
Los imperios siempre han contado con traidores, que los ayudan a someter a sus propios pueblos, sin embargo, estos traidores han sido siempre desechados y olvidados tanto por sus propios amos como por la historia.
Agustín Gonzáles
Según las cronistas de Apiano, el procónsul Quinto Servilio Cepión, responsable de las tropas romanas que combatían la rebelión de los lusitanos liderados por Viriato, en el occidente de Hispania, se negó a gratificar a los tres traidores que asesinaron al líder rebelde que contuvo por 8 años a las fuerzas del imperio romano. Quinto Servilio Cepión habría dicho esta frase en latín: “Roma traditoribus non praemiat”, que se popularizara en distintas lenguas latinas como expresión que advierte sobre la falta de recompensa para quienes actúan con traición y se ha convertido en un adagio que trasciende épocas y fronteras, aplicándose tanto a la política como a las relaciones personales. “Roma no paga a traidores” es la forma como se ha reproducido por siglos este refrán en lengua castellana.
Viriato fue asesinado a traición, en la actual provincia de Zamora en España, en el año 139 A/C, sin embargo, su figura de líder rebelde que enfrentó al imperio romano es recordada hasta nuestros días. No es coincidencia que el líder del MIR y de la resistencia a la dictadura, Miguel Enríquez, escogiera el nombre de Viriato como su primer seudónimo de combate o “chapa”. Hoy en plataformas de streaming puedes encontrar al menos un par de series y alguna película que recuerda esta legendaria lucha, pero de los cobardes y principalmente de los traidores no hay registro en la historia.
El imperio español igual conto con traidores, para matar a Lautaro cuando avanzaba hacia Santiago, en el rio Mataquito en 1557.
El traidor, ser despreciable que colabora con los imperios, con el poder para someter a sus propios pueblos, ni siquiera queda registrado en la historia, su efímera fama y su poder se desvanece rápidamente. La agresión del imperialismo yanqui en Latinoamérica es de larga data, desde los orígenes de la doctrina Monroe en el siglo XIX, su actual capítulo es la agresión contra Venezuela, que ya lleva más de 20 años con intentos de desestabilización, bloqueos y golpes de Estado.
¿Quién se acuerda hoy de los sucesivos presidentes designados por el imperio?, ¿Quién se acuerda de Pedro Carmona?, el efímero presidente de facto de Venezuela tras el golpe de Estado contra el comandante Hugo Chávez Frías, ¿Quién se acuerda del pelele de Juan Guado? ¿Quién se acuerda de Edmundo González supuesto presidente reconocido por las potencias colonialistas (Estados Unidos y Unión Europea)? Hoy, toda la propaganda del imperio se centraba en posicionar a María Corina Machado, hasta el premio nobel de la paz le dieron, para desprestigio histórico del nombramiento.
Pues Trump, tras su ataque a Venezuela y secuestro de Nicolás Maduro, lo primero que dejó claro al mundo entero, es que Machado no le servía de nada y que no la necesitaban para nada, su papel de traidora, para generar desestabilización interna en Venezuela ya lo había cumplido, y ahora era tan desechable como cualquier traidor.
Pero Venezuela es una nación dentro de una Patria Grande, que es América Latina, que nació unida desde las guerras de independencia que se saldaron con el triunfo de los patriotas latinoamericanos en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, y concluirán con la toma del Callao (1826) y Chiloé (1826).
Chilenos y argentinos combatieron en las luchas de la independencia de las naciones del Caribe que no alcanzaron la independencia en esta primera etapa, principalmente en Cuba y Puerto Rico. El apoyo de personajes como el chileno Vicuña Mackena a la independencia de Cuba, son reconocidos hasta hoy en la mayor de las Antillas. Los gobiernos de Latinoamérica fueron en auxilio del Perú cuando España quiso reconquistar el antiguo Virreinato, Chile debió vivir el bombardeo de Valparaíso por declarar la Guerra España (1865-1866) por apoyar a Perú contra la agresión imperialista de España.
En 1885 el gobierno de Domingo Santa María, con José Manuel Balmaceda como ministro del interior, envió al mejor navío de la armada chilena, el poderoso crucero “Esmeralda” hasta Panamá, para evitar que la flota norteamericana se apropiara de la provincia colombiana de Panamá. Los barcos norteamericanos debieron abortar su misión en lo que se conoció como la crisis de Panamá de marzo-abril de 1885.
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Con los años los yanquis lograron con mano mora, lograr que Panamá se independizara de Colombia, pero eso ya es otra historia y hoy tras los ataques a Venezuela. El presidente colombiano Gustavo Petro ha vuelto a levantar la necesidad de que resurja la Gran Colombia que abarcaba los actuales territorios de Venezuela, Colombia y Panamá.
Otro chileno, Joaquín Murrieta, es una leyenda de la lucha contra los gringos en la invasión de California y la ocupación del imperialismo yanqui de los estados del norte del antiguo México, es decir; California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y Texas, además de partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
Gabriela Mistral, nuestra celebrada premio nobel, elogió la gesta de otro patriota latinoamericano, Agusto Cesar Sandino, alzado contra el imperialismo yanqui en Nicaragua (1925-1934).
Solo basuras humanas enlodan el patriotismo y latinoamericanismo de los chilenos, como el caso de la dictadura de Pinochet, que prestó apoyo al imperialismo británico en la guerra de las Malvinas (1982). Esta misma escoria involucró al ejército de Chile en el tráfico de armas durante el conflicto entre los países hermanos Perú y Ecuador (1995).
Hoy Milei y Kast, se suman al listado de traidores, apoyando narrativas que ni su propio amo es capaz de sostener. Tanto Trump como Marco Rubio han señalado descaradamente cuáles son sus intenciones verdaderas en Venezuela, lisa y llanamente apropiarse de recursos naturales, dominar ellos el país, en una lógica colonialista e imperialista brutal.
Hoy la derecha latinoamericana completa y también la española, han visto como Trump destroza el discurso que han sostenido estos últimos años respecto a Venezuela, cuando señala que María Corina Machado no tiene legitimidad.