La “conexión cubana” con la derecha chilena: Los “gusanos” de la CIA

La “conexión cubana” con la derecha chilena: Los “gusanos” de la CIA

En estos meses, cuando la profunda crisis humanitaria en Cuba provocada por el criminal bloqueo norteamericano acapara titulares y minutos televisivos en Chile, con narrativas distorsionadas y en función de una agenda política intervencionista, vale la pena realizar un ejercicio de memoria histórica que amplíe las posibilidades de comprensión y establezcan los vínculos históricos entre la derecha chilena y la contrarrevolución cubana.

Equipo editorial de Resumen

Existe una historia bastante silenciada o poco contada en el mejor de los casos, de la colaboración entre la derecha chilena y la derecha cubana radicada en Estados Unidos, que no desestimó utilizar el terrorismo y los asesinatos políticos para llevar a cabo sus fines.

Detrás de los “luchadores por la libertad de Cuba” que han desfilado y desfilan por Chile erigiéndose como “legítimos representantes del pueblo cubano” existe una vinculación de estos con diversos organismos de inteligencia y varios programas federales del gobierno de Estados Unidos para el anhelado y fracasado régimen change en Cuba.

En esta serie de artículos conoceremos personajes y momentos varios momentos claves de estas relaciones, siempre tuteladas por EE.UU.

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Los “gusanos” de la CIA

El significante “gusano” en el lenguaje político cubano fue muy popular hasta la década del 80 y 90 del siglo pasado. La contrarrevolución cubana fue denominada en el argot popular por los sectores nacionalistas y antimperialistas como “la gusanera”. Pero, si se hila bien fino, el término no lo inventó la Revolución de 1959, aunque es innegable que, en el escenario de polarización en la década del 60, tras las agresiones norteamericanas y la ola de terrorismo que sufrió Cuba en aquellos años, el término proliferó en el discurso político y coloquial para denominar a aquellos que se “arrastran” a los Estados Unidos, a los defensores del régimen cubano pre revolucionario, el batistato y su cuerpo social “viciado”, “moribundo” y “descompuesto”. Quizás el significante más próximo al “gusano” en Cuba sea el de “momio”, muy utilizado en la Unidad Popular, pero el término “gusano” proviene de la lucha anticolonial cubana en el siglo XIX que abarcó de 1868 a 1898. José Martí en su ensayo Nuestra América (1891) ya se refería a los que no valoraban a su tierra y a su cultura como “sietemesinos”, “los que no tienen fe en su tierra”, “esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre”, “vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel”, “estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte”. Martí se refería de esta forma a aquellos carentes de valor y de dignidad de sentirse orgullosos de ser latinoamericanos. Ya en el siglo XIX entre los independistas cubanos se referían de “gusano” así a aquellos carentes de valores morales aceptables. José Martí relata en un pasaje de su Diario de Campaña (1895) cómo el prócer independentista antillano Máximo Gómez, jefe del ejército libertador cubano, expresó sobre un contrincante: “Este hombre no es nuestro compañero: es un vil gusano”.

No debe extrañarnos entonces, el uso del término en los años 60 y 70. A penas ya había ganado las elecciones la Unidad Popular, el 12 octubre de 1970 Allende comentaba para el Noticiero ICAIC Latinoamericano de Cuba que “desde julio a octubre de 1970 habían venido a Chile 5.300 estadounidenses, con agrado saludé a los turistas, periodistas e intelectuales que venían con un propósito honesto. Pero al mismo tiempo en un porcentaje no despreciable venía gente de la CIA, también destaqué que venían 30 cubanos gusanos contrarrevolucionarios”. Días antes, en el pleno del pleno del Partido Socialista de Chile, frente a un teatro repletó añadió sobre la presencia de estos cubanos al servicio de la CIA en Chile: “Que estamos alerta. Y que los que han sido traidores con su patria, su revolución y su sangre, no van a venir aquí a sembrar la contrarrevolución. Si de su Patria los echaron o se fueron, de aquí se irán también castigados”

Salvador Allende en el pleno del PS en octubre de 1970, denunciando la presencia de cubanos contrarrevolucionarios en Chile /Fotograma del Noticiero ICAIC Latinoamericano

Para nadie es un secreto, que lo vínculos entre Cuba y Chile nunca fueron más cercanos que durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), como tampoco es un secreto que tanto la dirección política de la Revolución, así como la inteligencia cubana, había alertado a la dirección de la UP sobre un posible desenlace violento y golpista del proceso en Chile, tras las crisis generadas por la guerra económica, la guerra mediática y la injerencia de la CIA en la conspiración militar. De hecho, como es públicamente sabido, la CIA planificó mediante el terrorista cubano Antonio Veciana un atentado contra Fidel Castro durante su visita a Chile en noviembre de 1971.

