
Hace pocos días la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) aprobó oficialmente la solicitud de Reflect Orbital para lanzar su satélite Earendil-1. Este suceso podría significar un profundo impacto medioambiental, social e incluso sobre la soberanía alimentaria.
Por Valentina Luza Carrión
La comisión Federal de Comunicaciones (FCC) quien es la agencia independiente del gobierno de los Estados Unidos que regula todas las comunicaciones por radio, televisión, cable, satélite, internet, Wi-Fi y cable en todo el país, autorizó el primer satélite llamado Earendil-1 para ser lanzado a fines de este año.
Hoy la pregunta que se hacen desde las organizaciones que protegen los cielos, como DarkSky y EarthJustice es: ¿Qué impacto tendría y por qué es tan importante que se visualice como problemática mundial? El satélite autorizado desplegará un espejo de película delgada de 5,5 x 5,5 metros diseñado para reflejar un haz de luz solar de 4,8 kilómetros de ancho hacia la Tierra durante la noche.
Este sería el primer satélite de una misión que contempla el proyecto de una flota de 50 000 satélites con las mismas características, en ese sentido, la startup Reflect Orbital planea lanzar su satélite experimental Earendil-1 equipado con un espejo desplegable de 18x18 metros, diseñado para reflejar la luz solar a demanda.
En palabras de la empresa podría ampliar el aprovechamiento de la energía solar al permitir que las granjas fotovoltaicas sigan generando electricidad durante la noche. También contempla aplicaciones en situaciones de emergencia e incluso aplicaciones urbanas, como el alumbrado público.
El número de satélites en el espacio ha crecido exponencialmente en los últimos años. En 2015, había alrededor de 1.400 satélites activos; a partir de 2026, hay 15.000 satélites, y se prevé que ese número crezca a 58.000 adicionales para 2030. La propuesta de SpaceX por sí sola busca permiso para lanzar hasta un millón de centros de datos basados en el espacio.
En palabras de la astrónoma Bernardita Reid“esto podría ser usado como armas de guerra, secar plantaciones y aumentar temperatura en zonas vulnerables, lo que a la larga, podría comprometer acceso a comida de las poblaciones”
Poner un número sin precedentes de satélites en el espacio corre el riesgo de cambiar nuestra atmósfera, interrumpir nuestras actividades diarias que dependen de los satélites que actualmente operan, perturbar la vida silvestre y alterar fundamentalmente nuestro cielo nocturno.
Asimismo Ruskin Hartley, director ejecutivo de DarkSky Internacional plantea que: “Estos proyectos podrían alterar permanentemente el cielo nocturno tal como lo conocemos”, agregando que: “La FCC debe tomar en serio su obligación de garantizar que estos proyectos no causen daños innecesarios a los cielos naturalmente oscuros, o a nuestro entorno general”.
Desde esa perspectiva, el director ejecutivo de empleados públicos de Responsabilidad ambiental, de la misma colación, expresó en la carta conjunta que: “Permitir un millón de centros de datos en órbita sin revisión ambiental no solo es irresponsable, es imprudente, sumado que el potencial de estos proyectos para degradar la atmósfera con contaminación y escombros y dañar la vida silvestre debe considerarse cuidadosamente antes de otorgar licencias a estos proyectos”.

La respuesta desde las coaliciones que protegen los cielos
Desde DarkSky, organización dedicada a la protección de los cielos, enfatizan en lo peligroso y grave de esta decisión. En sus palabras: “Esta decisión pone de manifiesto una peligrosa laguna en la regulación de la tecnología espacial. Considerar la contaminación lumínica orbital como un asunto "ajeno" a la concesión de licencias espaciales es una evasión burocrática que pone en riesgo nuestro patrimonio común global”.
Desde el FCC, se han ignorado los esfuerzos colectivos por frenar esta iniciativa: uno de ellos fue la junta de 12.200 firmas de personas de más de 100 países que firmaron una carta abierta. Este proyecto está vigente desde 2016, y desde allí han sido los esfuerzos para frenar su ejecución. En dicha carta se contemplan 1.800 comentarios públicos formales de astrónomos, instituciones científicas y particulares preocupados, los que fueron finalmente ignorados por dicha decisión.
Lo que FCC ignoró: no poder entrar en materias medioambientales
Al respecto, la Federación declaró que carece de autoridad para evaluar los impactos de un reflector solar porque su mandato regulatorio se limita estrictamente a autorizar el uso del espectro de radiofrecuencia.
Junto a ello, que se considera que es "improbable que se produzcan daños medioambientales" porque la misión involucra un solo satélite, a pesar de la preocupación de que marque el primer paso hacia la constelación propuesta por Reflect Orbital de hasta 50.000 satélites para 2035 y que es imposible realizar una evaluación ambiental formal bajo la NEPA (Ley Nacional de Política Ambiental) para este satélite excede completamente su autoridad.
Frente a lo anterior, crece la preocupación por el cuidado de los cielos nocturnos, declarando que: “La cuestión aquí no es la innovación, sino la responsabilidad. Las nuevas tecnologías deben avanzar con una evaluación ambiental rigurosa, transparencia pública y una supervisión efectiva para garantizar que la noche siga protegida para las generaciones futuras”.