Tele| Ciudadano Kane y una élite en decadencia

Estrenada hace 79 años, Ciudadano Kane es una película estadounidense dirigida, producida y protagonizada por Orson Welles. Considerada por muchos como el mejor largometraje en la historia del séptimo arte, la primera obra (publicada) de Welles no solo remeció la industria hollywoodense, también puso en jaque a uno de los magnates de la época que vio frente a sus narices como el arte retraba el decaimiento de la dimensión humanitaria, espiritual y ética de la elite.

Elías Miranda / resumen.cl

Si no la han visto, posiblemente han oído hablar de ella. En la web pueden encontrar una infinidad de curiosidades y los impedimentos que se cruzaron antes de su estreno, allá por 1941. Adelantada a su época, técnica como argumentalmente, Ciudadano Kane desmanteló el establishment de la industria hollywoodense, poniendo de cabeza al status quo y a la tradición cinematográfica que imperaba por aquellos años en Estados Unidos. La historia es conocida, un joven Orson Welles de tan solo 25 años rodó esta película, asumiendo el rol protagónico y la dirección del largometraje. En resumidas cuentas, la historia se desarrolla por la investigación de un periodista que busca edificar mediante entrevistas, la vida del fallecido Charles Foster Kane y el levantamiento de su imperio económico que lo lleva a incursionar en diferentes industrias, principalmente en la comunicacional, trayendo consigo intereses en política y en la propagación de su influencia por las clases populares. Basada en el magnate de la prensa de aquel tiempo, William Randolph Hearst, quien utilizó todos los métodos para impedir su estreno.

¿Qué se puede decir que ya no se haya mencionado en otros análisis? Es magistral, única y crítica. Sin embargo, es relevante esclarecer que en su retrato explícito, evidentemente se exhibe un subtexto que desgrana lo más puro de su crítica, lo que en la cabeza de Randolph Hearst retumbaba como golpes a la campana de una iglesia: la decadencia dimensional de la élite.

Ciudadano Kane

(Orson Welles dirigiendo Ciudadano Kane. Imagen extraída de Cadenaser.com)

En un comienzo, Charles Foster Kane nos da un pequeño indicio que el propio final se encargaría de confirmar y es que hay algo en el poder que arrebata: la espiritualidad de la infancia, esa niñez que no es más que el pozo del que beberemos durante el resto de nuestra vida. ¿De qué manera los grupos privilegiados comprenden la infancia? O mejor dicho, ¿cuándo se entera la élite que la infancia de los desfavorecidos está muchas veces distanciada del mérito o de la herencia de un yacimiento de oro? Pese a que Kane insinúa una intención de acortar la brecha, una vez ya inmiscuido en la expansión de su imperio económico, es inevitable que su mundo termine por reducirse a una minúscula burbuja que durante el transcurso de la película no es más que una bomba de tiempo.

Cuando la élite se encierra en sus privilegios, la irrealidad sosiega a la empatía, condicionando la función pública a un espectáculo narcisista de la que Kane se vanagloria en sus alocuciones, exhibiendo una mixtura entre el populismo del periodo de entreguerras y el populismo del siglo XXI, que no es más que desmarcarse de posibles contrincantes, aludiendo el infierno sobre la tierra, donde la solución recae en elegir a un mesías que los salve del tormento.

Pero quizás una de las críticas esenciales que es perfectamente correlativa a nuestra realidad país, es la dimensión ética de la élite empresarial. A medida que crece la expansión de Kane, va acaparando diferentes periódicos en distintas estados de Estados Unidos, socavando la pluralidad de información, totalmente atendible al caso de El Mercurio en los diferentes diarios que se distribuyen a lo largo de Chile y que en definitiva es uno de los defectos que padece nuestra democracia: la concentración de los medios de comunicación.

La desolación de tenerlo todo, lo insoportable de no poder ser feliz con el reino bajo tus pies y lo tentativo que es deformar la realidad al alero de la prensa; son reflexiones que Ciudadano Kane estipula en cada plano, en cada silencio, en cada diálogo; pero que en definitiva es la radiografía de un niño pobre que de un momento a otro pasó a ser un ciudadano corrompido por el poder.

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