Una década antes, en septiembre de 1961, Veciana había sido parte de un plan de magnicidio en Cuba, junto a otros terroristas, quienes pretendían ejecutar la “Operación Liborio”. Esta operación consistía aprovechar acto de masas frente al Palacio Presidencial en La Habana, para dispararle con una bazuca desde un departamento arrendado frente al edificio al presidente de la República Osvaldo Dorticós y al primer ministro Fidel Castro. En la redada donde fueron apresados los máximos responsables de ese plan y otros atentados terroristas cometidos en 1961, como el ocurrido en la tienda El Encanto en abril de ese año, Antonio Veciana logró escapar a Miami y meses después fundaría junto Andrés Nazario Sargent y Eloy Gutiérres Menoyo la organización terrorista Alpha 66. Este grupo comenzó a operar en Cuba en 1962, con internamientos en poblados costeros desde su base en Key Williams, en Bahamas. Las operaciones consistían en tirotear desde lanchas rápidas poblados costeros, atacaron los campamentos estudiantiles de Tarará en 1963 y el buque mercante inglés New Lane fondeado en Caibarién.

Atemorizar poblados costeros, tirotear barcos en alta mar, secuestrar pescadores cubanos, infiltrarse en Cuba para realizar sabotajes era una táctica muy común en las diversas organizaciones terroristas cubanas. Habría que recordar el vil ataque realizado por la organización Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) al buque mercante español Sierra Aranzazu en septiembre de 1964 en el Canal de las Bahamas, donde asesinaron a tres marinos españoles y quemaron una embarcación que llevaba juguetes a niños cubanos.

Según el propio Antonio Veciana, miembro de Alpha 66, en sus memorias Trained to Kill (2017), llevaba años viviendo en Bolivia donde trabajaba en Banco Central de ese país con contrato de la USAID, cuando el agente de la CIA “Maurice Bishop” (el célebre agente David Atlee Phillips) le comenta de la visita de Fidel Castro a Chile a fines de 1971 y le preguntan si estaba dispuesto a organizar su asesinato. Veciana aceptó con la esperanza de poder terminar lo que una década antes había dejado inconcluso en La Habana cuando la inteligencia cubana desbarató el acto terrorista en el Palacio Presencial. Por lo mismo viajó a Miami en busca de compañeros para la operación. Primero los buscó dentro de su organización Alpha 66, pero allí no los encontró. Ninguno tenía disposición de arriesgarse, pero sí los encontró en otro grupo terrorista llamado Poder Cubano, liderados por Orlando Bosch. Los dos cubanos seleccionados por Veciana son enviados a Venezuela donde los preparan para venir a Chile como periodistas de la cadena Venevisión. En Venezuela se encontraba Luis Posada Carriles, el “comisario Basilio”, un famoso terrorista cubano, agente de la CIA, miembro de la DISIP venezolana.

Desde Venezuela se entrenaban y preparaban logísticamente operaciones terroristas contra los procesos de izquierda como Cuba o Chile. No es de extrañar que la cadena de televisión estaba infiltrada por la DISIP al servicio de la CIA, por lo que prepararon a los terroristas cubanos en todo con meses de antelación, trabajaron el acento, la gestualidad, la caracterización como profesionales de los medios. Desde Caracas prepararon las coberturas y las identificaciones que utilizarían en Santiago de Chile. Veciana ha declarado: “Estas personas llegaron a Chile, por diferentes formas y vías. Por ejemplo, yo salí de La Paz a Lima, en un carro diplomático de la Embajada de Estados Unidos. No llegué a Lima. La persona sí entró a Lima, donde había otras personas que iban a darle el necesario respaldo, a darle los recursos para encontrarse conmigo en Tacna. Porque yo salí en el carro diplomático, con las armas. Ya nosotros habíamos rentado en la calle Huérfanos, en Santiago de Chile, el apartamento donde ellos se iban a hacer pasar como unos simples periodistas. Y nos encontramos en algún lugar de la frontera, entre Chile y Perú, e hicimos todo un recorrido, ya que Chile es un país muy angosto, desde Arequipa, Tacna, y llegamos a Santiago con esa persona”.

