autodescribe en un poema, había tenido también un rol destacadísimo en las tareas de reconstrucción del partido en la región a comienzos de de los 80. En Chillán fue dirigente de la UNED e impulsor incansable de la resistencia cultural como estudiante de la sede BioBio de la U de Chile. El asesinato del joven dirigente del CODEPU y del frentista Enzo Muñoz tuvo lugar cuando éste intentaba ayudar a un miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien tras una acción, herido y sin recursos, había solicitado apoyo al CODEPU. El crimen fue presentado por la dictadura como un enfrentamiento.

Mitines, cadenazos y censura

A partir de 1981, fechas como el 1 de mayo, el 8 de marzo y el 15 de agosto (fundación del MIR) mostraron en forma incipiente una resistencia coordinada a nivel nacional, con mitines relámpago, bombazos, rayados, y otras manifestaciones de desobediencia civil en las que la resistencia de Concepción y la región participó como lo hicieron Santiago, Valparaíso y más tarde Valdivia y otras ciudades. Los cortes de calle, los cadenazos (apagones parciales) y las barricadas en poblaciones se fueron generalizando en la misma medida que la cesantía aumentaba y se extendía la organización política y social de los sectores populares. En diciembre de 1982 los incidentes y barricadas se trasladaron al centro de Concepción, con lienzos y bombas falsas en la Fiscalía Militar, y cortes de electricidad en grandes zonas de la ciudad.

La censura siguió funcionando a pleno en Concepción en esos años. En tiempos que había gran descontento sindical en la zona minera, donde el MIR tenía presencia en el Sindicato 5 de Coronel, desarrollé un discreto (creía yo) trabajo de apoyo, elaborando el libreto para un programa de radio que tenía semanalmente un folklorista en Radio Talcahuano, una emisora privada que arrendaba espacios. Salieron al aire varias emisiones dedicadas a los mineros y sus demandas. Pero cuando se emitió el programa con la historia de La Huelga Larga de los mineros del Carbón, las represalias fueron inmediatas y el programa fue clausurado. La radio continuó con sus emisiones pero en 1984 efectivos de la armada requisaron sus equipos y derribaron la antena cerrando la estación.

Radio Liberación en Concepción

En 1983, se conformó con militantes de la zona, un equipo de Radio Liberación para Concepción y Talcahuano, capacitado en una sola reunión en Cartagena por el equipo central a cargo de esa tarea. La primera interferencia en tv fue el 30 de agosto de 1983, en tanto que otras emisiones se hicieron en FM y se desarrollaron entre diciembre de 1984 y mayo del 85.Para cada emisión, de no más de tres minutos, se contaba con un transmisor, una batería y una antena, y se requería estudiar previamente la situación operativa. No se podía transmitir dos veces desde un mismo lugar para no ser detectado.

Desde los 80 se imprimía en la región el Rebelde, el periódico mensual del MIR, en varios talleres dotados de mimeógrafos clandestinos y se distribuía regularmente entre los sectores sociales más activados.

Sabotear y expropiar

En el marco de los esfuerzos de la dictadura por consolidarse a través de las llamadas “modernizaciones” que instalaron los nefastos sistemas previsionales, laboral, de municipalización de la educación, entre otros, el MIR impulsaba la realización de acciones de sabotaje para dañar los bienes de los grupos económicos que profitaban del régimen. En marzo de 1981, Milicianos de la Resistencia Popular incendiaron varios castillos de madera de pino del aserradero San Pedro, ubicado cerca de la rotonda San Pedro/Concepción. En 1982, el comando miliciano denominado “Luis Pincheira” en homenaje al combatiente originario de Coronel, ejecutado en Santiago en 1981 por la CNI (Caso Calcinados), lanzó bombas molotov a una locomotora “Diesel” de transporte de maderas y carbón en el paso sobre nivel de la población minera “Camilo Olavarría” de Coronel.

Una acción de gran impacto se produjo en abril de 1982 cuando en breves minutos, milicianos expropiaron fondos de la sucursal universitaria del Banco Concepción, logrando expropiar poco más de dos millones de pesos. Un aterrado y acobardado Clericus, rector de la U, estaba entre los clientes que fueron reducidos por los combatientes de la Resistencia Popular. En Santiago, las milicias ya habían desarrollado numerosas acciones de este tipo, seguidas por las llamadas “tripletas”, asaltos bancarios simultáneos a 3 sucursales, recibidas con aliento y simpatía por los sectores populares.

En septiembre de 1983, ya en el marco de las protestas nacionales, se retomó en la región el sabotaje con explosivos en tres torres de alta tensión de Endesa, y en la cañería matriz que abastece de agua a la planta siderúrgica de Huachipato, paralizando algunas unidades de la planta. En la protesta nacional del 11 de mayo de 1984, milicianos de la Resistencia Popular de Concepción interrumpieron el funcionamiento del ferrocarril, volando esa madrugada el puente La Araucana (entre Hualqui y Omerhuet).

