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La Tierra ante una ‘nueva era climática’: concentración promedio mundial de CO2 alcanzó las 400 ppm en 2015

07 noviembre 2016

[resumen.cl] Recientemente, la Organización Meteorológica Mundial anunció que los elevados niveles de gases de efecto invernadero del sistema industrial global marcaron el comienzo de “una nueva era climática” atravesando la barrera de las 400 partes por millón (ppm) de CO2 en la atmósfera de la Tierra. Este Boletín sobre los gases de efecto invernadero ha sido publicado antes de las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se están realizando durante esta semana en Marruecos.

La concentración en la atmósfera de CO2 ha aumentado desde 270 partes por millón en la época preindustrial hasta los actuales 400. Entre 1990 y 2015 el forzamiento radiativo –que provoca el aumento en la temperatura promedio global– experimentó un incremento del 37% a causa de los gases de efecto invernadero de larga duración, tales como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), resultantes de la actividad industrial global.


En el año 2015, la concentración atmosférica media mundial de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera terrestre alcanzó por primera vez el umbral de las 400 partes por millón. Durante este 2016, las concentraciones han continuado aumentando, alcanzando nuevos récords, que han sido atribuidos al evento de El Niño de gran intensidad, según ha indicado el Boletín sobre los gases de efecto invernadero que publica anualmente la Organización Meteorológica Mundial (OMM)

El reporte señala que los niveles de CO2 habían alcanzado anteriormente la barrera de las 400 ppm en algunas regiones del planeta durante varios meses del año. Sin embargo, las concentraciones de CO2 nunca se habían elevado por sobre esa cifra en todo el mundo durante un año entero y proyecciones de la estación de vigilancia de los gases de efecto invernadero de Mauna Loa (Hawaii), indican que permanecerán por encima de las 400 ppm durante todo este 2016 y no descenderán por debajo de ese nivel durante las próximas generaciones.

La organización señala que el crecimiento acelerado fue potenciado por el evento el Niño de 2015-16, el que provocó sequías en las regiones tropicales, reduciendo la capacidad de los ecosistemas sumideros para absorber CO2, tales como las selvas tropicales y océanos. La organización advierte además que estos ecosistemas que actúan como sumideros absorben actualmente alrededor de la mitad de las emisiones de CO2, pero existe el peligro de que se saturen, lo cual aumentaría la fracción de las emisiones de dióxido de carbono que permanece en la atmósfera.

Según indicó el Secretario General de OMM Petteri Taalas, “El año 2015 inauguró una nueva era de optimismo y de acción por el clima con el acuerdo sobre el cambio climático alcanzado en París. Pero también hará historia por haber marcado una nueva era climática, en la que las concentraciones de gases de efecto invernadero han alcanzado niveles sin precedentes”, señalando además que “El acuerdo alcanzado recientemente en Kigali para enmendar el denominado Protocolo de Montreal y eliminar progresivamente los hidrofluorocarbonos, que actúan como potentes gases de efecto invernadero, es una buena noticia. La OMM celebra que la comunidad internacional haya adquirido un compromiso significativo con la acción por el clima”.

 

Concentraciones específicas en el Boletín sobre los gases de efecto invernadero

En el Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero se informa de las concen­traciones atmosféricas de los principales gases de efecto invernadero. Se entiende por emisión la cantidad de gas que va a la atmósfera y por concentración la cantidad que queda en la atmósfera después de las interacciones que tienen lugar entre la atmósfera, la biosfera, la criosfera y los océanos. Cabe mencionar que aproximadamente un cuarto de las emisiones totales de CO2 son absorbidas por el océano y otro cuarto por la biosfera, reduciéndose de ese modo la cantidad de ese gas en la atmósfera.

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Observaciones sistemáticas y el análisis de los gases de efecto invernadero y de otros elementos. Fuente: programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM (www.wmo.int/gaw)

El dióxido de carbono (CO2)

El boletín señala que el dióxido de carbono (CO2) contribuyó en cerca de un 65% al aumento total del forzamiento radiativo global causado por los gases de efecto invernadero de larga duración. Su concentración en la era preindustrial, era de alrededor de 278 ppm, manteniéndose en equilibrio dinámico entre la atmósfera, los océanos y la biosfera. La sociedad industrial capitalista ha alterado ese equilibrio y en 2015 el promedio mundial de CO2 sobrepasó en un 144% su nivel de la era preindustrial. Mientras tanto, su concentración promedio global alcanzó las 400 ppm. Cabe destacar que entre 2014 y 2015 el incremento de CO2 fue mayor que el año anterior y que el promedio de incremento de los diez años anteriores.