Entrenado para matar (2017). Antonio Veciana cuenta su recorrido de terrorista al servicio de la CIA

El plan era situar un revólver dentro de una cámara y asesinar a Fidel en medio de una conferencia de prensa, los cubanos según Veciana eran Marcos Rodríguez y Antonio Domínguez, el “isleño”. La inteligencia cubana tiene otra versión de los hechos. El jefe general de división retirado, Fabián Escalante Font, jefe del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) en Cuba de 1976 a 1996 relata en su libro 634 maneras para matar a Castro (2021): “Según informaciones confidenciales se asignó un presupuesto de 50 000 dólares para el operativo, y sus dirigentes fueron los contrarrevolucionarios de origen cubano: Antonio Veciana Blanch, Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Lucilo Peña, Joaquín Sanjenís, Marcos Rodríguez, Diego Medina, Secundino Álvarez, Félix Rodríguez, además los norteamericanos Frank Sturgis, Gerry P. Hemming, un tal Nápoles, radicado en Bolivia, y el oficial norteamericano David A. Phillips. El proyecto homicida contenía originalmente dos alternativas de ejecución en Chile, a los que se sumaron dos intentos más en Lima, Perú y Quito, Ecuador, en ocasión de la escala programada del avión que trasladaba de regreso a Cuba al comandante Fidel Castro. En reuniones celebradas en las ciudades de Miami, Caracas, La Paz y Santiago, se fraguó el plan de asesinato que, en su primera variante, comprendía realizar el atentado desde una habitación del hotel Hilton, contiguo al Palacio de Gobierno, en la primera de las visitas que realizaría nuestro primer ministro a ese país. Al fracasar este intento, por cobardía de los participantes, se puso en marcha la segunda parte del plan. Previamente, en Caracas, fueron acreditados como periodistas del canal Venevisión los contrarrevolucionarios cubanos: Marcos Rodríguez, procedente del grupo de Orlando Bosch y Diego Medina, proveniente del grupo Segundo Frente del Escambray. Ambos fueron entrenados en tiro de precisión y en el manejo de la cámara de televisión que contenía el revólver calibre 38 acoplado y con el que debían disparar a Fidel, en ocasión de su última conferencia de prensa en Chile”.

Veciana por su parte, en diversas entrevistas realizadas se ha asumido como el jefe del atentado restándole protagonismo a sus correligionarios. Según este, el único plan serio fue el atentado con el cámara dirigido por él. En su libro cuenta que los falsos periodistas llegaron meses antes a Chile y realizaron coberturas periodísticas mientras reconocían el terreno y construían su caracterización. El plan no logró realizarse por ser una operación suicida, aunque supuestamente algunos carabineros que se habían sumado a la operación habían prometido que los asesinos saldrían con vida del salón lleno de periodistas, una vez realizado los disparos a Fidel. Algunos investigadores cubanos han asociado en la trama a un alto oficial chileno de apellido Sepúlveda”, pero las investigaciones no han podido precisar el rol de este personaje en la operación magnicida. Revelaciones posteriores indican que era un agente de los servicios de inteligencia chileno que fue designado posteriormente, tras el golpe de 1973, como el cónsul chileno en Miami. Pero volviendo al intento de magnicidio, el plan comienza a desmoronarse cuando Domínguez, uno de los pistoleros, le dice a Veciana que un escolta que ha venido con Fidel lo ha reconocido y que eso pondrá en peligro la operación, por lo que desea dinero para salir urgentemente de Chile. El plan de meses, que había costado tiempo y dinero para la CIA, comienza a tener lagunas. Domínguez intentó convencer a Veciana que tenía un sustituto, un chileno anticomunista que sería quien llevará a cabo la operación. Pero Fidel y la delegación cubana ya estaba recorriendo Chile e improvisar sobre la marcha ampliaba las posibilidades de un total fracaso. La realidad se impuso cuando Rodríguez, el otro sicario cubano, se enferma casualmente de apendicitis y se hace operar, aunque el caso no era de urgencia fue una buena excusa para dar el puntillazo a una operación que debe ser abortada. Veciana habla con su jefe en Alpha 66 y le comenta su esperanza de planificar el asesinato en Quito, en la escala que realizará Fidel en su viaje de regreso a Cuba; pero esto era más un deseo que una posibilidad real. El fracaso de la operación en Chile en 1971 molestó a la CIA, por lo que Bishop le propuso a Veciana que asesinara a sus propios hombres como castigo ejemplar para el resto de los terroristas cubanos y para no dejar rastro que la Agencia organizaba el magnicidio. Lo anterior asustó a Veciana, pero por suerte para los terroristas cubanos esto no sucedió. Cuando Bishop se reencontró con Veciana, airado le gritó: “Cubans have no balls! “They aren’t real men. They’re cowards! Una frase traducida al español cubano sonaría como: ¡Los cubanos no tienen cojones!¡Son unos pendejos!

