Argentina y España en la final del Mundial: la ironía de un torneo que intentó relegar al idioma español

Argentina y España en la final del Mundial: la ironía de un torneo que intentó relegar al idioma español

Dos selecciones de países que hablan español disputarán la final del Mundial 2026 en el EEUU de Donald Trump, esto luego de que la FIFA iniciara el torneo restringiendo el uso del castellano en las conferencias oficiales. La decisión, cuestionada por periodistas, federaciones y organizaciones culturales, terminó eclipsada por una final que tiene como protagonistas a dos países cuya lengua oficial es precisamente aquella que el organismo buscó marginar en los primeros días de la competencia.

La final del Mundial 2026 entre Argentina y España deja una de las imágenes más simbólicas del torneo. Más allá del desenlace deportivo, el encuentro enfrenta a dos selecciones cuya lengua común es el español, el mismo idioma que la FIFA decidió excluir de las conferencias de prensa oficiales durante el inicio del campeonato, en una medida que generó críticas desde distintos sectores del periodismo deportivo y de organizaciones vinculadas a la defensa de la diversidad lingüística.

La disposición obligaba inicialmente a privilegiar el inglés en las actividades oficiales, relegando el español a un rol secundario pese a tratarse de una de las lenguas más habladas del planeta y del idioma predominante en buena parte del continente americano. Tras las críticas, la organización terminó flexibilizando la medida, aunque la polémica ya había abierto un debate sobre la hegemonía cultural y lingüística que acompaña a los grandes eventos deportivos.

Esto a pesar que el castellano es el idioma que más selecciones que jugaron el mundial tenían como lengua primaria, y que uno de los coanfitriones fue México.  La polémica comenzó cuando el periodista mexicano Rodrigo Ornelas tomó el micrófono para dirigirse en español a Hakimi. Fue entonces que el moderador de la FIFA interrumpió la pregunta y le recordó a la figura del Paris Saint-Germain que no podía responder en ese idioma, sino en árabe o francés. El oficial también le dijo a Ornelas que no estaban permitidas las preguntas en español.

Hakimi —que nació y se crió en Madrid— intentó resolver la situación con su perfecto español, pero el oficial de la FIFA le explicó el motivo de la prohibición: “No lo podemos hacer por las traducciones”, dijo, en alusión a que no disponían de un intérprete para el español. Finalmente, ante el visto bueno de Hakimi, el periodista mexicano le realizó su pregunta en castellano y Hakimi consultó al moderador en qué idioma debía responder: lo hizo en inglés.

La rueda de prensa del Brasil-Marruecos tuvo otro momento similar. Un periodista español, Sergio Quirante, de DAZN, comenzó a realizarse una pregunta en inglés al brasileño Vinicius, pero el delantero del Real Madrid le pidió que, por favor, la hiciera en español. “Creo que no puedo”, dijo Quirante. Aunque Vinicius alentó a Quirante a preguntarle en español, el cronista cumplió con los requisitos de FIFA y realizó su pregunta en inglés.

Frenkie de Jong en la previa del Países Bajos-Japón. Cuando un periodista mexicano comenzó a preguntarle, también en español, al futbolista del Barcelona “Frankie, ¿cómo te sientes con ser el líder de esta selección?”, el moderador de la FIFA repitió lo que había ocurrido con Vinicius y Hakimi. “Disculpe, la pregunta tiene que ser en inglés, japonés o neerlandés”, respondió en inglés, a lo que De Jong —que habla español a la perfección— le dijo: “No me molesta”.

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Esta polémica abrió un debate que trascendió lo deportivo. El español es el segundo idioma con mayor cantidad de hablantes nativos del mundo y constituye la lengua de la mayoría de los países del continente americano. Sin embargo, durante los primeros días del campeonato, la organización privilegió el inglés como idioma predominante en las actividades oficiales, relegando al español a un lugar secundario.

La situación también volvería a poner sobre la mesa el carácter político de las grandes competiciones deportivas. Lejos de ser espacios neutrales, los megaeventos organizados por la FIFA suelen reflejar relaciones de poder, disputas comerciales y decisiones culturales que terminan afectando la representación de millones de personas.

En ese escenario, la presencia de Argentina en la final podría interpretarse también como una reivindicación simbólica del español dentro del torneo. La lengua hablada por más de 650 millones de personas terminaría ocupando el centro del espectáculo deportivo más visto del planeta, pese a los intentos iniciales de reducir su visibilidad institucional.

La definición del campeonato entre Argentina y España adquiere así un significado que trasciende el fútbol. Dos pueblos unidos por una misma lengua disputan el mayor trofeo del deporte más popular del mundo en un torneo que, paradójicamente, intentó reducir la presencia institucional del español en uno de sus principales espacios de comunicación.

La controversia también volvió a poner en cuestión el carácter supuestamente neutral de las organizaciones deportivas internacionales. Diversos analistas sostuvieron que decisiones de este tipo reflejan relaciones de poder que exceden lo deportivo y reproducen jerarquías culturales donde el inglés continúa ocupando una posición privilegiada, incluso en competencias cuya audiencia y participantes provienen mayoritariamente de países donde se hablan otras lenguas.

La final entre Argentina y España termina, de este modo, transformándose en una ironía difícil de pasar por alto. Mientras millones de personas seguirán el partido en español desde América Latina, la península ibérica y comunidades hispanohablantes de todo el mundo, el idioma que la organización pretendió relegar al comienzo del torneo será el vehículo natural con que gran parte del planeta vivirá el encuentro más importante del fútbol mundial.

Más que una coincidencia, el desenlace vuelve a evidenciar que las disputas por la representación cultural, la identidad y el idioma también se juegan fuera de la cancha. En un torneo marcado por controversias extradeportivas, la presencia de dos selecciones hispanohablantes en la final constituye, para muchos, una respuesta simbólica a una política que terminó chocando con la propia realidad global del fútbol.

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Argentina y España en la final del Mundial: la ironía de un torneo que intentó relegar al idioma español