El reciente e intenso evento El Niño de 2015-16, contribuyó a la reducción de la capacidad de la vegetación para absorber CO2, además de generar un aumento de las emisiones de CO2 a partir de un mayor número,  frecuencia e intensidad de incendios forestales. De acuerdo a datos de emisiones de incendios a nivel mundial, las emisiones de CO2 en Asia Ecuatorial (que entre agosto y septiembre de 2015 registró graves incendios forestales en Indonesia) duplicaron con creces el promedio de 1997-2015.

El metano (CH4)

Es el segundo gas de efecto invernadero de larga duración más importante y contribuye aproximadamente en un 17% al forzamiento radiativo. Aproximadamente el 40% de las emisiones de metano a la atmósfera proceden de fuentes naturales, mientras que cerca del 60% procede de actividades humanas. El metano atmosférico alcanzó un nuevo máximo en 2015, de aproximadamente 1 845 partes por mil millones (ppmm), por lo que ahora equivale al 256% de su nivel preindustrial.

El óxido nitroso (N2O)

El óxido nitroso que se emite a la atmósfera procede tanto de fuentes naturales (casi el 60%) como antropogénicas (aproximadamente el 40%). Su concentración atmosférica en 2015 fue de unas 328 ppmm, lo que equivale al 121% de los niveles preindustriales. El óxido nitroso contribuye también significativamente a la destrucción de la capa de ozono estratosférico, que protege la biosfera de la nociva radiación ultravioleta del Sol. Este gas el causante de aproximadamente un 6% del forzamiento radiativo provocado por los gases de efecto invernadero de larga duración.

Otros gases de efecto invernadero de larga duración

El hexafluoruro de azufre (SF6) es un gas de efecto invernadero muy potente y de larga duración. Es producido por la industria química, se utiliza principalmente como aislante en los equipos de distribución de energía eléctrica. Los niveles atmosféricos de este gas son aproximadamente el doble de los observados a mediados de los años noventa. Los clorofluorocarbonos (CFC), que destruyen la capa de ozono, y los gases halogenados menores contribuyen aproximadamente al 12% del forzamiento radiativo causado por los gases de efecto invernadero de larga duración.

Aunque se ha reportado que los CFC y la mayoría de los gases halogenados están disminuyendo, los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los hidrofluorocarbonos (HFC), a su vez potentes gases de efecto invernadero, están aumentando a un ritmo relativamente rápido, aunque todavía son poco abundantes.

Principales fuentes de emisiones de gases invernadero.

Según reportes recientes del IPCC, (considerados como conservadores por muchas organizaciones sociales y ambientales en todo el mundo) las emisiones anuales de gases antropogénicos de efecto invernadero (GHG por sus siglas en inglés) se han incrementado en 10 gigatoneladas de carbono equivalentes (GtCO2 eq) entre 2000 y 2010, con este incremento directamente desde el suministro energético (47%), industria (40%), transporte (11%) y construcción (3%). El recuento de las emisiones indirectas eleva la contribución del sector de la construcción y la industria. Desde 2000, las GHG han continuado aumentando en todos los sectores, excepto en la agricultura, silvicultura industrial y cambios de uso de suelo. De las aproximadamente 49 GtCO2 eq emitidas en 2010, 35% (17 GtCO2 eq) de emisiones GHG fueron liberadas por el sector energético, 24% (12 GTCO2 eq) por el sector agrícola-industrial y cambio de uso de suelo, 21% (10 GtCO 2 eq) por la industria, 14 % (7.0 GtCO 2 eq) por el sector de transporte y 6.4 % (3.2 GtCO 2 eq) por el sector de la construcción.

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Figura: Emisiones totales antropogénicas (GtCO2 eq/año) por sectores económicos. El círculo interno muestra las emisiones directas de gases invernadero (en % del total de emisiones invernadero de 5 sectores económicos en 2010. El círculo exterior muestras las emisiones indirectas de CO2 (en % de emisiones totales antropogénicas) desde la electricidad y la producción de calor son atribuidas a sectores de uso final de energía. “Otras energías” significa todas las fuentes de emisiones invernadero en el sector energético distintas a la producción de electricidad y calor.

Cuando las emisiones desde la electricidad y la producción de calor son atribuidas a los sectores que usan la energía final (emisiones indirectas) las emisiones de la industria y el sector de la construcción en las emisiones globales invernadero se incrementan de 31% a 19% respectivamente.

Según el IPCC, el crecimiento económico de la población continúa siendo la principal variable en el incremento de las emisiones de combustibles fósiles. La organización dependiente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que la contribución del crecimiento de la población entre 2000 y 2010 se mantuvo similar a las tres décadas previas, mientras el crecimiento económico se elevó. Lo que no mencionan, es la desigual estructura del crecimiento, además de quienes y de qué forma, contribuyen en las desiguales magnitudes de sus impactos en la biosfera.

