
A los 94 años y con una prolongada vida llena de hazañas, de las cuales el mismo le costó reconocerse como protagonista, falleció el pasado domingo en La Habana el comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez (1932-2026).
Por Agustín González
El comandante Ramiro, de origen humilde, perteneció a la pléyade de jóvenes que se lanzaron a la lucha contra la sangrienta dictatura de Fulgencio Batista que llegó al poder el 10 de marzo de 1952 con un golpe de estado apoyado por los Estados Unidos. De su natal ciudad de Artemisa, formó parte de los muchos jóvenes de la ciudad que se organizaron bajo la dirección de José Suárez Blanco, coordinado del a Juventud del Partido Ortodoxo en esa localidad. Bajo la dirección de Suárez, Ramiro se sumó a la juventud revolucionaria de la ciudad, las cuales crearon células clandestinas que conspiraron, realizaron entrenamientos y prácticas de tiro, hasta recibir la orden del Movimiento de partir a Santiago de Cuba y Bayamo para asaltar los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. De los 28 jóvenes que partieron de la ciudad, dos murieron producto del combate y nueve en las posteriores torturas. Ramiro fue uno de los que entró en el primer carro a la posta No. 3 en el Cuartel Moncada donde fue herido, sobreviviente de los hechos, fue hecho prisionero y enviado a la cárcel de Boniato y posteriormente a Isla de Pino con el resto de moncadistas. En la prisión de esa Isla y ante una visita propagandística del dictador Batista, Ramiro fue parte de los jóvenes que cantaron el himno del Movimiento 26 de julio como símbolo de protesta y resistencia.
Ramiro al lado de Camilo y el Che en las operaciones en Las Villas
Tras la salida de los prisioneros por la Amnistía que ofreció la dictadura bajo la presión de la prensa y como operación para legitimar la dictadura, los moncadistas partieron exiliados a México, desde donde se sumaron a Fidel en los preparativos de aquella promesa realizada en la capital azteca “En 1956, seremos libres o mártires”. Ramiro fue parte de los 82 expedicionarios que salieron de Tuxpán en el yate Granma el 25 de noviembre de 1956 para arribar, tras las malas condiciones del tiempo y la búsqueda de un compañero que se cayó de la embarcación pero que lograron rescatar, el día 2 de diciembre a playas las Coloradas. Ramiro sobrevivió al primer encuentro sorpresivo con las fuerzas enemigas el 5 de diciembre en Alegría de Pío, donde la fuerza revolucionara fue casi aniquilada tras la delación de un campesino que llevó el ejército de la tiranía hacia el lugar donde acampaban los expedicionarios. Ramiro sobrevivió y fue parte del grupo que se dispersó entre los cañaverales, logrando sobrevivir al cerco mortal de un ejército bien apertrechado que asesinaba a los prisioneros. Él propio Ramiro contaría en las pocas entrevistas que ha dado a lo largo de los años:
“Me replegué hacia donde debía estar mi pelotón. Allí solo esperaba mi mochila, el fusil y la canana. Quedé solo. Agarré el arma, las balas, el parque que guardaba en la mochila y una lata de leche condensada. Las balas sesgaban las cañas en una dirección y altura determinadas. Calculé de dónde procedía el fuego enemigo, pues sonaba un tableteo de armas de las que carecíamos. La posición de nuestra gente podía precisarse por los disparos esporádicos. Me topé con el grupo de Almeida y seguimos replegándonos hacia el monte…De bohío en bohío fuimos a parar donde unos adventistas. Para ayudarnos a burlar el cerco pusieron como condición dejar las armas largas. No teníamos otra alternativa rodeados como estábamos de guardias y sin el menor sentido de orientación. Continuar así era un suicidio. Evadimos emboscadas. Casi sin comer, llegamos al fin a la casa de Mongo Pérez y después tuvo lugar el reencuentro.”
