
En los últimos meses, la administración estadounidense de Donald Trump ha dado golpes nunca visto a la economía cubana a través de sus órdenes ejecutivas. Los efectos comienzan a sentirse en un país cuyo gobierno ha solicitado ayuda a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y a diversos parlamentos del mundo, para frenar la escalada de agresiones económicas de EE. UU. hacia la isla.
Por Agustín González
La Orden Ejecutiva 14380 del presidente Donald Trump frenó los envíos de combustibles a Cuba, bajo la infundada excusa de que la isla “constituye una amenaza” para la seguridad nacional de EEUU. La administración norteamericana declaró “el estado de emergencia nacional” con respecto a Cuba y autorizó a Estados Unidos a imponer nuevos aranceles a las importaciones procedentes de países que suministran petróleo, directa o indirectamente, al gobierno de Cuba. Los envíos humanitarios de combustibles del gobierno de México, así como el comercio entre la empresa estatal petrolera de Cuba (Cupet) y mexicana (Pemex) cesaron. Desde entonces, Cuba ha sufrido la crisis energética más grande en los últimos 30 años, con cortes de electricidad de más de 20 horas diarias y con la paralización casi total de la economía. Cuba denunció que estas medidas ponen en peligro la vida de enfermos en hospitales además que afecta servicios vitales para su población, lo que constituye el riesgo total y una profunda crisis de los cuidados. El Ministerio de Salud Pública (Minsap) declaró que las medidas de EEUU ponían en riesgo a más de 32 mil mujeres embarazadas, además del acceso a servicios como ultrasonidos obstétricos de seguimiento del bienestar fetal y estudios genéticos para el diagnóstico oportuno de malformaciones congénitas. A lo anterior debe sumarse el riesgo de menores de edad, pacientes ontológicos, diabéticos, cirugías y atención de emergencia. Sin combustible ni posibilidades de comerciar el riesgo de mortalidad en Cuba se ha disparado puesto que sin la entrada de insumos médicos o petróleo no pueden funcionar servicios hospitalarios o las ambulancias del servicio de emergencia.
El bloqueo petrolero que lleva 6 meses solo pudo ser roto bajo una larga negociación por el buque ruso Anatoli Kolodkin, el cual llevó combustible a Cuba en marzo para unos 20 días. Desde entonces la situación en la isla ha ido empeorando críticamente, mucho más cuando EEUU ha hecho amagues de una posible operación militar contra Cuba. A inicios del mes pasado, Marco Rubio viajó a Italia para presionar al gobierno italiano que suspenda la colaboración médica con Cuba, principalmente en la región de Calabria. En 2022, esa región del sur de Italia contrató 400 médicos al Ministerio de Salud de Cuba (Minsap) para trabajar en Calabria. El principal ingreso de eso servicios lo capta el Minsap con el cual puede financiar sus políticas de salud, gratuita y de cobertura universal. El gobierno de EEUU y la administración Trump han perseguido a brigadas de médicos cubanos en el mundo, presionando a gobiernos para que suspendan la colaboración con Cuba, lo que ha descapitalizado los ingresos a un país bloqueado desde décadas. Los gobiernos de Guatemala, Bahamas y otros han tenido que suspender su relación con el Minsap por las presiones de EE. UU. La crisis en el financiamiento de la Salud Pública en Cuba es una realidad causada por presiones geopolíticas.
El cerco de combustible a Cuba ocasionó en febrero que aerolíneas internacionales suspendieran sus operaciones en la isla, afectando directamente a su principal ingreso: el turismo internacional. El 1 de mayo de este año, el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, en la que otorgó facultades a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y al Departamento del Tesoro a sancionar en su Sección 2 a las personas o empresas “que opera o ha operado en los sectores de energía, defensa y materiales conexos, metales y minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, o en cualquier otro sector de la economía cubana”. Como consecuencia de lo anterior, la principal empresa extranjera en Cuba, la minera canadiense Sherritt International anunció el 15 de mayo su salida total de la isla y disolver sus empresas mixtas con el estado cubano General Nickel Company. Posteriormente la minera expresó que no disolvería sus activos pero que paralizaría sus operaciones hasta que se levantaran las sanciones. La misma medida fue tomada por las empresas navieras Hapag-Lloyd y CMA CGM, las cuales anunciaron la suspensión de su relación con Cuba debido a las sanciones a que serían sometida según la Orden Ejecutiva 14404.
La fecha para que comience a operar las sanciones es el día 6 de junio, por lo que, desde la semana pasada han comenzado a abandonar de Cuba las principales cadenas hoteleras, que llevaban décadas operando en la isla. La cadena hotelera canadiense Blue Diamond, que gestiona una quincena de hoteles anunció hace dos días su salida de Cuba. De la misma forma, dos cadenas hoteleras históricas en la relación con Cuba, Iberostar con 18 y hoteles y, Meliá con 35, anunciaron su repliegue. Es decir, casi 70 hoteles cierran sus puertas, lo que constituye un golpe mortal a la economía de un país como Cuba. A lo anterior debe agregarse servicios financieros que operan en Cuba con limitaciones, como MasterCard o Visa anunciaron que dejarían de operar con Bancos cubanos el día 6. Lo que significa que millones de cubanos que reciben remesas del exterior mediante transacciones y que utilizan estas tarjetas para comprar en tiendas privadas, quedarán sin una vía fundamental de ingreso.
¿Qué Estado y pueblo en el mundo puede resistir y sostenerse bajo un régimen de sanciones ilegales e inhumanas como el que ha tomado EE. UU. tan solo en los últimos 6 meses? Cuesta imaginar si pensamos desde 1960 cuando el presidente Kennedy firmó el bloqueo a Cuba.
Como consecuencia de la guerra económica de EEUU contra Cuba, la moneda nacional se ha devaluado en el mercado informal, el desabastecimiento es una constante y las políticas de asistencia del Estado se han visto menguadas. La crisis generada por la administración Trump y Rubio comienza a ver sus momentos más dramáticos: los apagones han aumentado hasta más de 40 horas, y unos 2,7 millones de cubanos sufren falta de agua. La situación del pueblo cubano es crítica, su cotidianeidad insoportable, y a esto debe sumarse una campaña mediática al servicio de los EE. UU. que anuncia “una operación o intervención militar en Cuba”.
Si la ONU, los BRICS o los países que están en deuda con Cuba, por sus décadas de internacionalismo y solidaridad, no actúan, la vergüenza recaerá sobre ellos como en Gaza. La solidaridad de los pueblos, los movimientos sociales, las personas dignas del mundo que no son indiferentes frente a este “genocidio sin bombas” ha sido efectiva, pero no suficiente. El pueblo cubano a pesar de sus enormes carencias y dificultades sigue dando una lección del costo que se debe pagar por tener soberanía, patria y socialismo.