Implicaciones del crecimiento poblacional y la urbanización en el cambio climático.

Una investigación publicada en 2009, consideró implicaciones del crecimiento de la población y la urbanización en el cambio climático. Esta enfatizó que no es el crecimiento (urbano o rural) el que conduce al aumento de emisiones de gases invernadero, sino más bien es el crecimiento de los consumidores y en sus niveles de consumo. Una significativa proporción de las poblaciones urbanas y rurales del mundo tienen tan bajos niveles de consumo que contribuyen poco a nada a estas emisiones.

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Nivel de urbanización de países versus emisiones de gases invernadero per cápita en 2005 (CO2 eq). Fuente: Satterthwaite D., 2009

Los autores realizaron una revisión de las emisiones de CO2 por países y como estas cambiaron entre 1980 y 2005 (y además entre 1950 y 1980), los resultados muestran que son en su mayoría países con bajas emisiones por persona (a menudo con crecimiento lento de emisiones) las que han tenido las mayores tasas de crecimiento de la población.

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Contribución al crecimiento de la población mundial y a las emisiones de CO2 por grupos de países clasificados de acuerdo a sus niveles medios de ingreso per cápita entre 1980-2005. Fuente: Satterthwaite D., 2009

 

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Contribución al crecimiento de la población mundial y a las emisiones de CO2 por los países con mayor crecimiento de emisiones, 1980-2005. Fuente: Satterthwaite D., 2009

La investigación señala además, que el argumento de ver el crecimiento de la población como un motor del cambio climático es engañoso ya que la contribución en tiempo real de una nueva persona añadida a la población varía en un factor de mil, dependiendo de las circunstancias en las que nace, su clase social, región geográfica y sus opciones de vida en la sociedad capitalista industrial.

Emisiones invernadero del sector energético, por tipo de combustible.

El sector energético es uno de los principales responsables de las emisiones de gases invernadero a nivel global y está basado principalmente en el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) Pese a las restricciones nominales que se han planteado desde las más recientes cumbres climáticas, este uso de combustibles fósiles se incrementa a nivel global, aumentando las emisiones de gases invernadero, y se prevé que estos combustibles continúen siendo por lejos, la principal fuente de generación de energía durante las próximas décadas.

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Incluso aunque el consumo de combustibles no fósiles se espera que crezca más rápido que los combustibles fósiles, estos representarán el 78% del uso global de la energía en 2040. Las energías renovables son el sector energético con mayor crecimiento en el periodo de proyección. El consumo de energías renovables se incrementa 2,6% al año entre 2012 y 2040. La energía nuclear es la segunda fuente con mayor crecimiento, con un incremento de 2,3% en el mismo periodo. Abundantes reservas de “tight gas”, “shale gas” y metano, contribuyen actualmente a la competitividad del gas natural. Los combustibles líquidos, principalmente en base a petróleo, se mantienen como la mayor fuente mundial de consumo energético. El carbón es la fuente de energía en más lento crecimiento, alcanzando un 0,6% al año y siendo superada por el gas natural en 2030. Las líneas punteadas muestran la proyección del Plan de Energía Limpia de Estados Unidos. Fuente: International Energy Outlook, 2016.

Pese a los acuerdos negociados por gobiernos, compañías y organismos supranacionales, la crisis se agrava con la continuación del negocio de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), la negativa a establecer restricciones e impuestos a la operación de mega-compañías contaminantes, el crecimiento y la profundización de la capacidad extractivista de los Estados, el aumento de los consumidores (y no el aumento de la población) y su capacidad de consumo en el sistema urbano-agroindustrial global, la acidificación de los océanos, la pérdida de selvas tropicales y biodiversidad asociada, la depleción de la capa de ozono, el desbalance en el ciclo global del nitrógeno y el fósforo, entre otras problemáticas.

Evaluaciones recientes hacen énfasis en las catastróficas y próximas consecuencias de esta actividad global: incremento en la intensidad y frecuencia de olas de calor, sequías, lluvias intensas, inundaciones y aumento en el nivel de los mares. Para América del Sur, existe un consenso general en torno a que los principales cambios que se proyectan para para las próximas décadas son: un incremento en las precipitaciones de verano sobre la zona subtropical suroriental del continente; una reducción de las precipitaciones de invierno sobre la mayor parte del continente; y una reducción de las precipitaciones en todas las estaciones a lo largo de la sección sur de la Cordillera de los Andes, es decir, la zona centro y sur de Chile.

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