Pero si alguien se había tomado las cosas con más calma era Andrés Nazario Sargent, el jefe de los terroristas de Alpha 66, quien no estaba tan decepcionado como Veciana por el fracaso del complot. Meses antes de la visita de Fidel a Chile, en octubre de 1971, lanchas rápidas de la organización habían atacado el poblado costero de Boca de Samá. El saldo fue de dos guardafronteras cubanos asesinados y 4 civiles heridos, entre ellos una joven de 13 y otra de 15 años, las heridas de bala ocasionadas a esta última conllevaron a la amputación de su pierna.

Antonio Veciana a la izquierda, miembro de la organización terrorista Alpha 66 moriría en Miami en 2020, nunca tuvo cargos por su historial terrorista.

Años más tarde, el 21 septiembre de 1979, Veciana de 48 años sería víctima de un atentado cuando retornaba a su casa desde su oficina en Miami. Un auto en movimiento le dispararía impactando en su cabeza, tras su oreja.  Según la edición del Miami Herlad del día siguiente, el cuerpo de policía de la ciudad explicó que Veciana “doblaba la esquina de N.W. 19 St. y 29 Ave. cuando un auto Buick de 1971 se acercó a su vehículo. Alguien hizo cuatro disparos, uno de los cuales le alcanzó en la cabeza”. La bala era de un pequeño calibre por lo que llegó y salió con vida al hospital Jackson Memorial. Rápidamente los miembros de Alpha 66 y la familia de Veciana culparon a la inteligencia cubana del atentado, pero Veciana dio declaraciones contradictorias que involucraban a agentes del FBI. "El único enemigo que tiene mi esposo en el mundo es Fidel Castro", opinó la esposa de Veciana a la policía y luego añadió: "Seguro que este fue un atentado de infiltrados residentes en Miami".

La relación de alguna operación de inteligencia de Cuba para asesinar a terroristas en Miami nunca se ha podido probar. Lo que sí es comprobable es que Veciana había navegado por varios terrenos pantanosos que lo vincularon con el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, con el terrorismo financiado con la CIA y con el tráfico de drogas. En 1974 un tribunal de New York condenó a Veciana por importar a Estados Unidos desde Bolivia, con diplomáticos de ese país, 25 kilogramos de cocaína pura por lo que fue condenado a 7 años en la prisión federal de Atlanta, del cual solo cumplió 17 meses.  (https://www.ojp.gov/pdffiles1/Digitization/40676NCJRS.pdf).

El atentado a Veciana dejó más incógnitas que certezas en ese Miami de los años 70 y 80 donde el terrorismo y las drogas eran parte del día a día. Las organizaciones terroristas cubanas desarrollaban una política de bombas y asesinatos contra los propios miembros de su comunidad de exiliados que no cerraron filas con ellos. Cualquiera que tuviera una opinión pública contraria a la agenda del terrorismo y viera con buenos ojos normalizar relaciones con Cuba era condenado a muerte. Incluso, los propios terroristas se ajustaban cuentas entre ellos, varios fueron asesinados entre disputas internas de las organizaciones.

Quizás, los casos más renombrados de esta violencia son los varios atentados con bombas a la sede de la revista Réplica en 1974 y 1975, dirigida por Max Lesnik; el atentado con un coche-bomba en 1976 al locutor radial y jefe de noticias de WQBA-AM Emilio Milián que le voló sus dos piernas; las bombas en los negocios locales que tuvieran cualquier vínculo con Cuba, tiendas de cigarros o tiendas de paquetería. Incluso empresas internacionales, como aerolíneas o marítimas, al igual que consulados de terceros países sufrían las bombas de estas organizaciones. Cualquier relación de la comunidad de Miami con Cuba era azotada por el terrorismo que se opuso a cualquier diálogo o puente cultural o familiar.

Pero la actividad de estos grupos no solo se restringió a Miami, también Puerto Rico sufrió la ola de asesinatos y bombas de los cubanos. El 28 de abril de 1979 fue asesinado en esa isla el joven cubano Carlos Muñiz Varela, quien había viajado a Cuba el año antes junto a otros 54 jóvenes que habían salido de Cuba cuando eran niños y querían reencontrarse con sus orígenes casi dos décadas después. La muerte de Muñiz Varlea fue uno de los actos más dolorosos para la mayoría de la comunidad cubana en Florida o en Puerto Rico que querían seguir manteniendo relaciones normales con su país de origen. El terror se impuso.

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