Los comandantes Raúl Castro, Juan Almeida, Fidel Castro y Ramiro Valdés en la Sierra Maestra
Ramiro se dispersó en el grupo liderado por Juan Almeida Bosque, que integraban también a combatientes como Ernesto Guevara, Reynaldo Benítez, Rafael Chao. El grupo en su intento de romper el cerco se encuentra el día 9 a otros tres compañeros, Camilo Cienfuegos, Pancho Gonzáez y Pablo Hurtado. El día 20 de diciembre el grupo se reencuentra con el grupo de Fidel y Raúl que desde el día 15 ya se habían reencontrado en Cinco Palmas. En 1957 Ramiro Valdés fue destacándose hasta ser ascendido a teniente en la columna No. 1 dirigida por Fidel. Meses después, en julio de 1957, al crearse la columna No. 4 bajos las órdenes del ya comandante Ernesto Che Guevara, Ramiro la integra y es designado el segundo al mando. Cuando Fidel le da la tarea al Che de dirigir la escuela de formación de reclutas en Minas de Frío, Ramiro queda a cargo de la columna. En mayo de 1958, el Batista dispuso a eliminar al Ejército Rebelde lanzando sus mejores tropas hacia la Sierra Maestra para destruir principalmente la Columna No. 1 comandada por el comandante Fidel Castro. La defensa rebelde radicaba en desconcentrar los 300 hombres que comprendía la fuerza insurgente en varios frentes operativos, controlados por columnas. La Columna No. 4 dirigida por aquel entonces por Ramiro se concentró al este del Pico Turquino. Batista había enviado 14 batallones de infantería y 7 compañías independientes. El día 25 de mayo comenzó la ofensiva por la zona de Minas del Bueycito, las compañías del Batallón 11, del célebre asesino de la dictadura Sánchez Mosquera, se enfrentaron a la columna de Ramiro. El avance fue limitado, la tenaz resistencia rebelde frenó los duros y largos combates, caracterizado por la asimetría de las fuerzas, pero el derroche de valor de los revolucionarios emparejó el terreno en las cercanías de Minas del Bueycito. En 76 días de diferentes operaciones escalonadas, en busca de Las Mercedes, el intento de aniquilar el Estado Mayor del Ejército Rebelde, así como el campamento de la Plata fue un total fracaso. Derrota tras derrota. Ramiro se destacó en los duros momentos de luchar con pocas reservas y fue uno de los protagonistas de la Batalla del Jigüe entre el 11 y el 21 de junio de 1958 contra el Batallón 18 de la dictadura. Tras la derrota de la ofensiva batistiana, Ramiro integra la columna No. 8 “Ciro Redondo” que se dispuso a llevar la guerra hacia Las Villas, participando en importantes acciones como la batalla de Santa Clara en diciembre de 1958.
A partir del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, el comandante Ramiro fue designado jefe militar de la región central en Cuba, además de ser miembro de la Dirección Nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). En 1961 fue designado ministro del Interior (Minint) del nuevo gobierno revolucionario. Ramiro ocupó los cargos de ministro del interior de 1961 a 1969, y de 1979 a 1985, y viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de 1969 a 1979. Bajo su gestión de crearon los organismos de inteligencia cubana, el Departamento de la Seguridad del Estado (DSE).
Ramiro fue el encargado de dirigir los órganos que enfrentó la ola de terrorismo más grande contra Cuba, en los primeros años de la década del 60. Vale recordar que la contrarrevolución cubana logró tener más de 300 grupos operando dentro de Cuba, una ola de sabotajes económicos, intentos de asesinatos a dirigentes de la Revolución, bombas y atentados incendiarios. Además, entre 1959 y 1965, enfrentó las bandas contrarrevolucionarias que operaron en varias provincias de Cuba, principalmente en zonas montañosas como la Sierra de El Escambray, las cuales asesinaban a campesinos que apoyaron la reforma agraria o a maestros alfabetizadores. El ministerio dirigido por Ramiro infiltró esas bandas, además que cuando la invasión mercenaria por Playa Girón y Bahía de Cochinos en abril de 1961 logró desarticular las redes de apoyo urbana y neutralizar posibles colaboradores de los mercenarios. Ramiro además tuvo la tarea de proteger a los principales dirigentes del gobierno revolucionario, entre ellos, sus compañeros de lucha.
Su exitosa labor en defensa del proceso revolucionario y en la lucha contra los grupos revolucionarios lo llevó a ser objetivo de los grupos terroristas que desde el sur de La Florida intentaron acabar con su vida. Incluso, grupos de terroristas cubanos radicados en Miami, que a partir de 1973 estuvieron vinculados a la DINA en Chile, planificaron el asesinado de Ramiro Valdés fuera de Cuba. El caso más notorio fue un plan de atentado en Francia, en 1973. El terrorista Juan Felipe de la Cruz, quien había puesto una bomba el 4 de abril de 1972 en una oficina comercial de Cuba en Montreal y asesinado al diplomático cubano Sergio Pérez, era el encargado de asesinarlo. Juan Felipe de la Cruz, vinculado al grupo Joven Cuba de Tony Calatayud y al grupo de Orlando Bosch, viajó a finales de julio a Madrid desde donde recibió prestado un auto de Carlos Alberto Montaer para viajar a París y asesinar a Ramiro Valdés con una bomba. Como ha expresado el investigador José Luis Méndez Méndez en Bajo las alas del Cóndor (2006): “El 3 de agosto en un cuarto del hotel Avranville estalló, en las manos del terrorista, la bomba que preparaba para ser colocada en la embajada de Cuba. La onda expansiva destruyó la habitación y otras cinco del mismo piso, el asesino murió en el acto”. El atentado fallido demostró que Ramiro, así como otros dirigentes de la Revolución estuvieron en la mira de los grupos terroristas radicados en Estados Unidos.
Ramiro fue elegido entre sus cargos, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, vicepresidente del Consejo de Estado, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por Artemisa, así como ministro de la Informática y Comunicaciones. Entre sus tareas políticas estuvo la búsqueda de los restos de su antiguo jefe el comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, los cuales fueron repatriados junto a sus compañeros a Cuba y depositado en el monumento en Santa Clara en 1997.
Ramiro murió trabajando, hasta su último día, luchando para poder sacar adelante los programas de soberanía energética que Cuba demanda frente al criminal bloqueo norteamericano.
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