La unidad pendiente del mundo portuario

La unidad pendiente del mundo portuario

El próximo 18 de junio se ha convocado una paralización portuaria que, sin duda, vuelve a poner sobre la mesa la capacidad histórica de los trabajadores portuarios para organizarse y expresar sus demandas colectivamente.

Por equipo editorial de "La Choka"

Las movilizaciones han sido parte de la historia reciente de nuestros puertos. Gracias a ellas, muchas problemáticas laborales lograron instalarse en el debate público y alcanzar espacios de discusión que de otra manera habrían permanecido invisibles. Esa historia merece respeto, independientemente de las diferencias que puedan existir sobre las formas o los momentos escogidos para ejercer la movilización.

Sin embargo, la convocatoria actual también invita a reflexionar sobre un fenómeno que se ha ido profundizando en los últimos años: la fragmentación del movimiento portuario chileno.

Durante mucho tiempo, la Unión Portuaria fue capaz de transformarse en un referente nacional para miles de trabajadores. Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener sobre sus decisiones, existía un espacio reconocible donde convergían distintas realidades, puertos y formas de entender la acción sindical.  Hoy ese escenario es diferente. La aparición de nuevas estructuras nacionales, las diferencias estratégicas y los procesos internos que todos conocemos han configurado un movimiento más disperso que el de años anteriores.

La diversidad de opiniones no es un problema. En cualquier organización democrática, la diferencia es legítima y necesaria. Lo preocupante es cuando esas diferencias terminan convirtiéndose en distancias permanentes entre trabajadores que enfrentan problemas y desafíos comunes.

Y los desafíos que vienen son enormes.

La discusión sobre el futuro de los puertos, la automatización de procesos, la renovación de concesiones, la formación de nuevas generaciones de trabajadores, la seguridad laboral y la defensa de condiciones dignas de trabajo requerirán niveles de coordinación que probablemente serán mayores a los que hemos conocido hasta ahora.

Pero también hay otro problema que no podemos seguir ignorando. Durante años hemos escuchado promesas de distintos gobiernos, de derecha y de izquierda, sobre una Ley Larga de Puertos capaz de ordenar un sistema que arrastra conflictos, incertidumbres y desigualdades. Sin embargo, los gobiernos pasan, las promesas se repiten y las soluciones siguen pendientes. Lo más preocupante es que muchas veces se ha intentado discutir el futuro portuario sin sentarse seriamente a conversar con quienes hacen funcionar los puertos todos los días: los trabajadores.

Por eso, más allá de la adhesión o no adhesión a una paralización específica, quizás la pregunta más importante sea otra: ¿estamos construyendo la unidad que necesitaremos para enfrentar los próximos diez años?

La unidad no significa pensar igual. Tampoco implica renunciar a las diferencias legítimas entre organizaciones. La unidad consiste en reconocer que existen objetivos comunes que están por encima de cualquier dirigente, sindicato o confederación.

Ninguna organización por sí sola representa toda la riqueza y diversidad del mundo portuario chileno. Ninguna organización, por grande que sea, podrá enfrentar sola los desafíos que vienen. Y ningún trabajador debería ser visto como un adversario por optar por una estrategia distinta para defender intereses que, en lo esencial, son compartidos.

Quienes adhieran a la movilización merecen respeto. Quienes decidan no adherir también. Son decisiones que pueden ser distintas, pero que muchas veces nacen de la misma preocupación por el presente y el futuro de los trabajadores portuarios.

Quizás el desafío más importante de esta hora no sea solamente convocar una paralización exitosa o demostrar fuerza en un momento determinado. Quizás el desafío más importante sea reconstruir las confianzas necesarias para que el movimiento portuario vuelva a hablarse a sí mismo, vuelva a encontrarse y vuelva a pensar en conjunto su futuro.

Porque la historia demuestra que cuando los trabajadores portuarios han sido capaces de actuar unidos, su voz ha tenido un peso nacional. Y porque los desafíos que vienen exigirán mucho más que la fuerza de una sola organización: exigirán la inteligencia, la experiencia y el compromiso de todo el mundo portuario.

La situación actual puede mostrar debilidades y diferencias que no debemos esconder. Pero también puede ser una oportunidad. Si somos capaces de sacar lecciones de este momento, esas debilidades circunstanciales pueden transformarse en el impulso necesario para enfrentar las luchas y los cambios que los tiempos exigen. Los trabajadores portuarios seguimos siendo una pieza clave de este entramado, y cualquier discusión seria sobre el futuro de los puertos tendrá que contar con nuestra participación y nuestra voz.

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