
La semana pasada se realizó la decimoquinta versión de Congreso Futuro, iniciativa que reúne a científicas, científicos y gente de la academia y que contó con múltiples exposiciones, muestras, charlas y debates sobre el impacto de las tecnologías en la sociedad, innovaciones médicas, medioambientales y diversas ponencias respecto a los alcances de los procesos y métodos que están liderando el mercado de la Investigación y Desarrollo. Algunas desde un enfoque de políticas públicas y otras abiertamente como publicidad de grandes empresas, todas bastante interesantes para quienes consideramos al conocimiento como una herramienta para el desarrollo de los pueblos.
Sin embargo, más allá de las interesantes ponencias, y como habitante de la región del Biobío, no pasa inadvertido el intento de Forestal Arauco de posicionarse como empresa sustentable y comprometida con el medioambiente. Haciendo uso de un puesto en la “feria de innovación” -lugar reservado para iniciativas de grupos universitarios que emprenden ideas para la salud y empresas emergentes que utilizan las capacidades de las IA para mediciones en tiempo real de diversas características- Forestal Arauco regalaba árboles nativos a los asistentes, mientras proyectaba videos que mostraban lo ecológico de sus procesos productivos y las actuales tendencias en construcción sustentable con madera de su producción.
Para quienes conocemos los verdaderos impactos del trabajo de Forestal Arauco en las zonas donde produce su materia prima -los pinos y los eucaliptus-, el mensaje de sustentabilidad entregado por el Grupo Angelini, resulta por lo menos como un grosero lavado de imagen que descaradamente omite sus históricas responsabilidades en la devastación ecológica que ha dejado empresas ARAUCO en todo territorio donde se ha instalado. Toda persona que visite cualquiera de las miles de hectáreas de plantaciones forestales a cargo de ARAUCO podrá constatar cómo la degradación del terreno resulta la mejor evidencia del verdadero impacto ambiental que tiene una actividad productiva de esta magnitud, sin regulación.
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Hoy existen las suficientes investigaciones que vinculan los megaincendios con las plantaciones extensivas de monocultivo forestal, así como además investigaciones que explican el carácter pirófito de las especies arbóreas que producen en nuestros territorios, lo cual quiere decir que estos árboles son "amigos" del fuego, producto tanto de las resinas que generan, como del material que desprenden, generando verdaderas camas inflamables en los suelos donde se encuentran. ¿Cómo un incendio que comienza en la comuna de Florida es capaz de avanzar incontrolablemente por cerca de 5000 hectáreas en una noche, hasta llegar a la comuna de Penco y provocar el desastre que todos sabemos? ¿Quién es tanto o más responsable, el que encendió la primera llama, o la gran empresa que mantenía el corredor de combustible vegetal presto para transformar un incendio en megaincendio? Estas preguntas tienen una clara respuesta en quienes habitamos en el latifundio de ARAUCO S.A., pero el silencio cómplice de los medios empresariales perpetúa la desinformación en un indirecto lavado de imagen.
El factor de magnitud y volumen de superficies plantadas por monocultivo, es uno de los aspectos determinantes en cómo la industria forestal incide y favorece en los mega incendios forestales. Y justamente el origen del modelo forestal neoliberal, se asocia al fuego y la corrupción del estado en plena dictadura, cuando el yerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou fue traído desde Panamá para instalar el modelo forestal actual, administrando el conocido Decreto Ley 701 y siendo director de CONAF (y posteriormente CORFO). En este contexto y a inicios del periodo dictatorial, el estado de Chile facilitó el acaparamiento de tierras en manos de forestal ARAUCO (entonces empresa del estado pero que prontamente se privatizaría) y forestal Mininco (del grupo CMPC). Mediante diversos mecanismos, donde muchas veces la legalidad caía bajo el peso de la bota y el fusil, las empresas fueron desplazando a cientos de comunidades campesinas de los antiguos campos en la cordillera de la costa hacia los centros urbanos más cercanos, apropiándose de tierras agrícolas y rebosantes de bosque nativo, donde el uso indiscriminado del fuego y los incendios permitió sustituir aquellos idílicos paisajes de mosaico por el interminable desierto verde -y combustible-.
Pese a todas estas evidencias, la industria maderera basada en pino y eucaliptus sigue mostrándose como amigable con el medioambiente. La arquitectura basada en madera se vende como panacea ecológica desde lo técnico y estético. En Congreso Futuro, este mensaje es pregonado con entusiasmo, repetido desde animadoras del evento hasta destacadas expositoras como Jeannette Plaut, arquitecta chilena y Decana de la escuela de arquitectura de la Universidad Gabriela Mistral, quien expone los beneficios de trabajar al alero de Forestal Arauco.
Esto claramente no se trata de una especie de asociación perversa entre la academia, la prensa y la maldad corporativa. Es la siempre compleja y simple lógica del mercado, donde no vemos realmente de dónde ni cómo se producen los componentes de los productos que consumimos. Así como no problematizamos el dónde se extraen los minerales que componen las baterías de nuestros equipos tecnológicos ni en qué condiciones se procesan, tampoco se pone sobre la mesa el hecho de que los pinos y eucaliptus acaparan territorios, secan las cuencas, destruyen biodiversidad, desalojan a comunidades, favorecen y propagan incendios y megaincendios forestales, y encadenan a regiones enteras a una única e incuestionable actividad productiva. Esta lógica de silencio, olvido y desinformación, permite a Forestal ARAUCO mostrar en 4K sus modernos procesos productivos de celulosa mientras regala árboles nativos y da cátedra a los visitantes de la feria de lo “limpio de sus métodos de elaboración y procesamiento”, sin siquiera rozar la historia de cómo llegó a constituirse en la única actividad productiva posible en la provincia de Arauco y otras regiones del país, ni tampoco de cuál es el verdadero impacto ambiental de las masivas plantaciones de pino y eucaliptus que hoy acaparan los suelos de las comunas, impidiendo incluso la construcción de viviendas.
Hoy existe un término muy certero para hablar de todo esto. El anglicismo “greenwashing” –“lavado verde” o cómo las empresas contaminantes se disfrazan de ecológicas- calza perfecto con el trabajo que ha llevado a empresas ARAUCO a posicionarse mediáticamente como una empresa sustentable, que genera “bosques” -porque cómo podríamos ponernos en contra de que siembren árboles- y que maneja sus procesos productivos de forma amigable con la naturaleza. Esto no resultaría tan descarado si no fuese porque además lo hacen en un espacio que pretende posicionarse como el faro de la ciencia pública y que busca problematizar las innovaciones para ponerlas al servicio de la sociedad.
En su aniversario número 15, el Congreso Futuro se pregunta “Humanidad: ¿Hacia dónde vamos?”. Nosotros desde una región golpeada año tras año por los incendios, y hoy viviendo una de las mayores catástrofes de nuestra historia, esperamos que las respuestas salgan desde los territorios y sus comunidades y no desde las grandes empresas de la zona, que como bien sabemos, solo priorizan sus ganancias, por mucho que se disfracen de ecológicas y oculten descaradamente las partes más oscuras de sus procesos productivos y de su historia. Finalmente pueden ser muy lindas las escaleras de madera que decoran los edificios comerciales de Santiago, pero ¿de dónde salió esa madera?