
La guerra trumpista y sionista en Irán afecta directamente la seguridad alimentaria global. El mundo se preocupa por el petróleo y el GNL bloqueado en Ormuz, pero se subestima el verdadero Talón de Aquiles: los fertilizantes. Sin ellos, la producción agrícola industrializada se desplomará y la seguridad alimentaria de más de 8.000 millones de personas quedará en vilo. Urgen políticas nacionales de almacenamiento y diversificación de la producción.
Por: Alberto San Martín
El mundo vive una dependencia crítica alimentaria, donde más del 50% de los alimentos producidos dependen de fertilizantes minerales, especialmente nitrogenados sintéticos, que sostienen la alimentación de casi la mitad de la población global, particularmente en las ciudades y grandes megalópolis.
Tras los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán el 28 de febrero pasado y ahora con el estancamiento de la Guerra en el Golfo Pérsico y el consiguiente bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, no solamente el flujo global de petróleo y gas natural licuado se ve afectado.
Hay otro factor tanto o más importante y es el del comercio de la Urea, donde países como Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y el propio Irán, entre otros, pese a ser países desérticos lideran la producción de urea y amoníaco, derivada de subproductos de su extensiva industria petrolera.
La crisis de los fertilizantes es muchísimo más grave que la del petróleo, pues afecta directamente la capacidad de producir alimentos, arriesgándonos a una devastadora hambruna global. Y para los fertilizantes no hay reservas estratégicas.

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De la misma manera que con los buques tanqueros de petróleo y GNL, los cargueros con urea y amoníaco de banderas aliadas de Estados Unidos e Israel, también han quedado bloqueados en Ormuz. Se trata de aproximadamente un tercio del comercio marítimo global en el mercado de fertilizantes.
Cabe recordar que con la diferencia del petróleo, los países generalmente no cuentan con reservas nacionales de fertilizantes para amortiguar una eventual crisis.
Los impactos inmediatos y futuros
El primer impacto será en los precios de alimentos. La FAO y el Banco Mundial ya han advertido que la suspensión de envíos desde el Golfo Pérsico va a disparar los precios de los alimentos casi de inmediato.
Los países más vulnerables son justamente aquellos que dependen de importaciones de alimentos y fertilizantes (en especial en África y Asia) los que sufrirán los efectos más severos.
Si las cosechas se ponen en riesgo podría generarse una hambruna de proporciones catastróficas. La falta de fertilizantes podría reducir la producción agrícola global incluso a la mitad, según estimaciones, con consecuencias directas en la cosecha de 2026.
Principales potencias concentran el mercado global
Los productores dominantes son Rusia, China, India y Estados Unidos, que concentran gran parte de la producción mundial de fertilizantes. Para Chile en 2025, los principales orígenes de las importaciones de Fertilizantes nitrogenados fueron: Estados Unidos ($24,3M), Suiza ($10,6M), Emiratos Árabes Unidos ($9,9M), Chile ($4,43M), y Hong Kong ($2,1M)
Pero Chile también exporta fertilizantes, siendo en 2025, los principales destinos de las exportaciones de Fertilizantes nitrogenados desde Chile fueron: Perú ($49,3M), Estados Unidos ($19,3M), Bolivia ($16,7M), Argentina ($5,37M), y Islas Heard y McDonald ($5,37M).
Las devastadoras consecuencias de la inflación alimentaria.
El encarecimiento de la canasta básica amenaza a corto plazo a los sectores más desposeídos en todo el planeta.
Aunque en el mundo campesino la producción alimentaria es más localizada e independiente de insumos externos, en distintos territorios la degradación ambiental y la expansión hegemónica del modelo agroindustrial igualmente avanzan uniformando o incluso borrando saberes ancestrales y culturales.
Urge desarrollar una agricultura que con insumos locales y técnicas variadas, sea capaz de asegurar no solamente la seguridad alimentaria sino también la soberanía alimentaria de los pueblos.
Pero la crisis actual exige políticas de almacenamiento, diversificación de proveedores y apoyo urgente al sector agrícola, antes de que el impacto se traduzca en hambre y desestabilización global.