Represión contrainsurgente

Los avances de la Resistencia en la región del BioBio tuvieron una brutal respuesta de la represión, que cada vez fue destinando mayores efectivos para lograr el aniquilamiento del MIR, en un trabajo de largo plazo. En abril del 81 cuando se preparaban las acciones del Primero de Mayo, un grupo importante de militantes de varias estructuras del MIR de la región, entre las cuales estaba la combatiente Arinda Ojeda, retornada, fueron detenidos simultáneamente, torturados y condenados a largos años de prisión que cumplieron ella, compañeros y posteriormente otras mujeres notables, levantando la lucha de resistencia en la cárcel de Coronel y otros recintos.

En agosto de 1981 la DINA ejecutaba en Santiago en un falso enfrentamiento a Lisandro Sandoval Torres (“Layol”) tomecino, perseguido desde su retorno legal a la región del BioBio desde Italia. Sus funerales fueron una expresión del sentimiento antidictatorial y el dolor de un pueblo por el asesinato de jóvenes luchadores.

En septiembre del mismo año logré evitar mi propia detención, burlando el cerco represivo instalado en el sector Chiguayante-La Leonera con el apoyo de redes construidas en la zona, y fui asignada por el partido a otra región.

El 23 y 24 de agosto de 1984 la CNI ejecutó una gigantesca operación terrorista conocida en la zona como la Matanza de la Vega Monumental, y denominada Alfa Carbón por la CNI. Su objetivo era dar un golpe decisivo al avance del MIR y la resistencia en el sur, eliminando a sus principales dirigentes y presentando los hechos como un supuesto enfrentamiento. Así, fueron asesinados en Hualpencillo, Luciano Aedo; en la Vega Monumental, Mario Lagos, mientras Nelson Herrera lo fue en el camino a Santa Juana. En Los Ángeles fue asesinado Mario Mujica; en Valdivia fueron ejecutados Rogelio Tapia y Raúl Barrientos y también lo fue Juan José Boncompte. Hubo asimismo19 detenciones. Frente a la Vega Monumental los vecinos comenzaron espontáneamente desde los primeros años, a rendir homenaje a los caídos cada 23 de agosto, mientras sus familiares y amigos iniciaban la larga lucha por justicia.

A 31años de la masacre, la impunidad indigna. Aun no hay condenas. Alvaro Corbalán (mayor, jefe de la División Antisubversiva de la CNI, desde el Cuartel Borgoño, de Santiago) y Marco Derpich Miranda (coronel coordinador de la Operación en la región) dirigieron la operación encomendada a un centenar de agentes que realizaron los seguimientos para luego ejecutar los crímenes. El ministro en Visita Aldana ha procesado lenta y selectivamente a sólo cuatro oficiales y a menos de 20 agentes, pese a estar claramente acreditada la participación de decenas de implicados, civiles y militares.

La huella y los caminantes

El MIR en que luchamos en esos años no sobrevivió. Pero sí está viva la huella política, ética y humana de su accionar pleno de dignidad y rebeldía en los años de lucha de resistencia y también de su aporte a partir de los años de la fundación y particularmente durante la Unidad Popular, cuando más creció y cuando sus políticas fueron adoptadas por otras fuerzas políticas.

La huella del MIR aparece cuando escarbamos un poquito no más en luchas de todo tipo, en colectivos, experiencias, casas de memoria, organizaciones socio-ambientales, grupos juveniles o poblacionales y en los diferentes experimentos políticos en desarrollo en Concepción y en el país. Y en la región también se hace visible en el espacio público recuperado: en la población Juan Valenzuela de Coronel, cuatro calles recuerdan a cuatro combatientes de la resistencia popular contra la dictadura: María Galindo, Eulogio Fritz, Pantaleón Pincheira y Mario Amigo.

En un contexto muy diferente al de los años de dictadura, un requisito y un deber del presente es aprender a interpretar la huella del MIR para no hundirse en ella y con ella; saber leer la historia y la memoria sin quedar atrapados por ella; leer sin copiar, como estudiantes avanzados; utilizarla creativamente como una herramienta analítica adicional para el trabajo desde los movimientos sociales, y para la relación de estos con la política.

Santiago, septiembre de 2015, a 50 años de la Fundación del MIR

Fuentes:

– Notas personales

– “Resistencia política y origen del movimiento social anti dictatorial en Chile (1973-1988) tesis de grado de Robinson Humberto Silva Hidalgo, Universidad de Barcelona.

– Comité Verdad y Justicia Ñuble

– Querella Víctimas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR Chile, 2001, consultada en Archivo Chile

-Memoria Viva

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