Hoy, 1 de abril de 2025, se cumplen 34 años del ajusticiamiento de Jaime Guzmán Errázuriz, ideólogo de la dictadura, impulsor del golpe de Estado de 1973, fundador de la UDI y principal artífice de la Constitución de 1980, la misma que fue tantas veces criticada en las movilizaciones previas al gran Estallido Social de 2019.
Guzmán, quien entonces se desempeñaba como senador, fue interceptado por un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo (FPMR-A) a la salida del Campus Oriente de la Pontificia Universidad Católica, donde dictaba clases de Derecho Constitucional. Recibió dos disparos que le provocaron la muerte tras tres horas de agonía en el Hospital Militar.
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El asesinato ocurrió en el contexto del primer gobierno post-dictatorial, encabezado por Patricio Aylwin, figura clave en la articulación del golpe de Estado de 1973. La tarde del 1 de abril de 1991, Guzmán terminó su jornada académica y abordó el vehículo de su chofer con dirección a la sede de la UDI. A las 18:27 horas, en la intersección de avenida Battle y Ordóñez con Regina Pacis, fue emboscado por un comando del FPMR-A. Según los informes, Ricardo Palma Salamanca efectuó los disparos.
Al Hospital Militar acudieron figuras cercanas a Guzmán, como el dictador Augusto Pinochet, Pablo Longueira y Joaquín Lavín. A pesar de los intentos médicos, el senador falleció horas después.
El operativo estuvo a cargo de Ricardo Palma Salamanca, Raúl Escobar Poblete, Galvarino Apablaza, Mauricio Hernández Norambuena y Juan Gutiérrez Fischmann. Palma Salamanca y Hernández Norambuena fueron detenidos en la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago hasta su cinematográfico escape en helicóptero en diciembre de 1996. Posteriormente, «Ramiro» fue arrestado en Brasil, donde pasó 17 años en condiciones extremas antes de su extradición a Chile en 2019. Palma Salamanca, por su parte, recibió asilo político en Francia en 2018.
A pesar del impacto que tuvo la muerte de Guzmán en la derecha chilena, su legado político se consolidó durante los gobiernos de la post-dictadura, que mantuvieron la Constitución de 1980 como estructura central del sistema político y económico del país. No obstante, el estallido social de octubre de 2019 marcó un punto de quiebre que llevó a un proceso de cambio constitucional. Lamentablemente, el mayor intento por cambiar la principal herencia de la dictadura, quedó en nada.
Jaime Guzmán es una de las figuras más controvertidas de la historia reciente de Chile. Fundador del movimiento gremialista en la Universidad Católica, su influencia se extendió al golpe de Estado de 1973, donde desempeñó un rol clave en la legitimación del régimen militar. Documentos históricos y testimonios revelan su conocimiento y justificación de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas bajo la dictadura. El abogado Nelson Caucoto subraya que Guzmán tenía plena conciencia de los crímenes que se perpetraban y no los denunció, consolidando así su complicidad con el régimen.
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Roberto Thieme, exlíder del movimiento fascista Patria y Libertad, también ha señalado la responsabilidad intelectual de Guzmán en la represión de la dictadura. En septiembre de 1973, días después del golpe, Guzmán redactó una minuta dirigida a la Junta Militar en la que enfatizaba la necesidad de mantener un régimen autoritario sin concesiones: «El éxito de la Junta está directamente ligado a su dureza y energía (…). Transformar la dictadura en dicta-blanda sería un error de consecuencias imprevisibles».
Su vínculo con Colonia Dignidad es otro aspecto de su historial. En 2005, tras la detención de Paul Schäfer, se encontraron registros de visitas de Guzmán y otros políticos ligados a la UDI y al Opus Dei. Mónica Madariaga, exministra de Justicia de la dictadura, afirmó en una entrevista que Guzmán impartía formación ideológica en Villa Baviera a futuros líderes de la UDI, como Pablo Longueira y Andrés Chadwick.
Con el paso de los años, sectores conservadores han intentado blanquear la imagen de Guzmán, desvinculándolo de la maquinaria represiva de la dictadura. Sin embargo, su legado sigue siendo motivo de debate en Chile, donde su proyecto político se ha mantenido vigente por décadas.